En San Juan de Nicaragua Acariciando la naturaleza y escudriñando la historia
Tatiana Rothschuh Andino
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| T. ROTHSCHUH / END .- San Juan de Nicaragua ha cambiado su rostro. Parte del caserío de un municipio que se recorre por andenes, allí no existen calles. |
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SAN CARLOS/RÍO SAN JUAN
Extranjeros y nacionales que buscan una opción diferente a la que ofrecen las grandes urbes, encuentran en San Juan de Nicaragua un rinconcito paradisíaco y extenuante, donde las plácidas aguas bañan el rostro como un rocío matinal, y a nuestros tímpanos sólo llega el cántico de los pájaros, el rugir de un tigrillo, el chillido de un mono congo, el silbido del viento que palmotea el bosque de la imponente reserva, o el murmullo del
Mar Caribe, que para orgullo de los sanjuaneños recrea amaneceres y atardeceres espectaculares, dignos de postales.
Y es que en San Juan de Nicaragua no existen automotores, por lo que ni el bullicio de las grandes ciudades, ni la contaminación, afectan esa vida cotidiana que cualquier turista o historiador puede...
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