Una vida
Santiago Molina
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| El pintor y escritor Danilo Torres. |
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Conocí a Danilo Torres en León, en una época de barricadas babélicas que se alzaban en medio de las calles hasta tocar las nubes ciegas que regaban los gases lacrimógenos... y su muerte ahora... y los mensajes que nos enviábamos siempre a través del tiempo: él, que se quedó viviendo los asombros cambiantes de su ciudad natal; yo, que me fui a vivir a tantas ciudades que a fuerza de vivirlas se volvieron natales en la memoria… y los mensajes que nos enviábamos a través del tiempo…la poesía…la pintura… Nuestros tiempos iniciáticos en León, su apartamento a una cuadra y media de mi apartamento… en la pared sus dibujos... en su voz sus nuevos poemas y aquel jazz sureño que magistralmente improvisaba en el requinteo abstracto de su guitarra norteña… Me acuerdo de una tarde en que se quedó dormido luego de una larga conversación como esas que atizan los viajeros a la orilla de una fogata… Danilo dormido como La Musiciènne Endormie del Aduanero Rousseau con la mandolina al lado repleta de todos los caminos sonoros donde las posibilidades narrativas son interminables... y su muerte ahora… y es lógico que piense en Lorca y en Pier Paolo Pasolini… los asesinos estarán limpiando el filo de sus dagas con las páginas del Evangelio… entonces no vale la pena preguntar nada sobre ellos… que el tiempo los delate… que el tiempo los borre mientras se asomen otros rostros en la multitud… la multitud de rostros que era Danilo… todos los rostros de Danilo borrarán los rostros de los asesinos que en este momento algún guardián conduce desenmascarados ya en un vagón rojo hacia el infierno… Qué rostro el de Danilo... haciéndose más humano cada día en cada espectador... como los rostros de Francis Bacon... él mismo en tantas formas buscándose para configurar unos labios gruesísimos... y un pelo que era un pelaje de león... y unos ojos negros que eran ojos de agua claritos allá en alguna afuera sedienta de Estelí...Y estos tres puntos que se siguen como hermanos… (?) Los tres puntos queridos de L. F. Cèline para acompañar a Danilo hasta el fin de la noche... tres puntos para que no se detenga jamás el alud incontenible de las palabras... tres puntos para caminar sin dejar huellas sobre la intolerancia pendeja del mundo... porque lo que quiero decir tiene que fluir sin retórica: la muerte de un poeta... y siento miedo ahora de aquello que decía Cioran cuando ya en la tarde cruzaba sobreviviente el umbral de su casa: ah, y estoy vivo todavía después de andar todo el día por esta ciudad... y Danilo... Danilo Torres que en su vida pensaba que una misma liebre blanca recorre con mansedumbre y sin diferencia el sueño de todos los hombres y que la luna amarilla de Paul Klee sólo era comparable a un poema de otoño de Apollinaire...
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