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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 11 de Junio de 2007 - Edición 9620
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“Somos provincianos, conservadores y misóginos”


“Somos provincianos, conservadores y misóginos” - Foto
Andrea Jeftanovic, escritora chilena.

Lectora polígama y compulsiva. De ascendencia yugoslava pero formada en Chile. Se ha insinuado que también es de ascendencia judía. Entregada a las artes literarias y amante de la enseñanza de las mismas. Se trata de Andrea Jeftanovic, una de las escritoras chilenas más destacadas de la escena literaria contemporánea. Ágil, activa, profunda, intensa y dueña de una pluma irrepetible en su estilo.

Nacida en 1970, pertenece a la reciente generación de narradores. Es socióloga de la Universidad Católica de Chile y Doctora en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de California, Berkeley. Su primera novela, Escenario de Guerra (Alfaguara, 2000), le mereció los premios: Juegos Literarios Gabriela Mistral, Consejo Nacional del Libro y Premio Municipal. Como cuentista ha publicado en diferentes antologías:
Desafueros (Planeta, 2000), Ecos Urbanos (Alfaguara, 2001), En Español (Santillana, 2001), Cien Microcuentos Chilenos (Cuarto Propio, 2002). Y a finales del año pasado publicó un avance de un volumen de cuentos titulado Monólogos en Fuga (Editorial Animita Cartonera, 2006). También ahora concluye un libro de memorias y entrevistas con la dramaturga Isidora Aguirre, titulado “Conversaciones con Isidora Aguirre”.

Se desempeña como docente e investigadora, escribe guiones para documentales y películas, y dirige talleres de creación literaria. Durante su carrera como escritora ha sido invitada a las Ferias del Libro de Guadalajara 2004 y Lima 2005.

A Andrea le inquietan temas diversos, entre éstos “la sensación y la culpa de sentirse sobreviviente de este siglo”, y ella se cuestiona y juega con los tiempos, con las fechas para ser precisos, que marcarían su identidad en distintos espacios históricos.

La indignación que como escritora pudiera sentir Andrea si fuese una niña en alguna escuela bombardeada de Bagdad, a como ella misma se interroga, “no pasa por la política, ni por militancias, ni por activismo social, ni escrituras contingentes”. Como autora, explica que uno de sus intereses “es llevar esta violencia a una propuesta estética. A una forma que contenga esa fuerza destructora que arrase con personajes y tramas, signos y significantes, e incluso que busque en medio del caos imágenes portadoras de belleza”.

En esta ocasión, la escritora se ha abierto a Nicaragua. Comparte con nosotros ideas y opiniones polémicas sobre Chile y su crítica literaria, sobre el inconfundible y divertido Roberto Bolaño, sin dejar atrás las editoriales, la tradición y las tristezas del gremio cultural. Además de una dinámica y enriquecedora conversación, ésta es una invitación para conocer a la escritora Andrea Jeftanovic.

Tu especialidad es la narrativa, cuentos, crónicas y novela. ¿Cómo nace tu interés por estos géneros?
Partí con la poesía y decidí dedicarme a esto un poco tarde, pasados los 27 años. Creo que escribo porque me gusta leer mucho, y me daba envidia lo que causaba una buena frase o imagen escrita por otro. Digo “envidia” en el sentido que gatillaba en mí el deseo de reproducir esa construcción que te golpeaba. Y creo que también escribo por cierto temperamento introspectivo, melancólico, crítico y observador

Me produce un goce inigualable la escritura.

¿Cuáles son tus temas? ¿Por qué?
Me cuesta hablar de mi producción porque uno es algo torpe para analizar su propio trabajo. Creo que hay un interés por el cruce en la “biografía” íntima y la “biografía” universal. Me interesa la superposición, el cruce de las historias subjetivas con la historia universal (guerras, dictaduras, estructuras económicas, conflictos culturales), y cómo se resienten esos macro eventos en los cuerpos, en las emociones, en las relaciones de las personas. Por ejemplo, en mi novela crucé la sangre de la menstruación de la protagonista con la sangre de la guerra en la que ha estado el padre. Claro a nivel simbólico. Y sí hay una mirada política de nuestros tiempos. Me interesa la figura del desplazamiento en el sentido que implica hablar desde un lugar incómodo. Creo que los escritores donde estén producen desde lugares incómodos. Ese lugar incómodo trae cierta distancia, cierta reflexión crítica de alguna forma. A mí me interesaba generar personajes que estuvieran siempre en desplazamientos, mirando lo que se deja atrás, lo que viene ahora, intentando acomodarse, teniendo pensamientos un poco discordantes entre otros lugares y tiempos. Estar en un lugar pero estar pendiente de lo que ocurra en otro lugar. La vivencia en el lugar actual y la memoria en otro lugar, las palabras que no se entienden, que se escuchan en la casa y no se entienden, o se dicen en otro idioma y tampoco se entienden bien, ese lugar de punto ciego genera, creo, una introspección y un viaje particular

Háblame de tus autores...

Son muchos, soy una lectora compulsiva. Imprescindibles de los chilenos: el manejo del lenguaje de Eltit, los universos complejos de Donoso, los personajes entrañables de Droguett. La poesía de Carmen Berenguer, Eugenia Brito, Malu Urriola. Imprescindibles extranjeros: la reflexión de Kundera, la crudeza de Agotha Kristof, Thomas Benhard, Herta Muller. La rabia de Elfriede Jelinek, Marques de Sade. Los diarios de Anais Nin, la prosa de Margarita Duras, Danilo Kis. Todo, absolutamente todo de Lobo Antunes y Clarice Lispector: sus mundos introspectivos, el manejo de varios niveles de lenguajes y sus inolvidables imágenes. La prosa certera de Rosario Castellanos y tantos más. Algunos libros de Paul Auster, más que nada El cuaderno rojo. El Ulises de Joyce, sublime. La pluma de Reinaldo Arenas, alucinante. Los japoneses Mishima y Kawabata. Uff, El sonido y la furia de Faulkner, tremendo. La poesía de Vallejo, Eielson, Watanabe, Pessoa. En teatro Sarha Kane, Griselda Gambaro, los griegos, Beckett, en fin, tantos.

Has estado en talleres de Diamela Eltit, Marco Antonio de la Parra y Antonio Skármeta, ¿cuál ha sido la lección imprescindible?
De Eltit aprendí la lectura aguda, la escritura cuestionadora. Además, de la lealtad, una amistad muy bonita entre maestra y alumna. Ella arma un círculo de escritores, críticos, jóvenes y consagrados que se retroalimenta de un modo muy estimulante. De De La Parra, mi actual jefe en la universidad, aprendí la locura, ver la realidad desde otro lado, su entusiasmo por la docencia. De Skármeta, la mesura, otras lecturas y su honestidad.

Ampliame tu pasantía en la Escuela de Letras de Madrid. Contame una anécdota o algo que te parezca digno de recordar de tu estancia en España…
Fue genial, viví cuatro meses en Madrid asistiendo a una escuela de creadores. Tenía cursos de cuento, estructura, guión de cine y dramaturgia. Intenso, grandes profesores, muy estimulante estar siempre ejercitando, escribiendo. Hice grandes amigos con los que mantengo lazos amistosos y creativos. Luego viajé seis meses por Europa, mochileando, y fue maravilloso, el mejor año de mi vida. Entre los viajes visité la ex Yugoslavia, la patria de mi padre, y fue un viaje muy emocionante, por el tema de las raíces y por lo triste de ver un país desarmando con una guerra cruenta y tan reciente.

A pesar de tus raíces, naciste en Chile. ¿Qué huellas tenés de 1973? ¿Cuál es el legado de los autores de esa época? Sé que apenas tenías tres años. Pero creciste en una dictadura, ¿cómo marca esto tu obra, y de qué manera se puede ver expresado en la misma?
Mucho, de un modo que ni yo sospecho. Pero la violencia, no de pistolas, sino la violencia más solapada, de miedos y agresiones, marca mi búsqueda, y el miedo a decir lo que no puedes decir. El decir a “medias” las cosas. Creo que tiene que ver con alguien que se ha criado en censura, que sabe todo a medias, no es miedo solamente, es una forma de construir la realidad, el conocimiento. Por eso utilizar imágenes violentas, que fueran terribles para el que lo leyera, eso era lo que me interesaba, crear un trabajo de la violencia en términos estéticos, y por eso no quería una lectura obvia como política-histórica... El gran legado de los autores del 73, más que los temas de tortura y abuso, es la fragmentación del lenguaje y los discursos. El lenguaje que pasa por el cuerpo. Eso está en Raúl Zurita y en Diamela Eltit. Cuando no se puede hablar y escribir, el cuerpo es el soporte.

Obtuviste la beca Fondart para dos libros. Uno de cuentos y una novela. ¿Cuándo tendremos noticias de ellos?
La he obtenido tres veces. Una de ellas apoyó el trabajo de la novela ya publicada, Escenario de Guerra. El de cuentos ha sido una escritura más esporádica, y varios de ellos han salido en antologías en Chile y afuera, y ahora en un volumen titulado “Monólogos en Fuga”. Y luego, el último ha sido para una etapa de mi nueva novela titulada “Geografía de la lengua”, que está bastante lista, ahora estoy viendo el tema de publicación.

En estos nuevos libros que preparas, ¿qué hay de la Andrea de Escenario de Guerra? ¿Se conserva el estilo, la intensidad lírica, lo íntimo, el tema de la soledad y familia? ¿O hay cambios en tu pluma?
El estilo creo que sí, hay esa búsqueda por la frase corta, que condesa la imagen, que me hace sentirme entre la poesía y la prosa. Temas intimistas sí, pero ahora indago en la pareja, en el contexto contemporáneo, en los roces culturales, en el erotismo como herramienta de dominación, de seducción, de discurso, de encuentro y de desencuentro.

A propósito de Escenario de Guerra, ¿cómo la aprecias ahora que ha pasado el tiempo?
Soy incapaz de leerla porque soy muy maniática, corregiría miles de cosas. Pero fue una gran experiencia, no sólo porque gané premios, tuve buena crítica (pero no unánime), sobre todo porque me “hice” escritora. Además, humana y literariamente, me abrió puertas a experiencias y personas muy valiosas como ir a la Feria del Libro de Guadalajara, de Lima, participar en Entresures, ir a Colombia. Ser invitada a universidades, dialogar con alumnos en Chile y de fuera que la analizan. A veces me llegan preciosos mensajes anónimos. ¡Qué más se puede pedir de una novela! Eso es lo maravilloso de los libros, que circulan por mundos insospechados. El único problema es el ambiente local, los medios y algunas editoriales para ser más específicos, no sé a qué se deben las agresiones gratuitas, pero al lado de todo lo vivido son detalles.

A propósito de editoriales, ¿es fácil publicar en Chile? ¿O siguen siendo las artes escritas marginadas, en comparación con otros oficios, por parte del mercado?
La verdad es que creo que en Chile es difícil ser escritor, tanto para hombres como para mujeres, porque no hay un mundo cultural desarrollado, no se valora a la gente que trabaja en el ámbito creativo. Sólo valen los sujetos “mediáticos”. Es muy mal pagado todo lo vinculado, las clases, los derechos de autor, la escritura en prensa, los informes de lectura, las columnas, ser jurado, etc

Entonces es arduo el plano laboral, profesional.

Hay tres o cinco personas que están de moda, que hacen crítica, escriben columnas. Una cosa muy endogámica y homogénea. Las editoriales se guían por los números y hay varias editoriales independientes, pero todavía les falta fuerza. Pero creo que la esperanza va por ahí, por los sellos independientes que no han perdido el horizonte del valor literario.

Siguiendo la línea, ¿qué cosas te desagradan de la organización cultural en tu país? ¿Qué cambiarías? ¿Cómo valoras la crítica chilena?
¡Cambiaría muchas cosas! Por ejemplo, lo neoliberales que somos para ver la cultura y dejarnos llevar por apellidos, modas y rankings de ventas. En esa perspectiva, la cultura y la literatura son inútiles, no son valiosas. Somos muy provincianos, en el mal sentido, poco lectores, poco pluralistas, conservadores y misóginos. El problema es el nivel del debate, la pobreza de los espacios de discusión cultural, la falta de pluralismo y respeto de los suplementos literarios. Los críticos literarios de los medios escritos tienden a citarse entre sí en los pocos espacios literarios que existen, y así se va creando la ilusión, por ambición o no sé por qué, de que en Chile hay un tipo de escritura, que sólo hay escritores hombres, que sólo hay críticos hombres, que sólo escriben quienes salen en los diarios, que son pocas las mujeres que escriben y que, si lo hacen, producen best sellers o cosas raras y de dudosa calidad. ¿Cómo no acusar ese golpe de negación y anulación de ciertas estéticas? Conozco demasiadas críticas y autoras que no tienen espacios para desplegar sus ideas, y cómo ellas mejorarían el nivel. Los lectores no somos tontos y nos damos cuenta de sus precarias operaciones.

El punto no se reduce a una lucha de autores contra autoras, no. Va más allá: va a la estrecha capacidad o ceguera de la crítica para abrirse y desentrañar la incertidumbre que contiene un libro y volverla activa y punzante. En los medios escritos donde hay algún espacio para la literatura se ha formando un Olimpo defensivo y arrogante de escritores y de críticos que se han empeñado en dictaminar cuál es la única literatura válida. Es evidente que un crítico, tanto como un autor, tiene mayor sensibilidad e interés por unas estéticas que por otras, pero de ahí a la descalificación hay un abismo. Como si en un país no fuese posible contar con un amplio espectro de escrituras y proyectos que convivan paralela y divergentemente sin tener que imponerse unas sobre otras.

La crítica de Internet me parece interesante, porque crea un espacio de democracia que muchas veces no existe en los medios escritos, oficiales. Uno lee un texto y está un poco el anonimato de quién lo hace, porque no son personas que uno relaciona con ciertos medios, yo me he llevado sorpresas buenísimas porque respeto mucho el anonimato; a veces uno descubre que es un estudiante de pregrado que hizo una lectura interesantísima, sabe de tu libro o de otro libro, da lo mismo, pero tiene esa cosa del N.N

que me encanta, es más democrático.

-Movámonos a otra esfera. Lo que más se conoce en Nicaragua, y creo que en buena parte del mundo, de literatura chilena, podemos resumirlo en tres apellidos: Neruda, Mistral y Parra. Todos poetas y figuras casi míticas en tu país. Mi pregunta sería en todo caso, y obviando a Donoso y Bolaño, ¿dónde están los narradores? ¿quiénes han sido? ¿quiénes son ahora?
Sin duda Neruda, Mistral y Parra son unos “monumentos literarios” con una producción importante, rompedora de esquemas. Pero los siguen Enrique Lihn, Juan Luis Martínez, Gonzalo Rojas. Luego hay una tradición importante en narrativa: Manuel Rojas, Marta Brunet, María Luisa Bombal, Carlos Droguett, José Donoso. Luego viene Diamela Eltit, Antonio Gil, Guadalupe Santa Cruz, Pedro Lemebel. Hay un grupo de narradores nuevos que me deslumbran. Ojo con Lina Meruane, Cynthia Rimsky, Nona Fernández, Sergio Missana, Nicolás Poblete, Beatriz García Huidobro.

¿Quiénes son los narradores fundacionales? ¿Qué tipo de narrativa escribían?
De nuevo nombraría a Brunet, Rojas, Donoso, Droguett, Bombal, son fundacionales. Es difícil decir que correspondan a “un” tipo de narrativa, indagan y dialogan, tal vez es una literatura “intra muros”, de repensar los espacios de la casa, la familia, como metáfora de la organización social, el inconsciente, lo pulsional. También entre algunos de ellos hay una inquietud por retratar al sujeto marginal en una sociedad que ha sido siempre tan estratificada, con sujetos que viven al margen de todo y que siempre se les quiere obviar del “paisaje nacional”. Esos sujetos, esas construcciones, hablan de nuestras patologías y contradicciones culturales y sociales.

En Nicaragua, por ejemplo, se escribe patológicamente poesía, esto a pesar de que la narrativa es un producto más mercadeable. Aquí hay poetas para regalar

¿Sucede lo mismo en Chile?

Chile tiene el mito de ser un “país de poetas”, pero hay muchos narradores y una tradición importante. Aquí ocurre algo inverso, es mucho más difícil la circulación de la poesía, se publica y lee menos, es más complejo que se visualicen en el escenario cultural. Ahora esto no significa que no haya poetas, hay muchos, de bastantes generaciones, se autoeditan, forman colectivos, se mueven mucho. Pero en Chile pesa bastante el mercado, y el mercado maneja mejor la novela como producto en vitrina.

Siendo vos escritora, ¿cómo percibes los cambios de la narrativa en la historia? ¿Han habido grandes cambios? ¿Innovaciones o aportes de Chile a la narrativa hispanoamericana inevitables de mencionar?
Es una gran pregunta. Y sí, claro, se ha transitado desde una literatura realista y costumbrista a innovaciones influidas por el barroco, el surrealismo, el postmodernismo, el boom, etc.

Ya que tocaste el boom, ¿qué tanto afectó o afecta a los escritores chilenos? ¿Existen lastres, memorias, huellas, recurrencias, estancamientos?
Creo que con o sin marketing es un interesante movimiento, con novelas memorables de Donoso, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez. No sé, La muerte de Artemio Cruz, Cien años de soledad, Conversación en la Catedral, El obsceno pájaro de la noche, son ladrillos de nuestra cultura. Pero no sólo ellos, hay más autores tanto más relevantes que quedaron fuera de esa “etiqueta”

Háblanos de la etapa post boom…

Son proyectos que toman las “marcas” del mercado, hay de todo, pero a la mayoría de esos libros los encuentro un poco débiles, productos de moda. Confieso que el mundo del consumo, de lo juvenil, con influencia norteamericana, conforman un universo que no me interesa mucho. Hay que rescatar cierta novedad en sus temáticas, pero también me parece algo extranjerizantes.

El fenómeno Bolaño, el polémico Bolaño… ¿Consideran chileno a Bolaño? ¿Qué impresión se tiene de él allá? ¿Se le quiere o no se le quiere? ¿Se le sigue o no se le sigue?
Un muy buen escritor, pero fue una persona muy conflictiva, que visitó Chile cuando ya era famoso y usó su poder para generar una serie de polémicas y divisiones muy dañinas. Luego, tras su muerte, su figura se ha manipulado para avivar rencillas de bajo nivel. Me quedo con sus libros. El “fenómeno Bolaño” es lo sospechoso, se le sigue demasiado, como si su figura fuera capaz de “reemplazar” una tradición larga y heterogénea: hay muchos y diversos escritores en Chile, no me gustan los totalitarismos. No es el único escritor, ni el Mesías. Pero esto que se ha generado no es culpa de Bolaño, es responsabilidad de los escritores que se parapetan en sus dichos para defender sus prejuicios e ideas totalizantes.

Narradores como Juan Villoro, Rodrigo Fresán, entre otros… ¿Qué opinión te merecen sus trabajos literarios?
No los conozco mucho, me falta leerlos, conozco más sus columnas y traducciones. De Fresán me interesó mucho Mantra. Pero estoy en deuda con la lectura de sus libros, están en la lista de los pendientes.

Andrea, ¿qué se lee más en Chile? ¿Novelas, crónicas, cuentos, poesía, ensayos, opinión? ¿Se escribe en función de lo que más se vende?
Se lee más novelas y crónicas, creo. Ahora no creo que los autores escriban según el género que tiene más demanda. Pero veo que circulan más títulos de esos géneros. Pero poetas hay muchos, con editoriales independientes, sólo que si no estás en el medio es más difícil conocerlos. Yo me muevo entre la narrativa y la dramaturgia, ahí conozco todo lo que pasa.

En el caso de la novela, ¿se escribe más histórica-política o de ficción?
De todo, ficción–ficción, novelas que hacen nuevas lecturas de hitos históricos, crónica urbana, y sobre todo un trabajo con la memoria, de nuestra identidad, de las tensiones que callamos.

Bueno, gracias Andrea por tu tiempo. No quisiera concluir sin que compartieras con nosotros un par de secretos de tu cocina literaria…
Encantada. Leer mucho, rayar los libros que te gustan al margen, tomar notas en cuadernos, soñar mucho. No perder los ojos críticos de la realidad y viajar por el mundo y a través de un libro.

www.euniceshade.com




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