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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 26 de Marzo de 2007 - Edición 9559
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Se fue, vio, aprendió y se regresó

Un nica al que no le gustó Costa Rica


Un nica al que no le gustó Costa Rica - Foto
Víctor López realizando una alineación computarizada.

Empleo casi no hay, pero trabajo hay en p...


Cuando se viaja por la Carretera Panamericana que cruza la ciudad de Estelí, a escasos metros de la Cotrán, se encuentra un pequeño “monumento” empresarial construido a base de perseverancia y de claridad de objetivos. Es “Vulcanizadora Rápida”, la vulcanizadora de Víctor López, más conocido como “El Chelito”.

Víctor es un típico representante del trabajador nicaragüense. Desde los seis años aprendió lo que es una jornada laboral en el campo, y muy temprano supo de las responsabilidades familiares.

En su transitar por el mundo de los oficios, además de obrero agrícola, aprendió mecánica, fue albañil, y un día de tantos la vida lo llevó a trabajar de ayudante de una vulcanizadora. Por esas razones que nadie puede explicar --ni Víctor mismo--, mientras trabajaba en aquella vulcanizadora soñó que sería muy lindo llegar a tener una de su propiedad. Con el pasar de los días, aquella idea se le convirtió en una sana obsesión que le estimuló para trabajar siempre animado, y seguro de que cada paso que diera sería para alcanzar tan preciado sueño: su propia vulcanizadora.

Un emigrante inteligente

Costa Rica siempre ha estado en la agenda de los nicaragüenses; no es cierto que hasta estos tiempos haya desplazamientos en busca de trabajo a la vecina del sur. Desde décadas atrás, por necesidad o por curiosidad, obreros nicas prueban su “suerte” en aquellas tierras. Y Víctor no escapó de esa tradición. En 1995 hizo maletas y se marchó a trabajar de ayudante de albañilería, hasta que un día de tantos, de nuevo la vida lo llevó a una vulcanizadora, esta vez en la provincia de Alajuela.

Lo primero que le llamó la atención en aquella empresa fue, que gracias a ciertos equipos especiales, los trabajos que en Nicaragua se tomaban hasta 45 minutos, allá se realizaban en cinco. También le llamó la atención ver cómo el costarricense dueño de la empresa, sentado muy cómodamente, daba órdenes a sus empleados y plácidamente se metía los billetes a la bolsa. Aquella imagen cotidiana le reforzó su sana obsesión de convertirse en dueño de su negocio. “Si ese tiquillo puede, ¿por qué no voy a poder yo?”, se preguntaba, mientras, afanado, quitaba una llanta, pegaba un parche, barría o realizaba cualquiera de las labores que le encomendaba su patrón.

Dispuesto a no postergar más la decisión de tener su propio negocio, como pudo, recogió un dinerito y volvió a su tierra. Víctor no estuvo ni un año en Costa Rica. No resistió verse más como empleado de alguien.


¿Cómo le fue durante su permanencia en Costa Rica?
Yo quería tener mi propio negocio. Entonces me dijeron que en Costa Rica se ganaba bien, que iba a hacer dinero allá. Pero realmente dinero no hice allá. Pero salí ganando porque miré con más visibilidad moderna el trabajo de las llantas. Mejores herramientas. Allá teníamos desarmadoras de llantas súper más modernas. Entonces yo agarré esa visión y con esa visión me mantuve, me mantuve, hasta estar hoy en día a la par de allá. De Costa Rica.


¿Desde hace cuánto comenzó con el negocio de la vulcanizadora?
Yo me vine con esa idea de tener mi propia llantera y con la visibilidad que había visto allá, con la tecnología de allá, traerla acá, pero para eso se necesita dinero. En ese momento no tenía. Pero cuando uno se fija una meta nunca se le quita la idea. Entonces en 1996 hice el primer préstamo al Banco Popular. Me facilitaron 500 dólares, y con eso ajusté para comprar una “desarmadorita” de llantas sencilla y un “compresorcito”.


¿Qué dio en garantía por el préstamo?
Tenía una propiedad y la puse en garantía. Puse una casita que había comprado en 1,500 dólares. Luego saqué un préstamo de 800 dólares para comprar la desarmadora automática; una desarmadora 20-20. De ahí volví a pagar ese préstamo e incrementé las máquinas: un compresor de aire de más capacidad. De 300 libras de presión porque el que tenía era de 150. Después en 1998 conocí a Prestanic, una organización cristiana que me facilitó un crédito para la época del huracán Mitch. Un crédito como de 1,100 dólares. Prestanic me ha ayudado mucho, porque si alguien te dice: “Si, aquí está el dinero”, te ayuda a salir de la situación que estás pasando. Otras organizaciones también me han dado crédito. Fue así que fui comprando las máquinas más modernas, con las que trabajo actualmente.

¿De qué se ocupa usted en el taller?

Hago mis gestiones, pero si hay que trabajar en el taller, trabajamos, porque lo que queremos es que el trabajo salga lo más rápido posible. Si hay que reparar llantas, pues reparo llantas; si hay que hacer facturas, hago facturas; si tengo que ir a pagar a los bancos acudo a todo eso. Aquí yo le hago a todo.

Ayudó a un trabajador a poner su propio negocio

Durante año y medio, Víctor trabajó solo. Era necesario disminuir los costos al máximo. Pero, conforme la clientela fue creciendo fue contratando mano de obra, hasta llegar a tener siete trabajadores en la actualidad. Paralelamente, el equipamiento de la “llantera”, como Víctor acostumbra llamar su negocio, se fue modernizando hasta llegar a tener una moderna computadora para alineación de llantas, lo mismo que otra serie de equipos que nadie más tiene en Estelí. Su equipamiento está valorado en varias decenas de miles de dólares. Sus trabajadores están muy bien entrenados y laboran con uniforme de la empresa. Son casi once años de esfuerzos, pero de gran satisfacción empresarial y personal. Este hombre con estudios de escuela primaria, trabaja, además, con dos de sus hijos, y su taller es reconocido más allá de la ciudad de Estelí.

Mientras conversábamos sobre el desarrollo de su empresa, Víctor nos sorprende con historias que no cualquiera puede contar. A manera de anécdota, nos relata que en agradecimiento a un trabajador que lo acompañó durante los primeros tres años, se fue a Prestanic a solicitar un crédito para comprar un pequeño taller de vulcanización que alguien le había ofrecido en venta. Cuando le aprobaron el préstamo le dijo a su trabajador: “Si vos te rifás, te quedás con el taller”. Nelson Ortez es el nombre de ese trabajador, el cual hoy es dueño de su propio taller y puede dar testimonio de lo contado por Víctor.


¿Ahora ya tiene un sistema de alineación de llantas computarizado?
Sí, la inversión la hice ahora al comenzar el año, porque el cliente se lo pide a uno. Ahora ya tenemos casi todos los servicios en lo que es rodaje. Instalamos llantas, balanceamos… Ya el tiempo ha transcurrido y tomé como meta poner el servicio de alineación y ya estamos establecidos con el servicio de alineación para dárselo al cliente, tanto para vehículo pesado como para liviano.


¿Se siente al mismo nivel de los talleres ticos?
Ya no tengo nada que envidiarles.


¿Y qué tal la clientela? Todo parece indicar que tiene hasta clientes fijos.

Sí, contamos hasta con varios clientes fijos: nosotros le vendemos servicios a Casa Pellas. Le vendemos servicios también al Sistema Penitenciario. A empresas como Cruz Lorena; le vendemos servicios a Llantasa, los cuales cuando venden sus llantas, me mandan una orden de trabajo. Nosotros recibimos la orden y le damos el servicio al cliente (armado de llantas).


¿Cuáles son sus proyectos para el próximo año?
Seguir siempre actualizándome para seguir trayendo máquinas más modernas. Como segundo punto, servirle al cliente lo más que podamos. Tercero, llevarme bien con mis trabajadores, ser un mejor patrón… un mejor compañero de trabajo.


¿Que consejos le daría a las personas que dicen que no hay trabajo?
Que se pongan metas y salgan adelante. Que no se sientan personas frustradas. Nunca pensar que no es posible salir adelante. Deben tener confianza, primero en nuestro Creador, pedirle que les dé salud y que le pidan inteligencia también, y así el resto. Por ejemplo, si tenemos una venta de queso y porque un día el queso no se vendió, entonces ya no vamos a seguir. No, no es así. Tenemos que pensar en cómo hacer un queso de mejor calidad, para así darle un mejor sabor y entregarle al consumidor algo que a él le guste. Así se va agarrando clientela.


¿Dónde pueden ubicar a Víctor, “El Chelito?
En Estelí. De la Cotrán 100 metros al sur. Vulcanizadora rápida “El Chele”. Teléfonos 7140977/66

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