Calle 13 defiende su música
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| Calle 13. |
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Rocío Ayuso
Los Ángeles / EFE
Juntos han desbancado a Jennifer López y le han dado al reggaeton algo que pensar: son René Pérez y Eduardo Cabra, medio hermanos de sangre y unidos por la música en Calle 13.
“Tenemos la dicha de que nos escucha mucha gente, y eso se debe aprovechar para algo más que decir mueve las nalgas y achúchame con un palo”, confiesa Eduardo Cabra.
De los dos boricuas de 29 años que componen este dúo, a Cabra le toca la música, mientras que a René Pérez le corresponden las letras.
Pero en el escenario no hay divisiones: son Calle 13, los exponentes del nuevo reggaeton que vendieron cerca de medio millón de copias de su primer álbum y quienes recientemente lanzaron su segundo: “Residente o visitante”.
“Si lo piensas, tiene mucho que ver con la emigración”, confiesa Cabra del título del álbum, que más que una realidad define un sentimiento, porque “quizá un emigrante se siente más un visitante en el país en el que reside”, dice.
En el caso de este dúo se trata de algo más que un título, porque su fama siempre ha dado qué pensar; desde su “Atrévete-te-te”, casi un himno de su generación, hasta “Querido FBI”, que constituye todo un alegato político y musical. Calle 13 tiene claro su mensaje. Hay cosas más “interesantes e inteligentes” que decir con el reggaeton, fruto de una evolución natural como la que vivió el rap.
De ahí que la crítica les iguale con Eminem en sus mejores épocas y el público responda a su provocación catapultándolos por encima de Jennifer López como el dúo de más ventas en español en EU con su nuevo álbum.
Una fiebre contagiosa y con la que en junio saltarán por primera vez de continente, invitados a España al festival Sonar en Barcelona.
Dicen que van contentos porque si su primer álbum ya les pareció “algo más que bailoteo”, este segundo es aún más genuino en su sonido, un trabajo fruto de toda la libertad que les dio la compañía discográfica con la evolución de su conciencia social.
Es el fruto de un año en el que aprendieron “un montón de cosas”, donde la música “fluyó” de sus viajes por toda Latinoamérica, en especial de unas vivencias que plasmaron en un documental donde se quedaron prendados de los indígenas yanomami, situados entre Venezuela y Brasil, o los araucanos de Colombia, admiten. “Pudimos adentrarnos en Perú, al lago Titicaca, en el Amazonas, a Palenque, y en muchos otros lugares donde aprendimos de las tribus indígenas”, rememora Cabra. Dicen que también aprendieron mucho de otros más cercanos a casa, esos amigos que dejaron su huella en el álbum, como la Mala Rodríguez, Alejandro Sanz o Gustavo Santaolalla, entre otros. “No te creas que nos gusta colaborar mucho”, admite Cabra hablando también por René, su hermanastro por parte de padre, y añade: “Es que (tales artistas) son brutales”.
Lo dice con admiración, esa que siempre ha sentido por el compositor argentino ganador de dos Óscar y con el que han colaborado al mezclar el reggaeton con el tango.
Así mismo, lo dice por la fascinación que han descubierto por Sanz, el intérprete español que los aceptó en su casa de Miami donde se pusieron a improvisar y del cual salió su sonido conjunto, “porque toca chévere la guitarra”.
En medio de su concienciación y de sus viajes, lo que a ambos les importa son sus canciones, unos temas que para Cabra van más allá de la música o la letra porque son “películas de Tarantino”, señala. Al igual que al realizador de la película “Pulp fiction”, a Calle 13 no se le puede venir con correcciones políticas. “Es que no lo entiendo. ¡Escandalizarte por escuchar palabras que todos dicen! Para mí tiene más peso decir palabras malsonantes y transmitir algo inteligente que decir 50,000 estupideces tipo: ‘Amor, te quiero, dame con un palo’. Eso sí que embrutece”, resume.
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