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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Viernes 04 de Mayo de 2007 - Edición 9594
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Los jóvenes de los ochenta, ¿una generación engañada?


No participé en la guerra de los ochenta. Tampoco grité en la Plaza de la Revolución cuando la dirección nacional lo ordenó, nunca escribí poemas con las recetas de los talleres de poesía, tampoco fui servil de los comandantes y de los demás acólitos del poder sandinista, como muchos que ahora gritan y escriben como si nunca hubiesen sido cómplices de los desmanes de esa época, y que sin el mayor pudor se lavan las manos y rescriben la historia acomodada según sus intereses.

Pero sí compartí las ilusiones de los otrora jóvenes. Creíamos en ese momento que podíamos transformar y modernizar las instituciones del país y así lograr que las siguientes generaciones tuvieran una mejor vida, pero para ello teníamos la convicción que debíamos de sacrificar nuestra juventud para lograr nuestro propósito.

La realidad es que muchos de estos jóvenes dieron los más preciado: su vida. Otros, los que sobrevivieron, viven con el remordimiento, frustración y dolor de una manera permanente y continua. Y no ha sido para menos. Las alteraciones --exilio, angustia, desilusión y muerte--, han causado una herencia difícil de asimilar.

Con el quebranto del referente, llegaron a experimentar la pérdida del yo y de la continuidad histórica, viviendo el tiempo con suma provisoriedad y con una eterna repetición del pasado. Incluso muchos de estos otrora adolescentes llegaron a sentirse culpables de haber participado en la destrucción el país. Paradójicamente, el sentido de culpa los hace sentir más aliviados para afrontar su presente con resignación.

En la década de los noventa, ya como profesor universitario, llegué a conocer a jóvenes que sentían una enorme confusión y una angustia permanente al saber que eliminaron a compatriotas sin sentido ni razón. Esta angustia se manifestó de diferentes formas: drogadicción, alcoholismo, violencia, apatía, resentimiento y frustración.

En los noventa, la mayoría de esta generación tuvo que vivir marginada, algunos en la extrema pobreza, otros en el semi desempleo, y los que tuvieron suerte emigraron. Los que estudiaron en el bloque socialista fueron objeto de burla; levantaron de forma maliciosa calumnias sobre su formación académica con el único ánimo de desprestigiarlos o en todo caso estigmatizarlos, y no aprovechando, como debió haberse hecho, su capital humano de una forma pragmática, apartando prejuicios ideológicos y sectarismos políticos.

Sin embargo, a pesar de su marginación, siguieron abrigando la esperanza de que una vez que volviera el Frente a ganar las elecciones, encontrarían el espacio (que en realidad nunca tuvieron) que les negaron los gobiernos llamados neoliberales, y continuarían con las ilusiones quebradas en el pasado.

El actual contexto demuestra que los antiguos dirigentes, en quienes creían, se han transformado en políticos pragmáticos. También se han dado cuenta que no encontrarán en el Estado el empleo esperado, y que sus vitae, que les pidieron durante la campaña electoral, deben de estar en un sótano de la casa del partido.

Las expectativas que se formaron, y la larga espera, ha sido un espejismo que se ha ido quebrantando con el paso de los días. Han comprendido que no vale la lealtad, y tampoco la formación académica. Los cargos en el gobierno están reservados para unos cuantos allegados a la dirigencia sandinista, y se asignan a discreción o a la conveniencia de la coyuntura política.

Esta generación de otrora jóvenes que dejó lo mejor de su vida en la alfabetización, en las trincheras; que aguantaron el frío invierno en los países socialistas, o en las campañas electorales en donde consecutivamente perdía las elecciones a la presidencia el Frente Sandinista, por el momento ha sido marginada y excluida.

El Frente Sandinista, y principalmente su dirigencia, tiene una deuda pendiente con esta generación, y una forma de pagarla es que demuestre que su sacrificio valió para democratizar, institucionalizar y modernizar el país; y no fue para que una cúpula se enriqueciera; y tampoco para que la política la conciban como un cauce de beneficio personal y de corrupción institucional. Ese es el mejor tributo que la dirigencia del Frente Sandinista, que ahora está en el gobierno, le puede dar a esta generación, sacrificada y la mayoría de las veces engañada.


* Karlos Navarro es doctor en Derecho Administrativo por la Universidad de Salamanca, España, y pertenece a la generación de los ochenta. karlosn@usal.es




Comentarios de nuestros lectores

Luis M.
Realmente que la década de los 80's fue infernal. Estábamos gobernados por nueve lunáticos que creyeron que serían eternos en el poder. No les importó sacrificar a la juventud en una guerra totalmente inútil y que convirtió a nuestro país en el más pobre de América (a nivel continental).


A. Rizo
Señor Carlos las historias se construyen a traves de episodios y nos involucran como parte de un todo, porque aunque no nos guste formamos parte de esa estructura, la época de los 80`s es parte de nuestra lucha por tratar de conseguir una mayoría económica y social para nuestro pais.


cachorro
Buenas Karlos(con ´´c´´), sabes que lograstes abrir este pequeño intercambio de ideas, pero antes que nada dejame decirte que soy de Jinotepe, del barrio San Felipe y preste mi SERVICIO MILITAR PATRIOTICO en el BATALLON DE LUCHA IRREGULAR CORONEL "SANTOS LOPEZ" a mucha honra y orgullo de prestar mi servicio como patriota ante el llamado del pueblo.

Luis Felipe
Muy interesante tu artículo, pero sabes qué: pareciera ser que suplicas por tí, usando a otros, Carlos hay otros temas en las cuales tu opinión es más interesante y valedera, saludos.

Hamin Reyes
Soy un hombre de 44 años, tenía tercer año de universidad en la UCA, cuando me enrolé en el Servicio Militar. Recuerdo que uno de los agitadores de la Juventud Sandinista del CEUCA era Rafael Córdoba, el mismo del ALN y del movimiento por Eduardo, perdón por Nicaragua. Me fui al servicio un tanto para que no me anduvieran buscando en mi barrio y en mi trabajo, pues trabajaba para el MIDINRA y estudiaba por la noche. Viví la época mas cruenta de la guerra. Di mi servicio Miliar en las Tropas Pedro Altamirano, donde vi caer a muchos de mis compañeros y no estoy arreopentido de haber volado tiros para defender mi pellejo y la revolución. Terminé mis estudios en el año 89, pues gracias a Dios, solo tuve el retraso de los dos años del Servicio Militar y no necesité ir a cortes de café o algodón, como los que quedaron en Managua.

Pretor
Muy interesante como se dan cuenta ahora que los utilizaron como carne de cañon, y todavía más interesante ver como algunos que ya no tienen nada de muchachos todavía siguen creyendo en espejismos utópicos.

Morgan Fonseca
"¿Niña víctima de los ochentas?"

Juan Pueblo.
Quisiera creerte Carlos Navarro (Carlos se escribe con "c", sólo los arrogantes cambian las letras de los nombres) que nunca te metiste en nada, eso fue difícil pues tú estabas joven y no creo que hayas sido diplomático para que no te agarrara el servicio militar o la reserva obligada; no te creo que no hayas sido sumiso a la "Dirección Nacional Ordene", por algo te dieron cabida en los periódicos progresistas de este país. Claro, como ahora eres abogado, entonces quieres tapar el sol con tu dedeo meñique. En estas cosas, personas como tú Carlos (con "c), es mejor quedarse callado.

Colibri
Tenés razón, nosostros nos fuimos dejando todo, ese era el campo de lucha y cuando venimos, ni siquiera nos aceptaron los de la JS, no tuvimos empleo y hoy tampoco nos toman en cuenta, los carnet de afiliados estan guardados. Se repite estan poniendo gente que no es preparada.

A. Rojas
Muy cierto y en gran medida. El gran problema es que la gran mayoría de esta generación (los sobrevivientes) les ha costado mucho despertar a la realidad y es hoy y muchos de ellos todavían muestran actitudes, comportamientos y formas de pensar de los 80's; muchos de ellos todavía creen que "el que no brinque es contra".



denis zamora
Porque en su análisis pone como culpable de las fustraciones de las jóvenes de la década de los ochenta a la revolución las si mismas frustaciones y los mismos frustraciones tienen los jóvenes actuales. Ideal es crear la cultura de autosuperación y el estudio como forma de salir adelante no estar buscando gobiernos culpables, en todo caso los jövenes del ochenta tienen el orgullo de haber servido a su nación...

Alfonso expósito
Quisiera, que el doctor explicara qué hizo él en los años 80, no participó en nada, era un zombi solo estudiaba y ni el derecho a la defensa el le concede a un gobierno popular, que desde el exterior le organizaron una guerra, terrorista de agresión financiada por los EEUU. Supuestamente el gobierno sandinista debían decirle, si vengan ustedes son los que deben gobernar, nosotros luchamos y derramamos nuestra sangre, pero es la oligarquía vende patria la que tiene que mandar.

Juan Ponce
La verdad que los que fuimos jóvenes en aquella época, la enorme mayoría, creimos en los sandinistas. Creimos que ellos iban a ser diferentes de los somocistas, que iban a ser políticos serios, con ética, que el país, por fin, iba a ser bien administrado y que se iban a terminar las injusticias y la pobreza, pero nos equivocamos de plano porque ellos resultaron PEOR que los somocistas.

Luis
Excelente descripción del lastre que arrastramos. De la desgracia de clase política que nos gobierna (y la que nos gobernó). Efectivamente, falta madurez, espíritu de sacrificio en aras de un verdadero proceso de justicia social. Es importante recordar el sacrificio del los jóvenes en los 80's, igual que reconocer los errores de la generación vacia de ideales de los 90's (porque al menos en los 80's alimentaban los sueños, en los 90's ni eso). Esa es la deuda...


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