10 horas de oscuridad
Francisco Javier SANCHO MÁS “Color de hormiga”, me contesta un amigo en su casa, a oscuras, cuando le pregunto cómo va todo.
Cuando en Nicaragua se va la luz y a muchas cosas las detiene la evidencia de la oscuridad, entonces se hacen más claras las urgencias. Es difícil ordenar las prioridades en medio de desastres nuevos y viejos. Pero cuando desde el pequeño corazón de “La Mascota” se nos dice que apenas quedan medicamentos para los niños con cáncer, toca correr a conseguirlos de cualquier forma. No hay otro modo si aún se quiere hablar de un país llamado Nicaragua. No sé qué lugar le toca a un niño que sin su tratamiento se muere sin preguntas en este mar de prioridades. No importa, es el primero.
Cuando en los hospitales y en los centros de salud, los medicamentos comienzan a faltar, a pesar de la gratuidad de atención decretada, toca correr a conseguirlos, para no caer en la enorme hipocresía de decir: “Ahora que no tenemos nada, todo les queda gratis”. No sé en qué lugar de prioridades se encuentra este asunto, pero creo que es de las primeras.
Ante las nuevas quejas de que en algunos colegios no hay forma de sostenerse si no es con cuotas que se cobran a los padres, entonces toca defender la palabra dada por el ministro de palabras que con tanta fuerza defiende, y hay que darle respuesta. No sé en qué lugar de prioridades se encuentra seguir siendo coherente, seguir siendo constante en un compromiso de gratuidad. Pero debe estar entre las primeras.
Ahora que ni amigos, ni siquiera en Venezuela, nos quedan que nos pongan luz, y se pasa más de 10 horas sin ella, sin ninguna clemencia con los negocios que dependen de la luz, toca ponerle soluciones más tempranas, correr a solucionarlo. Cuando Daniel declaró el otro día que hasta el primer trimestre del próximo año habría una solución, no pude creer lo que estaba oyendo. Su oficio y su negocio no debe entonces depender de la luz, me dije, si le pide a un pueblo que espere tanto. No sé en qué lugar de prioridades se encuentra la crisis energética de Nicaragua, pero considero que está entre las primeras.
Si se avecina una subida del precio del petróleo, toca saber qué soluciones se pueden prever, qué hacer con la gente que depende de la gasolina para trabajar y comer. Si se avecina una subida del precio del dólar, toca avisar de lo próximo que viene, de lo que se está haciendo para evitar que cada vez se vuelva todo más inaccesible, como en el mismo Irán, de donde Daniel volvió hace poco, país productor mundial de petróleo y que pone en jaque al Consejo de Seguridad de la ONU por sus actividades nucleares. Allá, ahora, se afronta, paradójicamente, una crisis por falta de gasolina para su propia población. El otro día comenzó el racionamiento, y al mismo tiempo las primeras grandes protestas contra el presidente iraní. No sé en qué lugar de prioridades se encuentra esto, pero para mí que es una de las primeras.
Mi amigo y muchos miran las cosas que ocurren color de hormiga. Que hay que dar cancha para ver cómo actúa el gobierno es una cosa, pero cuando la gente en la calle ya no comprende las cosas que se hacen desde la Secretaría de un partido que gobierna es algo grave. Si se advierte de actividades de soborno, de fraude y corrupción desde las oficinas de esa misma Secretaría, hay que poner soluciones de inmediato, y la primera es la investigación, y no decirles a los periodistas que no pregunten sobre ello, y que compartan el silencio.
Sin embargo, Daniel, en medio de todas estas prioridades tuvo tiempo el otro día de irse a reinaugurar la Plaza de la Revolución, una plaza a la que se ha arrojado la misión de representar la Historia de este país. Todavía en pie, la casa color mamón observaba amenazada el evento, y al otro lado, cientos de campesinos del Nemagón contaban en voz baja una vieja historia de dolor no resuelto. No se sabe muy bien qué es lo que ocurre, quién está detrás de su dolor, haciendo otros manejos, por qué aun siguen heridos de abandono, y con la terrible sospecha de haber sido traicionados, de estar siendo engañados. Estoy seguro de que muchos de ellos quieren pensar lo contrario. Desean pensar lo contrario, creer aún, no en alguien o algo, sino en las cosas que un día en esa plaza se juraron. En el fondo, en algún sentido, a gran parte de Nicaragua y un poco a mí mismo nos pasa exactamente lo mismo. Con fuente o sin ella, con luz o sin ella, aún muchas cosas que aún se recuerdan.
franciscosancho@hotmail.com
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