may 26, 2007
Dicotomía: una idea infalible y utópica
Francisco Bautista Lara KARLY GAITÁN MORALES
El escritor Francisco Bautista Lara es el iniciador e impulsor de una idea algo infalible y algo utópica, la cual se concreta en el proyecto que aún no tiene nombre, pero consiste en llevar la motivación literaria a los estudiantes de secundaria en los institutos públicos de Managua.
Una idea algo infalible, porque en los institutos se manifiesta, a veces, la necesidad de conocer qué significa la literatura, qué sabor tiene, cuál es su sentido, desean conocer las motivaciones de otras personas para escribir “tantas locuritas y ocurrencias en tantos libros” –-como dicen algunos estudiantes--. Tienen deseos de escribir, interés en que algún día se les quite el sueño cuando abran un libro para leerlo, sepan cómo dominar el sueño y la palabra viva y terrible que absorbe al lector sin que él mismo se dé cuenta. Cómo lograr eso, cómo hacer que no les dé sueño, sumergirse en los libros porque quieren leerlos, no porque deben leerlos por obligación, sino porque lo desean. Tampoco los estudiantes conocen de la variedad de libros, dicen que nadie les ha sugerido títulos para su edad ni los libros ideales, según sus intereses, cultura y medio de vida.
Utópica la idea, porque hay tanta desmotivación por la lectura, tanto descontrol se ve en los grupos de estudiantes que quieren todas las cosas menos leer y huyen de las conferencias si de literatura se trata, se escapan en el diálogo sobre literatura, se ponen olvidados, desinteresados en el momento que el escritor expone. No ocurre siempre, pero tratar con gente que no tiene interés en el tema a exponer es realmente una utopía, y aún más esperar que le llame la atención la producción literaria cuando nunca el sistema educativo ha promovido una cultura de lectura.
El proyecto consiste en llevar escritores a los institutos, reunir una determinada cantidad de estudiantes, sobre todo de los últimos años de secundaria, para que el invitado --escritor o escritora-- les hable sobre literatura, de su propia literatura y de la universal. Que les diga cómo escribió sus libros y cuáles fueron las razones para hacerlo, las claves y herramientas para escribir y leer (sin que dé sueño), lo que el invitado elija hablar con ellos bajo un tema conductor que es el de la motivación e iniciación de los muchachos hacia la literatura. Hay tanto que decir.
Francisco Bautista primero compartió la idea con el Ministro de Educación, el profesor Miguel De Castilla, con funcionarias de la Dirección de Currículo del Ministerio de Educación, con otros escritores como Jorge Eduardo Arellano y Carlos Tünermann. Luego, un grupo de amigos y escritores, jóvenes y adultos, incipientes o con carrera literaria, se ha unido a esta infalible y utópica idea para apoyar y formar parte del proyecto, entre ellos está Roberto Sánchez, Armando Zambrana, Francisco Arellano Oviedo, Clemente Guido Martínez, Francisco Ruiz Udiel, Ninozka Chacón, Luis Rocha, Vidaluz Meneses, Sergio Ramírez.
El proyecto que Francisco Bautista aún no nombra, pero que los estudiantes del “Ramírez Goyena” sugieren que se llame “La literatura sí me gusta”, comenzó con la organización de un seminario de cuatro horas con un grupo de cincuenta maestros y maestras de español y literatura de institutos. Se discutió sobre la idea, se recogieron inquietudes y temáticas. En esa ocasión se les dio dos conferencias, una la impartió Francisco Arellano Oviedo sobre el Centenario del Canto Errante de Darío, y la otra conferencia la dio Francisco Bautista sobre Orhan Pamuk, el Premio Nobel de Literatura 2006. Y se ha realizado conferencias durante dos semanas, la última semana de marzo se dio la primera jornada, la segunda jornada fue durante la “Semana del Libro”, del 23 al 27 de abril; y la tercera y próxima semana de visitas será del 28 de mayo al 1 de junio. En estas dos jornadas han participado cincuenta maestros de institutos y dos mil seiscientos estudiantes.
Estas escritoras y escritores voluntarios hacen las visitas a estos institutos, porque tienen el deseo de ir y hablar, motivar, impulsar el arte de escribir, despertar el interés por los libros de investigación, literatura, enciclopedias, uso de diccionarios, un acercamiento a los libros todos, especialmente el género literario nacional y mundial. Se trata, a veces, de sacrificar algunas horas de trabajo por la tarde o la mañana para visitar a los estudiantes en sus horas de clases. Los escritores no reciben pago alguno, y deben ajustarse a las condiciones en que se les recibe en los institutos, con una realidad que duele, pues las infraestructuras no permiten mucho, los alumnos se sientan en el piso muchas veces. El escritor se encuentra con un salón inundado, porque llovió o brisó la noche anterior; donde los estudiantes intentan comprender una clase de matemática, química o física, sentándose en pupitres quebrados o sintiendo dolor de espaldas por estar escribiendo con el cuaderno apoyado en la pierna, sentados en tres ladrillos, que se asfixian en aulas pequeñas donde están sesenta alumnos y no hay ni un abanico; donde las bibliotecas tienen pocos títulos, y muchos libros están dañados; muchos muchachos llevan cualquier camisa blanca y cualquier pantalón azul, o de colores semejantes, porque no tienen uniforme escolar, o las muchachas que llevan mochilitas de Barbie o Plaza Sésamo, porque deben compartir la mochila con la hermanita menor que estudia primaria en un turno diferente al de ellas. Aun así, muchísimos de ellos sacan buenas notas y brillan.
Uno sabe todo eso, pero al llegar y verlo no se puede dejar de asombrar. Me contaba Sergio Ramírez una día de éstos: “Karly, me dolió mucho que una buena parte no tenía pupitres en qué sentarse, mientras ripios de pupitres inservibles se arrumbaban en un rincón”. Toda esa es una realidad a la que uno despierta, y sólo estando con ellos una mañana y dialogando puede entenderlos mejor. Te cuentan todo, como si uno puede resolverles o tener incidencia directa, tener la última decisión ante el asunto. Y al no ser así duele más. Pero a veces lo que uno hace es intentar despertar conciencia, porque no se es emisario de la justicia o de quienes tienen la autoridad y la posibilidad. Entonces, lo que uno puede hacer es escribir un artículo para NUEVO AMANECER CULTURAL, como el mayor de los clamores, o como la mayor exposición del tema, para que el asunto se conozca. Hay que celebrar con este grupo de amigos interesados en rescatar, en medio de todo ello, el amor y la motivación hacia la literatura.^PManagua, 10 de mayo, 2007.
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