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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 29 de Marzo de 2007 - Edición 9552
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Navegando en El Wangki

Paisajes que alegran el espíritu, solidaridad de los mískitos y los pipantes que van y vienen. Un río para la aventura, para el estudio y el asombro de los que por primera vez lo conocen

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Navegando en El Wangki - Foto
Amordazado para ser liberado.

La emoción me embarga cuando me siento en la pequeña lancha de aluminio que nos conducirá por cinco horas hasta la comunidad de San Carlos, una de las 26 comunidades indígenas ubicadas en la ribera del Río Coco dentro de la reserva Bosawás.

Nuestro recorrido, señala nuestro guía José Bojorge, de la organización The Nature Conservancy (TNC), será de poco tiempo comparado con los “batós”, que trasladan a los pobladores de Waspam a las comunidades en recorridos que duran entre 12 y 21 horas.

Los “batós”, como llaman los indígenas a una lancha larga de madera impulsada por un motor fuera de borda, salen una vez cada dos días y cobran 400 córdobas por persona, un viaje completo ida y vuelta tiene un costo de 800 córdobas por cabeza.

Hay dos cosas fundamentales para garantizar que nuestro viaje sea seguro. Primero, que el encargado de dirigir la lancha conozca el río, sobre todo la zona alta, hacia donde nos dirigimos, porque en estos días ha comenzado a secarse, haciendo peligrar la propela del motor y, segundo, un barril de combustible mezclado con aceite para poder regresar

Admirando paisajes

Pese a ser un viaje largo, no es del todo aburrido. Mientras la lancha avanza se pueden observar cuajipales y tortugas asoleándose en los playones, así como en los troncos que sobresalen del río, los cuales han sido arrastrados por la corriente durante el invierno desde río arriba. Es frecuente que la lancha se encuentre con “pipantes”, unos troncos enormes ahuecados en el centro utilizados como medios de transporte que en lugar de remos utilizan unas varas largas, y en los que se trasladan familias completas junto a cargas de plátanos, yuca y frijoles.

Cada vez que el conductor de la lancha divisa un “pipante” disminuye la velocidad, pues son tan celosos que una corriente fuerte haría que se vuelquen.

Durante el recorrido por las aguas cristalinas del río Coco o Wangki, como le llaman los comunitarios, mi compañero de aventura, Alejandro Sánchez, aprovecha para tomar fotografías, sobre todo a las personas que salen de sus casas hasta la orilla a saludarnos porque, según nos comentan, aquí no están acostumbrados a escuchar con frecuencia muchos motores sobre el río.

Por la noche también nos enteraríamos que nuestra visita ya era esperada, pues se comentó por medio de la radio comunitaria ubicada en San Carlos que estaríamos en la zona. El alcance de esta radio es casi departamental y transmite en mískito, pese a que sólo está al aire de seis a nueve de la noche, pero mantiene a miles de familia dentro y fuera de la reserva Bosawás atenta a su señal.

También se ha anunciado en esta radio que próximamente llegará a este sitio un equipo de la revista National Geographic acompañado por Jaime Incer Barquero, creador de la reserva y recientemente galardonado

Varados

Cualquier persona que se arriesgue a realizar la travesía que nosotros hicimos debe tener mucha paciencia y espíritu de aventura, pues aquí las prisas no sirven para nada.

Después de dos horas navegando por el río se dañó el motor de la lancha que nos trasladaba y debimos acercarnos a una orilla para tratar de reparar el daño, pero fue imposible, sin embargo, este percance sirvió para que percibiéramos la solidaridad que existe: “en menos de lo que canta un gallo pasó” un “bató”, un “pipante” y regresó por nosotros la otra lancha en la que se trasladaba el resto del grupo con el cual viajábamos

Llegaron a ayudarnos.

“Tienen suerte porque aquí no pasan lanchas muy seguido, a veces hay que dormir en las orillas del río para esperar que alguien te ayude o dé aviso”, nos comenta el ecólogo Fabricio Díaz, quien tiene algunos meses laborando en la zona.

La noche ha caído sobre nosotros cuando llegamos a San Carlos, la segunda comunidad más grande de la ribera del río Coco. No pudimos desembarcar en el pequeño muelle porque el nivel del agua es muy bajo y sólo alcanzaríamos la primera escalinata si la escaláramos, es por eso que Catalino, nuestro lanchero, decide acercarse a la otra orilla, donde no hay gradas y el terreno es barroso.

En esta comunidad hay dos albergues sencillos que permiten el descanso necesario para los visitantes. El turismo no está muy desarrollado, pero hay muchas bellezas que observar, no hay servicio de agua potable ni energía eléctrica, pero una planta suple a los visitantes hasta las nueve de la noche.

Para algunos la mejor época para visitar la zona es diciembre y enero, cuando se puede navegar por todo el río sobre aguas cristalinas y disfrutar de los raudales, especie de rápidos que suben la adrenalina a mil. En la temporada de invierno también se puede navegar, pero el agua no es muy cristalina debido a la gran cantidad de sedimentos que arrastra

Sin temor

En la comunidad La Esperanza fue encontrado un pequeño cuajipal. Estos reptiles pueden llegar a medir hasta tres metros, de forma que los comunitarios le amarraron la trompa para que no mordiera a nadie y nos lo entregaron para que lo liberáramos en un sitio alejado. Cumplimos la misión y aprovechamos para hacernos fotografías con él, pues éste será sin duda la única oportunidad que tendremos de tocarlo sin temerle.




Comentarios de nuestros lectores

Berman Ulloa
Los felicito por la aventura que realizaron. Es bueno saber, a traves de ustedes, que nuestro pais tiene muchas bellezas naturales aun por conocer. Espero continuen, a traves de este medio relatando sus aventuras.

Berman Ulloa
Los felicito por la aventura que realizaron. Es bueno saber, a traves de ustedes, que nuestro pais tiene muchas bellezas naturales aun por conocer. Espero continuen, a traves de este medio relatando sus aventuras.


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