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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 11 de Enero de 2007 - Edición 9487
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El desafío a la esperanza del nuevo gobierno


Se abre una nueva época presidencial, y con ella nuevas preguntas sobre el futuro del país que comprende no sólo las condiciones socioeconómicas de gran parte de la población, sino también las expectativas que ha engendrado en la mayoría pobre, y no sólo de la nación. Estas expectativas van más allá de un mejor bienestar de las condiciones de vida, son más profundas y abarcan dimensiones emocionales y psicológicas que son profundas y que buscan un nuevo significado. El ser humano constantemente busca una razón de ser que le dé sentido a su propia existencia. A veces éste se pierde a causa de la desilusión, el fracaso, la falta de estímulos y de apoyo.

Los desafíos no son sólo económicos y sociales, éstos son evidentes y los parámetros de evaluación ya existen, aunque no de manera completa: índices de crecimiento o disminución de la pobreza, de la educación, de las condiciones de salud, del trabajo y vivienda. Lo que aún no existe es la evaluación de la salud psicológica y espiritual. No se mide sólo en el porcentaje de suicidios, homicidios, delincuencia, consumo de drogas y de alcohol, de ansiolíticos y antidepresivos. Es algo más complejo, porque es más sutil y profundo, y escapa a las evaluaciones científicas. ¿Cómo se comprende si en un pueblo aumenta su alegría, su fe, sus ganas de vivir y de luchar? No es porque aumenten las fiestas y parrandas, ni porque las iglesias aumenten su feligresía --en ambas pueden significar una evasión a enfrentar los problemas reales--, ni porque las plazas reboten de gente --momentos a veces efímeros de una emoción pasajera--. La evaluación no es posible porque la esperanza no tiene estos parámetros. Sus medidas son otras, están en otra dimensión y para comprenderlas, se necesita entrar en un proceso de escucha y de participación, caminando al lado de sus protagonistas. El sentido de la esperanza es fundamental para un pueblo porque emana una energía que lo hace capaz de realizar sacrificios, de enfrentar obstáculos, de superar las crisis, de aglutinar la gente aun en momentos difíciles, de alimentar el espíritu ahí donde no llega el alimento de la carne.

Creo que éste será en realidad el gran desafío del nuevo gobierno: ¿será capaz de hacer nacer una nueva esperanza?, ¿de hacer creer que aún es posible cambiar la ruta, que es posible gobernar pensando en el bien común, que es posible caminar al lado del pueblo? Los desafíos existen y son muchos; es importante la postura que se asuma frente a ellos, según la visión con que se contemplen. Se pueden ver como obstáculos para combatir y vencer en una óptica de vencedores y vencidos. Pero existe el riesgo que ésta sea una visión estática, donde una vez alcanzados los objetivos, se olviden los problemas que lo crearon porque ya se ganó la causa, sin tener presente que cada solución es causa de un nuevo problema, porque es ésta la dialéctica de la vida. Existe otra visión del desafío: el verlo como una oportunidad de reflexión, de duda, de cambio y de aceptación que las contradicciones existen, que hay que aprender a convivir con ellas para poder ir adelante, porque el mundo es dinámico, activo, en constante búsqueda de nuevos caminos de liberación y de construcción de una nueva humanidad que necesita de personas flexibles, competentes, honestas, capaces de creer que algo se puede aún hacer, que no todo está definido y que el camino aunque largo y difícil, espera nuestra contribución.




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