5 de febrero de 2007 13:28 Miseria y desamparo tras inundaciones en Indonesia
Una gran parte de la capital de Indonesia sigue bajo las aguas por las peores inundaciones de su historia reciente, que ya han causado más de 20 muertos y dejado sin hogar a 340.000 personas. Agencias
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| Adek Berry / AFP. Una mujer y su hija tratan de rescatar algunas pertenencias después de que las lluvias inundaran su casa en Yakarta, Indonesia. |
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Embarazada de nueve meses, Sri, que perdió casi todo en las inundaciones de Yakarta, la capital de Indonesia, acampa ahora en un estacionamiento y lava su ropa en el agua turbia que cubre la calzada.
"No tuvimos tiempo de agarrar nada, salvo la vestimenta que teníamos puesta", explica esta joven de 26 años, uno de los 350 mil desplazados por las torrenciales lluvias que azotaron la ciudad, y que han dejado un saldo de al menos 29 muertos.
Sri no pierde de vista a su hijo Hasan, quien a sus cuatro años aún no comprende del todo la tragedia que se ha apoderado de su familia: nada y patalea en el agua, como cientos de niños contentos de no tener que ir a la escuela. Su madre enfrenta una avalancha de problemas, y no puede confiar en la ayuda de las autoridades, superadas por la amplitud de las crecidas provocadas por precipitaciones diluvianas.
"Mi certificado de casamiento y los otros documentos se perdieron cuando huiamos de la casa", relata. Era de noche cuando el agua invadió su hogar situado sobre la orilla de uno de los ríos de Yakarta. Junto a decenas de vecinos, esta indonesia casada con un albañil decidió instalarse en el estacionamiento de un mercado.
Una gran parte de la capital de Indonesia sigue hoy bajo las aguas por las peores inundaciones de su historia reciente, que ya han causado más de 20 muertos y dejado sin hogar a 340 mil personas, mientras se pronostican más lluvias.
Las mezquitas y edificios públicos transformados en refugios humanitarios desbordan de víctimas, y muchas personas se ven obligadas a dormir bajo las estrellas, a la merced de nuevas lluvias tras los diluvios de los últimos días.
La ministra indonesia de Salud, Siti Fadillah Supari, dijo a los medios de comunicación que los servicios médicos están preparados para atender las apariciones de brotes de diarrea severa, cólera, fiebres tifoideas y sarampión. Fuentes del Ministerio de Salud dijeron que se ha tratado a más de 50 mil personas desde que comenzaron las inundaciones, el viernes pasado.
Las 340 mil personas sin hogar pertenecen a Yakarta y a localidades próximas a la capital, como Tanggerang y Bekasi, también bajo el estado de alerta y colapsadas. Algunas zonas de Yakarta, una población de 12 millones de habitantes, llevan tres días sin luz y sin agua. Entre 50 y el 75 por ciento de la gran metrópoli permanece hoy bajo el agua.
"De noche hace frío", dice Sri, que espera que los socorristas le traigan mantas."Debemos recomenzar todo de cero", añade.
Las autoridades han desplegado una fuerza especial de 12.600 personas para auxiliar con alimentos y medicamentos a los afectados y desplazados. La distribución de ayuda se realiza en helicópteros y en balsas neumáticas por zonas en donde el nivel del agua llegó a superar los tres metros de altura.
Sin embargo, vendedores ambulantes aprovechan el flujo de siniestrados, muchos de los cuales no reciben víveres distribuidos por organizaciones caritativas musulmanas.
El precio del arroz, el elemento de base en Indonesia, y el de los huevos, subieron súbitamente a raíz de las dificultades de aprovisionamiento en la ciudad. Según la agencia de prensa oficial, Antara, el precio del arroz subió entre un 7% y un 14%, depende del barrio. Varios cruces de rutas se hallaban cortados a la circulación el lunes.
Sodikin ubicó su carro ambulante cerca de los desafortunados que se apilan en el estacionamiento, y su negocio marcha viento en popa. "Vendí 10 kilos de huevos, más del doble de lo que habitualmente vendo", cuenta. "En general gano 30.000 rupias (unos tres dólares) por día, ahora puedo llegar hasta 80.000 rupias (unos ocho dólares)", añade.
Abdul Rohman, de 40 años, se congratula también de haber salvado de las aguas su carro, donde transporta y vende sopa con albóndigas de carne. No tiene un sitio para descansar durante la noche, pero se niega a sumirse en la desesperanza. "Más vale trabajar que quedarse sentado sin hacer nada", afirma.
(Con testimonios recogidos por Nabiha Shahab, corresponsal de France Presse en Yakarta)
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