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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 12 de Marzo de 2007 - Edición 9546
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Esperar a Alejandra

El pasado dos de marzo fue presentado en la Alianza Francesa de la ciudad de León el poemario “Quien me espera no existe”, de la poeta Alejandra Sequeira


Esperar a Alejandra - Foto
La poeta Alejandra Sequeira.

Parafraseando a Alejandra Pizarnik en su aseveración de que “Los que llegan no me encuentran, los que espero no existen”, Alejandra Sequeira arranca su libro con su perspectiva de la soledad acomodando las palabras para titular su poemario Quien me espera no existe que obtuviera mención de honor en el concurso de poesía Mariana Sansón, convocado por la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide) y publicado por el Centro Nicaragüense de Escritores.

Quien me espera no existe es, a mi parecer después de leerlo, el poemario que más le canta a la soledad y al fatalismo. La autora así lo deja reflejado desde la portada con el nombre que le da, lo reafirma con la dedicatoria: “A todos los que amé y nunca estuvieron. A quienes esperé y jamás regresaron”, paso seguido nos empuja al abismo de sus descontentos, angustias y desencantos, y como remate le añade la inexistencia del nombre de la autora, es decir un libro con nombre propio pero huérfano en un aplastante cielo negro (color del libro).

La carne del libro tiene grosores y texturas distintas pero todas llevan el condimento del felizmente desgarrado poema que busca las promesas incumplidas, y en esa búsqueda marca la raya de lo no vivido y que esperaba vivir, o de lo vivido que no fue como esperaba. Es decir, el descontento es olático.

Alejandra divide su poemario en tres partes: “Confesionario”, “Ciudades” y “A veces la noche”. En “Confesionario” tiene la particularidad en su mayoría de dedicarlos a alguien y entre esos algunos seguramente está aquel que ella quisiera que la espere pero que no existe. Alejandra se va curando de sus infiernos que al fin de cuentas son ella misma. Ella la que se busca a sí misma en el poema “Algunas verdades sobre Alejandra”: No soy bella. Envejezco. Muero. La única verdad: mi rostro desvanecido en las esquinas solitarias de tu boca, yo desvanecida de mi misma en tu cuerpo ¿soy quién? Y ella misma se contesta: Nada. Nadie. Nunca.

El tema de la muerte ronda por todas las paredes de sus poemas buscando renacer en uno de ellos y lo logra en muchos, pero me llama mucho la atención en “Lo que debo decirle a un muerto en vida” (transcribo una parte): El tiempo es de alquiler en esta pieza/ y no entiende de prórrogas/ en un pasillo de ventanas cerradas no hay más. No busques/.

Luego viene la parte que corresponde a “Ciudades”. En ciudades logra encontrar en las calles, las ventanas, los parques, la gente, un recurso más para acentuar la soledad, ya que la ciudad, a lo largo de los poemas, es la que anuncia, es la que le muestra a Alejandra el mundo de enjambre en el que se mueve, pero que al fin de cuentas es un mundo hecho sólo para ser lanzado al abandono.

El poema “La tarde” es el núcleo de “Ciudades”. Siempre las tardes son la antesala de lo que se planea hacer en la noche, es muchas veces la alegría o la angustia de lo que depara la ausencia del sol, pero en la tarde de Sequeira (que lo transcribo completo, ya que son dos versos), ella nos confiesa su tarde: La tarde: Es una niña muerta que nació sin vida/ sus carnes sepia son mi aliento. Existe también un poema dedicado a Managua y la tragedia del terremoto con 1972 con la crudeza literaria refinada que ella sabe imprimirle.

Como parte final de su poemario está el dedicado a la noche, titulado: A veces la noche. Este grupo de poemas en pequeño es la válvula de escape hacia la muerto o más bien son poemas dedicados a ese estado de libertad. La noche aparece en todos los poemas asegurándonos que: La noche es un cadáver/ pudriéndose en mis manos/ dejó las noches de desvelo en sus manos/ y un cadáver floreció entre sus dedos/ las estrellas penden de la noche/ no del cielo…
Y así va nombrando la terrible noche envuelta en rígido luto fúnebre que Sequeira le ha colocado. En los poemas de A veces la noche redescubriremos rostros de ese momento que a muchos nos llena de interrogantes. Alejandra le pone rostro también a la muerte del amor, a la realidad dura de la desesperanza.

Creo que el poemario en su totalidad está bien logrado, hay figuras literarias sumamente frescas. Este poemario está amarrado a fatalismos, con influencias de muchos que también le cantaron. Es casi seguro que en el momento que Alejandra con su enorme talento se logre desprender de ellos su poesía será una propuesta mucho más personal y sólida, es más, puedo asegurar que con este poemario ya les rinde su merecido homenaje.

Quiero concluir diciendo que al poemario Quien me espera no existe bien podría encontrarle sus homólogos (aparte de todos los poetas fatalistas de la historia de la literatura) con algunos poemas de la poeta venezolana del siglo XIX, Enriqueta Arvelo Larriva. Por citar un ejemplo, el siguiente poema:
Suma de la voz aislada: En el aire ancho y aromado ha ido sola mi voz./ En vano busqué ansiosa./ Todas las voces se habían ido./ Ahuecaba mis manos y lanzaba mi voz./ Y salía a recogerla. Yo misma./ Que dolor desolado, agrupadas voces,/ el de no tener voz compañera./ En el ámbito soleado y ciego, en la zona sin voces,/ sobre la grama desmandada,/ he ido presente por caminos que no me oían.

Alejandra Sequeira entonces bien podría contestarle a la poeta venezolana lo siguiente: Nombrarte (fragmento): Te nombro en la simpleza de las cosas que no digo/ De mi boca palabras sangra/ Y la mudez pronuncia./ La soledad se nombra y no existe./ En el pozo de mi boca arrojé sus nombres.




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