Lección particular
Para Ilse, Artista David Ocón
Charneles, esquirlas, tubos, cubos, púas, metales como metáforas visuales de cuerpos cuidadosamente heridos con precisión y limpieza de bisturí, pulcritud para incidir en los planos, abrirlos y dejarle a la luz su posesión plena entre las sombras.
Si el verbo fuera trozar, cortar, rajar, la lectura de la obra quedaría mutilada, pero herir convoca la presencia de la carne, de la piel y los muslos expuestos conformando una simbología paralela amplificada desde la humanidad de la artista al territorio nacional, ambos como entes sólidos, duros, fuertes y, sin embargo, expuestos a avatares de ultrajes y laceraciones.
María Félix, La Doña, encarnó en México al marimacho sublime devuelto en vivo al país sumun del machismo, nuestra Ilse precisa, muestra su virtud en materias elementales interviniéndolas con sabiduría por la acumulación de experiencias vitales y del color y las texturas, de suerte que al contacto luminoso vibran y suenan casi cinéticas. Le Parc hubiera visto satisfecho el disco que gira y flota en la retina y el Zurbarán sin duda en los tonos de tierras que adensan los fondos penumbrosos desplegaría los mantos de sus santos, pero basta de repetir poiesis prestada.
Santa Leocadia oyó decir al Arquitecto Mies van Dër Rohe, “menos es más”, Ortiz de Manzanares depuró, decantó, se fue despojando de todos sus exquisitos artificios, tiró el esmeril, las pastas abrasivas, el punzón, los buriles y dejó que los prismas sólidos salieran desnudos de las superficies, de su dimensión enclaustrante y laqueados en las gamas monocromas del blanco hueso, ocre gris y cerúleo metálico se instalaran como objetos absolutos, solos y contundentes, Don Gustavo no quería que los expusiera, craso error que hubiera menguado el disfrute de la obra inserto en ejemplo de honestidad, de conciencia profesional, de enseñar cómo un trayecto, un camino desbrozado se bifurca en otra ruta, en un nuevo punto de partida y ello sin menoscabo del recorrido anterior, magnífica sorpresa que nos soslayó el montaje porque desde un inicio percutía la palabra escultura, pintura de, sobre, objetos escultóricos, tridimensionalidad muy tangible en las dos extensiones y la lógica implacable de este juego, sus reglas exactas fueron propiciando la penetración al espacio con planos interceptados, cortados en la base, produciendo una sombra firme, ritmos plegados con la coloración y los bruñidos cada vez más simples, más neutrales, hasta arribar a su pureza integral, sólo expuestos a los reflectores para que los medios externos los apropien.
Y puesto que Alicia salió del espejo, la esperan los vestíbulos, las plazas y los parques, la escala urbana de los espacios públicos, colectivos y comunes donde el aire rodeará a sus objetos por todas partes y los perjúmenes carísimos de las damas de la burguesía se disipan o ahí no llegan.
Posdata evidente: cubismo no es pintar cubos, la intención de Ilse ha sido emotiva, pasional, no es disponer la visión múltiple del objeto como plantearon sus colegas Picasso, Braque y Juan Gris.
Managua, 6 de Octubre del 2,007.
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