Hace cincuenta años, la batalla de Alger
Diego Saavedra Mayade Para los dictadores que ensangrentaron América del Sur durante los años setenta, la batalla de Alger fue una referencia ineludible. Paradójicamente, el filme de Gillo Pontecorvo “La batalla de Alger”, prohibido en Francia por muchos años hasta su exhibición en 1971, era presentado en las escuelas de lucha anti-subversiva a pesar de su mensaje de denuncia contra la tortura que le había permitido recibir varios premios internacionales de cine.
De hecho, los franceses habían probado su tesis de guerra contra el pueblo en Indochina, pero la derrota fulgurante les obligó a posponer sus planes y Algeria representó la ocasión de implementarlos en total impunidad.
En 1957, el Frente de Liberación Nacional (FLN) había ganado el consenso de la población algerina entera para preparar las condiciones de una independencia inminente de Algeria. Francia se negaba a ceder aun sabiendo que tarde o temprano perdería esa colonia con estatus de departamento nacional. Políticos y militares acordaron entonces llevar a cabo un operativo de represión, redadas, bombas y arrestos masivos con el objetivo de eliminar el ala izquierda del FLN. Las fuerzas de seguridad y los comandos de paracaidistas al mando de criminales como Massu y Bigeard, oficiales de alto rango que habían entrenado a sus hombres en las técnicas del “interrogatorio” y la recopilación de información, términos elegantes para disfrazar la práctica sistemática de la tortura, se encargarían de la división en zonas de la ciudad o “quadrillage” para transformar a cada barrio en una prisión. A lo largo de todo el año, miles de militantes y simpatizantes del FLN, civiles, incluidos niños y mujeres, serían víctimas de secuestro, tortura y desaparición mientras hombres políticos de gran reputación, como Francois Mitterrand, Ministro del Interior en aquella época, cerraban los ojos. Para Francia se trataba de negociar la independencia de Algeria en condiciones favorables y en efecto, en 1962, en el marco de los Acuerdos de Evian, ya el FLN había sido usurpado por los desertores del ejército francés, es decir los oficiales algerinos que habían optado por el movimiento independista a última hora y que a la fecha detienen el poder, el monopolio de los recursos nacionales, el petróleo principalmente y el comercio con Francia. Sobre todo, desde 1992, los generales algerinos han masacrado a comunidades enteras en nombre de la lucha contra el terrorismo islámico y con el beneplácito de los franceses.
Medio siglo ha pasado desde que el FLN y la población de Alger pagaron con sangre su aspiración independentista. Su lucha fue un ejemplo para los pueblos de Asia, África y América Latina en las décadas siguientes. Francia, por su parte, todavía no reconoce su error histórico y no ha llevado a juicio a los culpables del asesinato de masa que ocurrió durante la batalla de Alger. En la actualidad, está a la orden del día juzgar y condenar a dictadores. En este contexto, es preciso recordar que muchos de los miembros de las fuerzas de seguridad francesas que torturaron en Algeria gozan de buena salud esperando el llamado de los tribunales de la humanidad.
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