Escribir tras los tiempos revueltos
Guillermo Goussen Padilla
Hubo una vez una generación que nació en plena guerra, que supo de hambre y escasez, sintió en carne propia la obligación de ser patriota y vio cómo los que la impelían a sacrificarse terminaban por convertirse en potentados, olvidando el cerro de muertos que su discurso dejó a su paso.
Rodrigo Peñalba es un escritor de esta generación, y, si tratara determinarlo para acercarnos a su obra, bien podría llamarlo desencantado: un producto clásico de una época que, sin lugar a dudas, debe sentir que alguien le robó momentos importantes de su vida.
Una generación de jóvenes que ha encontrado en la multimedia un sucedáneo para recuperar, al menos en información, eso que se les hurtó. Al contrario de Joaquín Pasos, Peñalba puede hacer cuentos de un joven que sí viajó, porque Nueva Orleáns, Reikjavik, Nepal o Buenos Aires no le son ajenos en este mundo globalizado.
A través de la mirada escéptica de Western Eyes, paria en una sociedad “clasemediera” que imita y vive la imagen, como un souvenir o una divisa de cambio, lo acompañamos en un tour de force que presagia un futuro lodoso y apocalíptico, en donde la turbamulta sólo le produce ruidos en la cabeza y la necedad de olvido soslaya la “sangre de hermano” (un Nashik lejos del realismo socialista), para sólo ser escritura que a manera de action painting (pringas o ladeamientos de la pintura sobre el lienzo gobernado por el artista) va conformando su no ser, su no pertenecer al fango y la putrefacción industrial. Porque Rodrigo ya le ha dado la espalda al mito, a la utopía, es pura entropía, un nuevo “rebelde sin causa” que los conservadores y neoglobales ubicarán como desadaptado. Pero que él llevará como piedra de Sísifo hacia Sigür Ros para ser sólo un alcohólico cuando cambien los roles.
Lejos del canon está el deseo onánico, o quizá obligado por las circunstancias se debe ser egoísta con el cuerpo, como las mujeres de Monimbó, aquellas que fueron clasificadas por el sistema revolucionario como viudas de mártires.
Y otra vez Jackson Pollock manchando el lienzo de la playa, ayudado ahora por la socarronería verbal que encuentra en la intertextualidad la ironía necesaria para que el Big Brother nos obligue a firmar para quedar anotados en la lista de posibles deudores kafkianos, o sobrellevar la cavanga mientras el conejo lewiscarrolliano juega con nuestra lógica.
Hay tal desencanto en nuestro joven narrador que la certeza del apocalipsis, en una tierra de lagos y volcanes, se concretará en inundaciones. Después de todo, el Peñalba escéptico no necesariamente es un pesimista irredento, por lo que se permite salvarse en el naufragio (como escritor que sí lo es), incluso en el vientre de un helicóptero.
Salvado en su nihilismo finisecular, hasta se da el lujo de fabular con el perrozompopo (logra así una de las mejores imágenes que se han logrado sobre el tendido eléctrico) y sugiere la propuesta nada peregrina de elevarlo a la categoría del sacuanjoche. Y con la fábula también viene la historia de caníbales androides que resulta una excelente metáfora del encarnizamiento perenne de nuestra Nicaragua, anécdota quizá extraída de una Dimensión Desconocida rayana en lo freak.
Y ya, suelto en la metáfora que amenaza con ser alegoría finmilenaria sobre el qué nos pasó cuando perdimos el paraíso, Peñalba nos obliga a halar el gatillo para acabar con nuestra pusilanimidad, o nos condena al fondo del barril herrumbroso para no sobresalir como lata de aluminio reluciente, o a estar entrecomillado aun en la poesía.
¿Renaceremos para devorar a nuestras crías y seguir el cuento de nunca acabar de un pueblo que no sabe otra cosa que usufructuar del filicidio?
¿Será cierto que esto sólo sucede en Nicaragua o es que estamos tan malamente conectados con el mundo que al escribir sobre nuestras cuitas, en realidad, lo hacemos sobre la gran aldea global, en donde el walkman crea ínsulas humanas apretujadas a otras ínsulas que cargan historias que no debieran contarse más que en muertes que son las mil y una muertes? Es decir, fardos que, como reza el dicho venezolano: “Sólo el que lo va cargando sabe cuánto pesa el muerto”, partes habladas que nos remiten a las novelas norteamericanas de buena cepa.
Porque Rodrigo Peñalba, pese a ser joven, se nos presenta como un escritor bien hecho en esta, supongo, primera entrega. Libre de la historia, se atreve a indagar en la otra historia, cinematográfica o literaria, para especular, como un Ricardo Piglia o el mismo Bolaño, sobre el hubiera de un James Bond ajeno al celuloide, o el affaire en un solo acto de la realeza europea más decadente.
En fin, creo que Peñalba hace abrigar esperanzas sobre su quehacer; la experiencia le dará el pulso que el artista requiere para que el lienzo resulte un signo y no un garabato. Él lo sabe mejor que yo, por lo que confío en seguir leyéndolo.
Una mosca en la sopa: ahora que he estado volcado sobre las publicaciones nicaragüenses he notado demasiado descuido en cuanto a la tipografía y erratas infantiles. Probablemente las editoriales nicas subestiman la labor del corrector de estilo y los caza-erratas. No obstante, siempre es agradable leer sin que aparezcan estos gazapos.
Holanda (cuentos)
Rodrigo Peñalba
ANE-Noruega-CNE
2006
84 págs.
|
Cultural
Desenmascarando la “identidad nacional”
El nuevo “mesorrelato” latinoamericano
Presentan en Guatemala poesía del Che Guevara
Tesis doctoral de Karlos Navarro compite por premio en España
Dichosa Edad Media
Lección particular
El Canto Errante
Una poética de nuestro tiempo
La promesa cumplida de un gran poeta
Juan José Millás gana el Premio Planeta, de novela
Carlos Martínez Rivas: ¿Poeta maldito?
Los saberes fronterizos del giro decolonial
La mirada radical de Doris Lessing
Morir soñando
Sortilegio de una noche en llamas
Las lecciones de Fritongo Morongo
De Mesías a Cirineos
La británica Doris Lessing gana el premio Novel de Literatura
Para comprender el giro decolonial
Mujeres que han abierto brecha y quebrado esquemas
Presentarán colección miniatura de El Güegüence
Ensayo o novela
Lanzamiento de las 100 novelas para siempre
Entregan Premio “Ildefonso Palma Martínez”
Quedamos mano a mano
La omisión de la tradición
Contra los descoloniales
La piscina
Sólidos heridos
Mira si yo te querré
Feria Internacional del Libro con novedosas recopilaciones
Isolda Rodríguez en la Academia
Un Festival que promueve la paz en Colombia
Cuatro nuevos autores
María Moliner se lava la cara
Nuevas reflexiones sobre nuestra historia
Coronel Urtecho, su in terpretación histórica y la independencia centroamericana
Iván Uriarte y sus Imágenes para Dalí
El pretexto de Guillermo
Fritongo Morongo: una novela excepcional
Ensayista George Steiner galardonado en México
El profundo silencio de la historia
La honrosa tarea de perpetuar Managua
El desierto de Texas
Fernando del Paso gana Premio FIL 2007
Managua volverá a tener corazón
George Orwell nunca fue un comunista ortodoxo
Los nuevos intelectuales
Managua en el tiempo
Pinceladas de Nicaragua
Murió el escritor Francisco Umbral
Entregan Premio “Miguel Ángel Asturias” a Mario Roberto Morales
Banco Central convoca a concurso de narrativa joven
Las máscaras del texto
Perturbados por la nostalgia
X Feria Internacional del Libro en Centroamérica
Poemínimos completos I
Nueva generación de escritores latinoamericanos invade Bogotá
Recorrido cultural integral en Banco Central
Vargas Llosa, Pérez Esquivel y Mario Molina en Fórum de Monterrey
Desconexión editorial y creación universal
Jóvenes escritores creen que literatura extranjera los alimenta
Las 100 novelas para siempre del siglo XX
La fortuna de Matilda Turpin
Las pesadillas de un Patrimonio Cultural
Los héroes del algodón
Salomón de la Selva en una carta de Gabriela Mistral
Fritongo Morongo ¿la novela del Oriental?
Elecciones indirectas y disputa de poder en Nicaragua
Tierra sin tiempo, de Álvaro Urtecho
Tres comerciales para probar las carencias de Youtube
Bodegón de la luna
Relatos vertiginosos
Sandino e Idiáquez en el último libro de JEA
Un clown tras bambalinas
La aventura llegó a su fin
Al otro lado del San Juan
Ratatouille y otros gozos subversivos
Los Simpsons y el mito del calentamiento global
El Nobel para Ernesto Cardenal
En la ciudad de la furia
“Terminemos el cuento”
La Fantasma
Descolonialidad: el regreso de la emancipación
Comentarios al libro libertad y socialismo
Una ofrenda de palabras
Y la historia se hizo carne
Máscaras, muerte y escritura en Tierra sin tiempo
Viva la Lengua
Los vicios de nuestra administración pública
“Pensar sintiendo y sentir pensando”
El sonido de los aromas
Imagen e imaginación inodoras
Cultura Viva
El Despertar
Los dominios del aprendiz
“La poesía es una lógica inalienable”
Bibliografía rubendariana de los últimos diez años
Chaplin: el dolor de reír
Una forma de novela y de ser feliz
Elena Poniatowska gana el premio Rómulo Gallegos
Luz y sombra del desierto
Narrativa de la nación desde el arte y la cultura
Roberto Bolaño o la libertad de escribir
Escenarios
Diccionario del Español de Nicaragua
De arcángeles y otro querubines
Pasando revista
De Sócrates al compromiso de Zea
Lección inaugural de la armonía
El tren
Fotografía de Elena Poniatowska
México inaugura muestra jamás reunida de Frida Kahlo
El jardín de la señora Murakami
Ritual de piedras y maderas
Tercera edad, llegó la tarde
Escribir tras los tiempos revueltos
|