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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 01 de Mayo de 2007 - Edición 9592
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“Nicaragua es un país difícil para cualquier novelista”

Jorge Eduardo Argüello habla sobre su más reciente novela, El último habitante, que será presentada el jueves 17 de mayo a las 6:30 de la tarde en la Alianza Francesa de Managua


“Nicaragua es un país difícil para cualquier novelista” - Foto
Jorge Eduardo Argüello, escritor nicaragüense.

Jorge Eduardo Argüello es uno de los múltiples escritores nicaragüenses que viven fuera del país, pero que también lo narran y lo hacen muy bien. En su primera novela, Los héroes del algodón, publicada por el Centro Nicaragüense de Escritores, nos da a conocer una realidad poco relatada dentro del imaginario nacional. También ha publicado una obra de teatro titulada El cerebro de Rubén Darío. Es uno de los escritores más finos en lo que respecta a la urdimbre de sus tramas, así como en la creación de caracteres. En esta ocasión nos concedió una entrevista en la que nos habla de su más reciente obra: El último habitante, publicada por Editorial Amerrisque.

-En tu anterior novela narraste un país no simultáneo, un país emparentado a la republic banana. En El último habitante hay algo parecido, pero interpolado con el romance, pero no aquel que es fundacional de nuestras naciones, sino uno que al final puede salvar al país del atolladero. Es una obra en la que la trama se ve convulsa con otras tramas

¿Qué pretendés en ambas?

Nicaragua es un país difícil para cualquier novelista o creador de narrativa. El problema que he tenido desde que me asomé a ser novelista fue el de sentirme engañado. Desde el comienzo de mi vida he vivido una ficción, un simulacro de que algo cruel se gestaba en el ambiente. Las condiciones se daban como en un laboratorio; lo único que necesitaba era tiempo para desarrollar lo que yo consideraba una acusación contra la injusticia. Así nació “Los héroes del algodón”. Nicaragua es un país que hay que curarlo como sea, la novela es un remedio y uno es el alquimista. Las tres novelas que he escrito están vistas bajo el ojo de escaparse del engaño, de saber que se ha heredado un mundo cruel y violento que no tiene explicación. Lo mismo le sucedió a Joyce y a Cardenal, grandes intérpretes del rechazo.

-¿Cuánto hay de autobiográfico en la obra? Lo pregunto por la poeta de la obra... ¿Qué tanto hay de proximidad con tu madre, Mariana Sansón?
La inspiración me la dieron dos personas: mi madre, por su fortaleza y su manera epicúrea de ver la vida, y Edwin Castro, que murió asesinado por la guardia somocista. Cuando joven yo lo admiraba mucho y hay cierto parentesco con la familia de él. Ahora, él tenía cierta bondad conmigo, que todavía no la olvido, muy pocas personas hacían caso de mis curiosidades, él era una de ellas --a pesar de que era mayor que yo-- él había notado algo de creativo en mi persona. Eso me inspiró para usarlo en la novela, sin llegar a los detalles, ni teorías políticas. Era un hombre que le hubiera dado mucho a Nicaragua. Lo menciono casi como un punto central, la tragedia de su muerte es el núcleo en la novela; aunque la novela no se trata sobre la vida de este mártir. Veamos, cuando lo mataron me chocó tanto que hasta hoy en día no lo he podio olvidar.

-Ésta es una obra tejida con una fineza extraordinaria, tanto en lo que respecta a la trama como en la narración. Es una obra que deja de lado los tecnicismos duros, así como el facilismo light. ¿Quiénes son tus paradigmas? ¿Acaso están incluidos en la trama?
El último habitante, escrita en tres meses, fue como una liberación para mí, porque me di cuenta de que había alcanzado una enorme técnica en la escritura, que es el minimalismo como expresión; utilicé principios de Hemingway y de Anthony Caro, el gran escultor.

-Hay una veta que atraviesa lo político en la novela, pero que no se deja ganar en el desarrollo de la misma, ¿por qué?
En esta novela me liberé de obstáculos, inventé el amor de una manera pura y sin política. A pesar de que se da esa interpolación en la novela, el romance la salva porque el objetivo del amor está planeado ante ese oscurecimiento de la tragedia en todas sus consecuencias, que es la eliminación del ser

-¿Qué hay de nuevo entre tus planes?

Escribir y publicar más. Ya terminé una novela que se titula La gran épica del oeste y del trópico, es una novela sumamente experimental. Es una obra transgresora, en la que trato de ir más allá de los temas y las técnicas.




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