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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Miércoles 03 de Enero de 2007 - Edición 9479
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Tomado de ¡Los de Diriamba!, el nuevo libro de Mario Urtecho

¡Así rocketeamos a la EEBI!

¡Así rocketeamos a la EEBI! - Foto
Un guardia de la EEBI cuando rellenaba su magazin durante un enfrentamiento en plena calle. ARCHIVO/END

Segunda entrega

La guardia que entró al Hotel Intercontinental iba al mando del general Iván Alegrett. Él subió al 7º piso con parte de la EEBI y se asomó por una de las ventanas. La guardia que estaba afuera, tendida en la explanada, como no podía precisar quién se había asomado, pensaron que se trataba de alguno de la gente que había hecho los disparos y abrió fuego contra la habitación, escapando Alegrett milagrosamente de la lluvia de plomo disparada. Como el frente del Hotel es completamente de vidrio, todo el mundo se tiró al suelo. Nosotros también. Nos arrastramos y nos metimos a los baños, que resultó ser el baño de las mujeres, donde se armó un tremendo relajo porque las mujeres pegaban gritos por la balacera y por los hombres que nos habíamos metido allí huyendo de la balacera. Cuando cesaron los disparos nos salimos de allí.

Afuera miré que venían bajando a un chele, recio y alto. Lo traían como 15 ó 20 guardias, sin dejarlo tocar el suelo. A pesar de su gran resistencia, lo traían a culatazo limpio. Era un periodista alemán [llamado Perry Kretz], corresponsal de la revista alemana Stern, que el día antes había entrevistado a Somoza y al siguiente lo haría con Anastasio Somoza Portocarrero --El Chigüín-- y el mercenario Echanis. Al momento de los rocketazos estaba tomando una siesta, pero como buen periodista, al escuchar la conmoción agarró su cámara y empezó a correr escaleras abajo, con la mala fortuna de toparse con la EEBI, que corría escaleras arriba. Al verlo pasar frente a mí se me heló la sangre. Si eso le va pasando a éste que no tiene nada que ver en el asunto -–pensé--, qué me pasará a mí. Minutos después pasaron varios elementos de la Seguridad, con las valijas en las que “El Negro” y la Susi metieron los cohetes, más las que llevamos Fernando Ramón y yo. Mis huellas digitales iban en ellas, pero no era un motivo mayor para preocuparme, pues pese a que Somoza gastaba tanto dinero en pertrechos militares, asuntos de policía e investigaciones, la Policía de Managua no contaba con un laboratorio para huellas dactilares, y cuando se trataba de investigaciones de ese tipo enviaban las muestras para que las procesaran en Panamá.

Alegrett, megáfono en mano, ordenó a todos los que estábamos en el primer piso que nos plegáramos a la pared, dentro del Hotel, la que limita el comedor, el carrusel. Él se ubicó en la entrada. Frente a todos estaban los guardias con sus fusiles y metralletas en ristre. Uno por uno empezamos a desfilar para entrar al carrusel. A medio camino, a 10 metros de la puerta, “El Negro”, que iba delante de mí en la fila, se volteó y me dijo: “Ese hijueputa que está en la puerta me conoce”. Y lo conocía. Años antes, en el Club Terraza, “El Negro” se agarró a los golpes con Alegrett y lo vergueó. Entonces cometí un acto temerario. Me salí de la fila y me ubiqué delante de “El Negro”, creyendo protegerlo de Alegrett, pero cuando iba llegando a la puerta supe que mi movida no servía de nada porque al llegar a la puerta y entrar, dejaría a “El Negro” frente a Alegrett. Entonces llegué a la puerta pero no entré, sino que me detuve, di media vuelta y me paré enfrente de Alegrett bloqueándole la vista, dejando que “El Negro” entrara primero. Estaba tan nerviosa la guardia y Alegrett tan excitado, que ninguno de esos dos movimientos fueron detectados, pues de haberlo sido no podría estar dándote esta entrevista.

Todos encerrados

En el carrusel nos encerraron como a 400 personas. Los aires acondicionados estaban a toda marcha, pero adentro el calor era terrible por la cantidad de gente. Allí estuvimos hasta aproximadamente las ocho y media de la noche, cuando volvió a entrar la guardia al comedor con unos elementos de la Seguridad y dijeron: “Todos los señores que se encuentran aquí van a empezar a salir de diez en diez; queremos diez personas que se formen en fila para salir”. Se formaron diez, salieron e inmediatamente me imaginé que afuera estarían diez interrogadores de la Seguridad. Decidí que yo tenía que salir en el segundo grupo de diez porque la tensión era demasiado para mí. No soportaba más. Yo quería una definición y decidí que fuera lo antes posible.

Cuando entramos al carrusel “El Negro” y yo nos separamos. Él se fue a un extremo y yo me fui al otro, porque no quería estar junto a él, pues siempre albergaba la esperanza de que a lo mejor, de alguna manera, podía salir de allí inventando alguna mentira. Además, no quería estar a su lado porque él estaba totalmente “quemado” y así mis posibilidades de escape quedaban totalmente canceladas. Pero sí me le acerqué para informarle de mi intención de salir en el segundo grupo de diez. Le pedí un cigarrillo y él dijo: “Sí, está bien eso que decís... a lo mejor vos te podés escapar si inventás algo”. Le contesté: “Voy a decir que andaba buscando trabajo”. Y eso fue lo que dije. Tenía coartadas por el hecho de que tengo un defecto --que allí fue como una virtud--, y es que siempre que yo leo un periódico, cualquier periódico, aunque no tenga la intención de buscar trabajo, siempre leo la lista de empleos. Como soy contador, había visto en los avisos clasificados de La Prensa que en el supermercado El Redentor buscaban un contador. Y esa fue mi historia. Cuando salí en el segundo grupo de diez, en el corredor, enfrente de mí había diez mesas con diez individuos de civil, de la Seguridad, sentados frente a cada mesa, y una silla vacía frente a ellos.

Lo que dijeron los medios

En la edición del viernes, 21 de julio de 1978, No. 15,078 del año LII, el diario La Prensa destacó el atentado a ocho columnas. La crónica decía:

Una pareja con armas sofisticadas
Cohetes, disparos y gran cerco

“Casi al caer la tarde, la Guardia Nacional tendió ayer un enorme cerco militar en torno al Hotel Intercontinental Managua, inmediatamente después de que ocurrieran hechos bélicos en el centro de hospedaje. Según versiones preliminares, lo que fue confirmado más tarde por un comunicado oficial, personas no identificadas, haciéndolos accionar casi de manera automática, por el procedimiento rudimentario de una trampa para ratones, dispararon dos cohetes rockets desde el 7º piso del hotel, que fueron a impactar uno sobre el auditorio de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería que dirige el mayor Somoza Portocarrero, y otro sobre el patio de estacionamiento de las instalaciones militares de la explanada, que no explotó. Ni el comunicado oficial ni testigos que presenciaron de largo el estallido del cohete en el auditorio de la EEBI revelaron si como consecuencia hubo allí heridos ni la magnitud de los destrozos.

Una recepcionista del Hotel Intercontinental, a quien entrevistamos posteriormente por la vía telefónica, informó que los disparos hacia las instalaciones militares salieron del 7º piso del hotel, oyéndose como el estallido de dos poderosas bombas y que instantes después los miembros del ejército respondieron al fuego con intenso tiroteo, con armas de todo calibre que dañaron las paredes y ventanas del centro de hospedaje. Los habitantes del sector señalaron que el intenso tiroteo se prolongó por unos ocho o diez minutos, provocando el pánico entre los huéspedes del Intercontinental y en todas las residencias aledañas.

Al parecer, los autores de los disparos fueron una pareja de jóvenes que se hospedó en el Intercontinental, los que llegaron con una gran cantidad de bultos y valijas, donde se presume cargaban las piezas del sofisticado aparato accionador de los cohetes que luego armaron en su cuarto. A eso de las cinco y cuarto de la tarde ya se había establecido el gran cerco militar, que se extendía desde La Explanada hasta Novedades, sobre la Avenida Central, y desde el Hotel hasta la Calle Colón, sobre la Avenida Bolívar. El cerco de soldados y vehículos militares se extendía igualmente desde la Avenida Bolívar hasta El Redentor, sobre la calle que pasa frente a La Explanada y de la antigua Casa Automotriz hasta tres o cuatro cuadras arriba de la Jefatura de Radio. Al principio todos los vehículos eran desviados del semáforo de El Redentor hacia el lago, pero luego el cerco se extendió una cuadra arriba del Redentor.

A la hora que nuestros reporteros llegaron a las cercanías del Intercontinental todavía se escuchaban disparos esporádicos en el sector, pero de menor calibre, y los vecinos señalaron que a esa hora el cerco bajó hasta el Teatro Cabrera, donde también se produjo un fuerte tiroteo, pues al parecer la guardia perseguía a alguien. Se vio que algunas personas fueron capturadas, según versiones de los vecinos del Cabrera, que aseguraron que muchos de ellos se lanzaron debajo de las camas con sus hijos buscando cómo salvarse del fuego. Sin embargo, como a las seis y cuarto, los soldados abandonaron el sitio junto con sus vehículos y sólo quedó el gran cerco en torno al Intercontinental.

La noticia de los tiroteos se extendió rápidamente por todo el centro de Managua y muchos curiosos se agolpaban en grupos en lugares aledaños tratando de indagar lo que ocurría, mientras algunos más osados llegaban una cuadra al sur del Intercontinental. Allí nuestros representantes fueron desalojados, junto con una veintena de curiosos a eso de las cinco y media de la tarde, en tanto, las residencias cercanas tenían sus puertas cerradas. Una tanqueta fue colocada sobre la Avenida Bolívar, frente al restaurante La Cabaña del Intercontinental, en tanto otro equipo blindado del ejército permanecía en el fondo de la plaza, frente al Hotel.

Los grupos de soldados eran numerosos y se movían constantemente con armas en ristre. A eso de las seis y veinte minutos, que llamamos a la recepcionista del Hotel, ella nos dijo que ya todo había vuelto a la normalidad allí y que lo que ocurría era que el ejército no permitía ni la entrada ni salida de nadie. Se presume que toda la gente que estaba en ese momento en el Hotel fue investigada posteriormente. Otros informes señalan que como a las seis y treinta y cinco p.m. se produjo otro tiroteo en las cercanías del Hospital Bautista, y que una joven fue capturada por un Becat en los alrededores de Linda Vista a eso de las siete y quince p.m. (Hemeroteca Instituto de Historia de Nicaragua y Centro América. Ihnca-UCA)


(Hemeroteca Instituto de Historia de Nicaragua y Centro América. Ihnca-UCA)



Comunicado de la Oficina de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional de Nicaragua

La Oficina de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional de Nicaragua informa a la ciudadanía que a las 4 y 50 minutos de la tarde de hoy, fueron lanzados a las instalaciones militares de la Explanada de la Loma de Tiscapa, dos disparos de cohetes de 3.5 pulgadas, 81 milímetros, uno de los cuales hizo impacto en el Salón de Actos de estas instalaciones y el otro en un jeep Land Rover, que se encontraba en los terrenos de estacionamiento frente al Hotel Intercontinental, no haciendo explosión.

En investigaciones posteriores se comprobó que los cohetes fueron disparados desde la habitación No. 716 del Hotel Intercontinental, por medio de un dispositivo de lanzamiento rudimentario, causando pocos daños materiales en las instalaciones. Más tarde los equipos de demolición de la Guardia Nacional hicieron explotar el otro artefacto sin ninguna consecuencia.

Estos hechos constituyen un acto terrorista desesperado de propaganda con el objeto de impactar a toda la ciudadanía que repudió el fallido intento de paro nacional.


Aquiles Aranda Escobar.

Coronel GN. (CL)

Jefe de la Oficina de Leyes y Relaciones Públicas G.N.






Comentarios de nuestros lectores

Rodrigo Alvarez Guerra
YO ACUSO en nombre de mi hermano CARLOS ROBERTO ALVAREZ GUERRA a quienes causaron su muerte con ese acto de violencia, segados por el afan de alcanzar fama y el odio en sus pobres almas. Carlos Roberto tendría una carrera brillante y una familia y seria feliz, pero por ellos lo mataron los otros asesinos somocistas, que no lo olviden, el tendria hoy 48 años.


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