Un legado al que muy pocos escapan hoy en el periodismo nicaragüense Rothschuh para principiantes
Eduardo Marenco
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| XAVIER CASTRO / END.- Guillermo Rothschuh Villanueva conmemora sus treinta años de escritor con la publicación de Prohibido para conversos. |
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Cuando Guillermo Rothschuh Villa-nueva asume la decanatura de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA, una de sus tareas prioritarias fue la de comprender los vasos comunicantes entre la política y el periodismo, y la de distinguir sus ámbitos específicos.
Por esa razón, uno de los primeros libros que los bisoños debíamos leer al iniciar los estudios de comunicación en la UCA era El político y el científico, la charla magistral que el sociólogo Max Weber brindara a la Asociación de Estudiantes Universitarios de Berlín, en 1919, donde ilustraba a los jóvenes sobre lo que debían esperar de un verdadero maestro, y lo que debían esperar de un político, dos oficios contrapuestos, antagónicos, con fines y métodos completamente distintos.
El dilema entre ciencia y poder, entre política y periodismo, era un tema candente a inicios del siglo XX, y lo continuaba siendo a finales del siglo en la Nicaragua de los años 90, donde muchos oficios debían mudar de piel, obligados a un volver a empezar, como también la misma academia, que tenía el reto de convertirse en verdaderos centros de pensamiento en lugar de centros de agitación política, como algunos recintos lo fueron en los años ochenta.
Era en esos tiempos aciagos que los noveles estudiantes aprendíamos a polemizar, a determinar la geografía del texto y a desentrañar las citas que a suerte de cajas chinas obligaban a otras lecturas. De escuela de cuadros al cambioHan pasado más de diez años desde entonces, y la Facultad de Comunicación de la UCA, impulsada desde el liderazgo de Guillermo
Rothschuh Villanueva, ha dejado toda una generación de comunicadores como su herencia a la sociedad nicaragüense.
“La decanatura me vino como un ofrecimiento de enorme valor”, recuerda Rothschuh. “Me entregaban a mí a una moribunda. La escuela de periodismo estaba totalmente desprestigiada, y era vista por la ciudadanía como una especie de escuela de cuadros políticos. Me tocó convertirla en una carrera de comunicación social”, advierte su decano durante 16 años.
Fue una oferta del padre César Jerez (q.e.p.d.), quien se lo planteó como un desafío: “Vos vivís cuestionando a los medios de comunicación en tu trabajo cotidiano, ¿por qué no te venís a hacer cargo de una nueva Facultad?” Acepté, y no esperaba quedarme tanto. Llegué en abril de 1991 y me quedé hasta diciembre de 2006”.Las condicionesEl análisis de José Valdivia sobre los planes de estudio en América Latina le dio la pauta para las transformaciones necesarias, a raíz del cambio político de 1990. Puso una condición: llegaba como comunicólogo, no como decano producto del santoleo del Consejo Nacional de Universidades. “Yo quería permanecer ajeno a una vinculación política de cualquier naturaleza”, rememora Rothschuh.
Reformó los programas de estudio de 1987 y estableció la asignatura “Comunicación y Género”, precursora a lo interno de la UCA. Luego creó la Cátedra Abierta, el foro universitario más importante del país.Del bailongo al Morales AvilésRothschuh divide en tres etapas su paso por la Facultad: una primera signada por “ganarnos el derecho a la existencia”; la segunda, “el derecho a la credibilidad”, y una tercera, la de exigir un nuevo comportamiento de los medios de comunicación, “a quienes agradezco infinitamente porque desde siempre apoyaron de manera abierta y decidida toda mi gestión como decano”.
Lo que era un bailongo Rothschuh lo convirtió en un certamen y luego en una Jornada Académica: la “Ricardo Morales Avilés”. Solicitó que sólo ingresaran a la carrera estudiantes de primera opción. Nombró un Consejo Asesor de la Facultad, importante para la elaboración de las nuevas propuestas curriculares.
Gracias al espaldarazo de Cristiana Chamorro Barrios, de La Prensa, y de Carlos Fernando Chamorro Barrios, de Barricada, creó las páginas universitarias, donde los jóvenes reporteros escribíamos nuestros primeros “pinitos” o “pinochos”. Fue un paso gigante porque abrió un puente entre la academia y la sociedad. “Ya era un nuevo rostro el que se ofrecía a la sociedad”, dice.La Facultad y los mediosSe firmaron convenios de prácticas profesionales, lo que ha permitido, asevera Rothschuh, “que hoy esa enorme cantera que está al frente de los medios de comunicación y que de alguna forma contribuí a formar --no como decano, sino como profesor-- estén ocupando cargos honrosos y sean quienes hoy se distinguen como los mejores comunicadores del país. ¿Cómo no me va a llenar eso de orgullo?”.Los posgradosEl siguiente reto de la Facultad fue ingresar al mundo de los posgrados. “Fuimos los que entramos más tarde, pero fueron creados como parte de su proceso interno de desarrollo”. El posgrado en Periodismo de Investigación y el posgrado en Comunicación y Derechos de la Niñez, tuvieron gran demanda entre los comunicadores. Otro desafío fue dar prioridad a la graduación de los estudiantes, sobre todo a la luz de las críticas del entonces ministro Humberto Belli acerca de la tasa de retorno de las universidades.
En 1996, la Facultad había graduado a más del ciento por ciento de estudiantes en relación con los graduados en la carrera de periodismo en la UNAN, a lo largo
de su historia. “Ese también es otro de los logros valiosos para la sociedad nicaragüense”, señala
Rothschuh.
Impulsar a los estudiantes aventajados para que ejercieran la docencia fue otro paso audaz, emulando el ejemplo del sacerdote Arturo Divar, quien en los años 70, cuando era alumno de Derecho, le brindó a él la misma oportunidad en la UCA. “Logré reclutar a Alfonso Malespín, a Fabián Medina, a Gloria Izabá y a Nohelia González; y luego a una nueva generación integrada por Gonzalo Norori, Arturo Wallace, Eduardo Marenco, Gunter Gadea, Giselle Alemán y Silvio Sirias”, explica.
A Rothschuh le enorgullece que varios de estos periodistas, al igual que Milena García, Jorge Loáisiga, Nelson Rodríguez, Moisés Martínez, Valeria Dávila y José Adán Silva, ganadores de premios nacionales e internacionales de periodismo, se hayan graduado de la Facultad.
Rothschuh también transformó la relación de un decano con sus estudiantes: sus puertas siempre estaban abiertas, “no me enclaustré, al contrario, me volqué hacia afuera”, afirma. Se convirtió en profesor, amigo y promotor de sus estudiantes. “Nadie ha promocionado a sus estudiantes como yo, y eso me alegra y me halaga”, sostiene. Creó Las Noches de Brujas, un espacio para el análisis y la investigación de la literatura, el cine y la política internacional, todos los lunes.Reconocimientos a destacados comunicadores“La Facultad de Ciencias de Comunicación se convirtió en la más importante del país. Un reconocimiento que agradezco hayan expresado en voz alta los directores y dueños de medios de comunicación”, sostiene Rothschuh.
Su relación con los medios está llena de claroscuros: sus críticas a las políticas informativas y al ejercicio periodístico llegaron a tensar su relación con los medios en algunos momentos, la cual estuvo al borde de romperse, aunque luego se restableciera. “Seguiré haciendo propuestas oportunas, tal como formulé el primer anteproyecto de Ley de Acceso a la Información y la propuesta del Ombusdman, continuaré investigando y trabajando en el campo de la comunicación”, advierte Rothschuh.
La Facultad también reconoció el aporte a la comunicación de personalidades como el doctor Danilo Aguirre Solís, Francisco Chamorro, Sofía Montenegro, Erika Ramírez, José Esteban Quezada, Guillermo Cortés, Roberto Fonseca y William Ramírez (q.e.p.d.), entre otros.
Rothschuh, quien celebra ahora sus treinta años de escritor, agradece el apoyo del padre Jerez, del padre Xabier Gorostiaga (q.e.p.d.), del padre Eduardo Valdés y de la rectora Mayra Luz Pérez, quien como recompensa a su trabajo le otorgó 2007 como año sabático, el que ha dedicado a los grandes vicios y pasiones de su vida: la lectura y la escritura. También está agradecido con la rectora por el ofrecimiento de un reconocimiento todavía pendiente a su labor como decano.
¿Qué opinan los ex alumnos de Rothschuh?
Luis Galeano: “No le gustaba platicar con brutos”
“Creo que la manera en que Guillermo trataba a los alumnos fue la base fundamental para lograr transmitir lo que él quería hacer de la carrera, porque quería una carrera con presencia en la sociedad nicaragüense, es decir, deseaba que los graduados de esa Facultad nos posicionáramos en los medios de comunicación y les diéramos un toque distinto, y a mi juicio lo logró”, señala Luis Galeano, periodista de EL NUEVO DIARIO.
“No andaba allá… lejano, en las nubes o en su trono de decano, sino que se acercaba a los diversos grupos que existían y se adecuaba a sus ambientes, a sus pláticas, y terminaba envuelto en la tertulia y a veces hasta dirigiéndola, pero siempre orientando y procurando apoyar a cada uno de los chavalos en lo que soñaban ser en las diversas ramas de la Comunicación Social. Todo eso en un ambiente de camaradería.
Eso sí --recuerda Galeano--, no le gustaba platicar con brutos”.
Fabián Medina: “Todos odiamos y quisimos a Rothschuh”
Fabián Medina, jefe de información de La Prensa, señala que Rothschuh marcó a su generación, graduada a inicios de los noventa: “Se apareció en nuestro grupo de clases como profesor de Comunicación, con aires de play boy, lo cual para mí ya era una contradicción, porque pronto se reveló como un estudioso con una inteligencia tan aguda que resultaba extraña en quien mascaba chiclets, se mostraba inseparable de las gafas de sol y mantenía el sarcasmo a flor de labios”.
“Todos odiamos y quisimos a Rothschuh. Como él sabía que yo me enojaba con facilidad, le gustaba provocarme: un día me quitó un examen sin darme la oportunidad de contestarlo todo, durante muchos años hizo chacota con la definición que se me ocurrió un día en clases del concepto “pueblo”, y le gustaba burlarse diciendo cosas como que yo y el Indomable, un contra analfabeto que se hizo famoso por aquellos días, éramos de lo más inteligente que había salido de Quilalí. Agrediéndonos así, nos enseñaba a defendernos, y muchos me dicen que algo del sarcasmo rothschusiano se siente en la columna de opinión que escribo desde hace 10 años. Creo que sí”.
A juicio de Medina, “si yo tuviera que decir cuál ha sido la influencia de Guillermo Rothschuh Villanueva en mi carrera, debería poner en primer lugar esa capacidad de defender una idea, luego el descubrimiento de la Comunicación como una área apasionante, y, finalmente, la lectura como el principio de todas las cosas. Rothschuh siempre fue para nosotros El Maestro. Así, con mayúsculas”.
Milena García: “Su método era famoso... y temido”
Así recuerda Milena García, periodista de Canal 2, el estilo de catedrático de Guillermo Rothschuh Villanueva:
“Guillermo Rothschuh fue mi profesor de Cátedra Abierta I, en el segundo semestre de 1996. Era la clase más difícil del primer año de Comunicación Social. No había pruebas, tareas ni trabajos en grupo. Sólo había que leer, pensar y hablar sobre Comunicación, Periodismo, Cultura y Sociedad.
Cada jueves asignaba una lectura, y una semana después había que llegar a la clase entrenado para responder sus preguntas. Y las preguntas eran malditas. Pero más malditas eran las palabras que decía cuando uno hablaba mal o cuando uno improvisaba. Exigía coherencia, y para obtenerla se comportaba como un maestro severo, pedante y crudo a la hora de señalar los errores.
Cuando se daba cuenta de que uno no había leído, y peor aún, cuando se daba cuenta de que uno había leído, decía: “Hablaste, pero no dijiste nada, nada”, o “Tu intervención fue decepcionante”.
Ese era su método. Y era famoso y temido. Los de quinto año (en esa época todavía había quinto año) daban consejos para sobrevivir a la clase de Rothschuh.
Al final del semestre había un examen oral. Todo el mundo sabía (era como una especie de tradición en la Facultad) que Rothschuh eximía del examen a quienes consideraba los mejores estudiantes. Y ésa era la motivación para leer, varias veces, con diccionarios y enciclopedias, los textos de Norberto Bobbio, por ejemplo. Para discutir antes de la clase, para intercambiar criterios que nos permitieran intervenir con astucia, certeza y dignidad. Considero que su método le daba a la vida estudiantil un sentido de suspenso y una rigurosidad de Academia que espero se mantenga en estos días”.
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