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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Miércoles 14 de Marzo de 2007 - Edición 9546
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Academia de Música Allegro

Pianos, guitarras y gestión empresarial

Si estoy en el mar en media tormenta y para salir hay que nadar, pues nado


Pianos, guitarras y gestión empresarial - Foto

Empleo casi no hay, pero
trabajo hay en p...


Comienza la década de los ochenta. Una jovencita de Masaya, recién bachillerada, se matricula en la universidad para estudiar Recursos Naturales. Pero, llegado el día, prefiere tomar el rumbo que le indica su verdadera vocación. Fue así como en lugar de cruzar el portón de la universidad, optó por dirigirse a la Escuela Nacional de Música, sumergiéndose para siempre en ese mágico mundo donde blancas, negras, corcheas, fusas y semifusas guindadas en las líneas del pentagrama, representan la fotografía de la inspiración musical. “Mi mamá casi se muere cuando lo supo”, recuerda Danelia Alvarado con una sonrisa de niña traviesa.

La escuela estaba ubicada en los predios de la antigua Colonia Dambach, muy cerca del lago Xolotlán. Era una zona peligrosa; la prueba es que dos veces la asaltaron. Pero la vocación es un motor tan fuerte como el amor, y pese a los peligros, no dejó de asistir a sus clases de piano hasta graduarse, después de arduos años de estudios.


Me decía que inició su escuela en la ciudad de Masaya, ¿hace cuánto tiempo?
Fue en el año 1993. Yo terminé como en el 85, después quedé trabajando en la Escuela Nacional de Música, pero uno siempre tiene la inquietud de hacer realidad sus sueños. Yo quería tener algo propio... una escuela, y entonces empezamos con algo chiquito en la casa. Poco a poco se fue desarrollando y haciendo más grande.

¿Recuerda quién fue su primer estudiante?

Entre mis primeros estudiantes hay descendientes de Alejandro Vega Matus: Castella Paniagua y Ramiro Vega Blandino. También está la joven Victoria Margarita Báez.


¿Montar la escuela significó ocupar la sala de la casa, tal vez el garaje?
Fue ocupar el garaje, porque inicialmente sólo se daba clase de piano, guitarra y solfeo.


Además del piano, ¿qué otros instrumentos toca usted?
Toco guitarra y flauta.

La autoconfianza vale más que el dinero

Construir un sueño, como lo demuestra Danelia, requiere más de confianza en uno mismo que de dinero. Un piano heredado de papá y una inversión aproximada de mil dólares para la compra de cuatro teclados fue suficiente capital para comenzar a construir aquella academia de música que siempre había soñado. Conforme el tiempo transcurrió, fue adquiriendo libros y otros materiales didácticos necesarios para su funcionamiento.


¿La idea de poner su propia escuela tiene que ver con satisfacer sus necesidades económicas?
Bueno, yo anduve trabajando en colegios, pero era un trabajo desgastante, porque había que darle clases a 40 niños a quienes no les interesaba estudiar nada de música. La clase de música era la hora del relajo, del alboroto. Entonces, dispuse poner algo propio, dar clases privadas. Después quise hacer algo en un solo sitio... la escuela. Aunque la verdad es que la escuela no es el local en sí, sino lo que se enseña, los alumnos que van pasando por el maestro; entonces me establecí en Masaya.


¿Es cierto que estudiar música es para la gente que tiene dinero?
Pienso que es para todo mundo, siempre que tenga el empeño, porque yo he tenido alumnos de todo tipo. Claro, que si la persona es de pocos recursos, se le puede dar algún apoyo financiero con una media beca, y si es muy pobre, pero tiene mucho talento, se le puede dar la beca completa. No se le cierra la oportunidad porque no tiene dinero si no puede pagar y tiene talento, se le apoya.


¿Qué beneficios obtiene un joven al estudiar música?
Aparte de que desarrolla el cerebro, le ayuda con las matemáticas. Además, la música alimenta el alma, el espíritu. Alguien que se dedica a la música es difícil que luego quiera deshacerse de ella, porque es una compañía, algo que te llena. Otro beneficio es que en vez de estar en la calle podés estar tocando, desarrollándote en algo que te ayuda en tu formación. No es lo mismo ir a un concierto y saber lo que vas a escuchar, que ir a un concierto y no saber ni de quién se trata.


Cambiando de tema, ¿tiene algo de su producción musical, algún disco, algún proyecto?
Todavía no tengo. El año pasado, como en esta época, estaba con el proyecto de grabar un disco de piano con los valses de Vega Matus, pero la vida nos va llevando por otros caminos. De un día para otro tomé la decisión de poner la escuela aquí en Managua, entonces el proyecto del disco quedó al lado, pero es algo que quiero hacer.


¿La decisión de instalarse en Managua fue de un día para otro, así de simple?
Digamos que sí, claro, es algo que se viene trabajando, que sí, que no, que la pongo, que no la pongo, que me da miedo, que cómo me va a ir. Esa indecisión, pero de repente dije: “Esta semana tengo que decidir, lo hago o no lo hago”. ¡Lo hago! Entonces me fui a buscar casa y aquí estamos. Yo siempre tomo las decisiones bien drásticas. Cuando sí, es sí, y cuando digo no, es no. Que me lleve quien me traiga. Ya por último, si estoy en el mar en media tormenta y para salir hay que nadar, pues nado.

¿Nunca ha tenido que lamentarse de estas decisiones tan rápidas?
No. Algo que me ha ayudado es el entusiasmo. Claro, Dios sobre todo; he tenido mucha fe, mucho entusiasmo y mucha alegría. Soy muy feliz trabajando en lo que quiero.

Aprender música une a jóvenes y adultos

Un grupo de chavalos estudiantes termina sus prácticas y se marcha. Minutos después llegan otros más grandecitos. Es admirable constatar cómo jóvenes y no tan jóvenes, encuentran en el aprendizaje musical un punto de coincidencia. De pronto, el ambiente se llena de música. De un piano brotan repetidas notas musicales que evidencian la necesidad de mayor entrenamiento. A la distancia veo unas canas que sobresalen por encima de ese mismo piano. Es el estudiante “más joven”, que afanoso ensaya una melodía. Según me cuenta Danelia, ese alumno tiene 65 años, pero posee un entusiasmo por la música parecido al de un enamorado de 15.


¿Cuánto tiene que pagar un estudiante para estudiar aquí?
Para una clase de grupo, 30 dólares de matrícula y 30 mensuales.


¿En cuánto tiempo aprende un niño, un joven?
La carrera de música es larga. Para tocar más o menos, son unos tres años, dependiendo del empeño de cada alumno. Porque hay niños que están un año y no tocan nada, y otros que tienen tres meses y hacen lo que se puede hacer en un año.


Hablando de años, pronto cumplirá un año de estar en Managua, ¿cómo es el balance a la fecha?
Para cumplir un año, pues yo me siento contenta, no le voy a decir que todo ha sido fácil, porque he tenido que invertir mucho, pero he tenido una buena respuesta. Para comenzar y abriéndome camino aquí en Managua... el balance es muy positivo, a pesar de que es un mundo diferente para mí. En Masaya yo me sentía en mis aguas y aquí vengo a conocer a otra gente.


¿Cuál es la capacidad de estudiantes proyectada para este local?
Yo pienso que unos 150, en diferentes días y con más profesores. Digamos con otro profesor de piano, porque ahorita hay dos profesores de guitarra. Un profesor de violín... sería un profesor más de violín y otro más de piano.


¿Cuáles han sido los elementos claves del éxito para tener esta academia?
Creo que perseverancia, yo soy bien trabajadora. Y no me da miedo decidir nada. Si me va bien, me va bien, y si me va mal, es algo que a mí me gusta. Entonces yo me tiro al mar como sea.


¿En algún momento piensa la academia mostrar un espectáculo publico?
Ya presentamos uno en diciembre. Tuvimos la primera muestra en el Centro Cultural Managua, y en junio próximo, que es nuestro aniversario, esperamos hacerlo, si conseguimos espacio y patrocinio, en la Sala “Pilar Aguirre”, del Teatro Nacional Rubén Darío. Tenemos dos actividades fijas al año. En junio y en diciembre.


¿Cómo se mira de aquí a cinco años?
Con una gran academia, contenta y feliz. Yo creo que he crecido y estoy convencida de que vamos a crecer más. Además de que hago algo que a mí me gusta, le doy empleo a otras personas. Ya aquí somos seis personas.




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