Guerrillero de nuestra América y Prisionera de mi tío: Dos lecturas, dos descubrimientos
Francisco Gutiérrez Barreto El libro escrito por Jorge Eduardo Arellano sobre Augusto C. Sandino y recientemente presentado es un dossier de óptima importancia para entender y conocer mejor al mayor autor de nuestra historia moderna. Aunque el creador aclara, al inicio, ser imparcial en su oferta, no resulta nada fácil conseguirlo. Es entendible, ante la avalancha de acontecimientos documentados que terminan por seducir inclusive al más influenciado por la vieja o actual concepción del Centurión de las Segovias. No hay otra manera y por ello entiendo al escritor.
El formato de la obra es un tanto cronológico, incluyendo primerizos hallazgos como la partida de nacimiento del héroe y una respetuosa carta de amor filial a su madrastra, doña América Tiffer, que deja sin valor al viejo cuento de agruras entre ellos. Leer con propiedad avalada sobre su niñez, educación, juventud, relación familiar y dejada de Niquinohomo por un incidente menor de sangre ayuda a descubrir su posterior personalidad de hombre íntegro y de valores que terminaron por formular un pensamiento propio de validez actual.
He leído, con avidez y abundancia sobre su vida, de autores que van desde el inventivo oportunista hasta el enemigo acérrimo, obteniendo siempre interrogantes que distorsionan al guerrero, pero el análisis del texto, provisto de meticulosidad tenaz, me ha dejado con la placidez de un descubrimiento sin par. Sandino dejó de ser mitológico para convertirse en el hombre real de carne y hueso que alcanzó el peldaño de héroe por nacionalista auténtico, defensor de sus ideales y sentido patriótico. Méritos merecen la Sociedad Bolivariana de Nicaragua y María Isabel Tiffer por apadrinar esta necesaria obra.
De nuevo aparece el general Sandino, aunque no se trate de manera directa, en la novelada biografía de los primeros años de Lourdes Pallais Checa, sobrina nieta del autor intelectual del asesinato: Tacho Somoza García y de sus hijos, los Somoza Debayle. La novela, recién bautizada, nos entrega una visión íntima de la familia gobernante en el siglo pasado. Lourdes trata de fabular su temprana vida, pero sólo se revela de verdades ante el misterioso espejo que sobresale en su obra. Sí, así es, en ella desnuda desde las tristes flaquezas humanas entre miembros de la familia dueña de Nicaragua hasta la infantil e ingenua glorificación del Tío Dios o bien tío Tachito Somoza Debayle.
La obra posee un andar rápido que no da descanso al lector, menos tiempo de distracción por la habilidad de intercalar transcripciones fieles de documentos que sustentan la narrativa y dejan perplejo. Para aquellos que no hemos conocido el poder y menos el absoluto, nos entrega la sensación de lo imposible, pero fundamentado de real. Hay gotas de amor, de incomprensión, de conceptos de lealtad y otras fortalezas o debilidades que terminan por definir el futuro pensar y actuar de sus familiares cercanos, incluyéndose a ella misma, más la muerte de un hermano que aún es oscura.
Son muchos los personajes históricos que en ella protagonizan. Están las hermanas Debayle: Yoya de Somoza, la madre de Hope Portocarrero Debayle, y Margarita, la célebre musa de Rubén Darío y abuela de la autora. Surgen por igual doña Hope y los dos reconocidos amores de Tachito, que pícaramente la narradora junta en uno solo, despistando al conocedor. Por supuesto, sus padres Noel Pallais Debayle y Lala Checa, bajo seudónimos, son actores estrellas de la historia y también sujetos al poder de los grandes tíos, que con algunas rebeldías de su madre, charlas con su hermano antes de su muerte, más otros detalles de gente ajena al círculo familiar, dan sentido al desarrollo de la niña que termina por limpiar su sangre de estirpe sangrienta.
Guerrillero de nuestra América, de Jorge Eduardo, y Prisionera de mi tío, por Lourdes, son dos volúmenes que deben de leerse. El primero data historia respaldada y el segundo, aunque disfrazada, tiene su tanto.
Comentarios de nuestros lectores Pielroja
Este artÃculo despierta curiosidad por leer los dos libros en cuestión. Felicitaciones a Francisco.
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