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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 01 de Julio de 2007 - Edición 9655
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El crack no tiene pintor

Sólo pregunto: ¿Cuál de las obras es más auténtica, original, dinámica, dramática y evocativa? Y no hablo de precios, ya que éstos están regulado por otras leyes --incluida oferta y demanda--, más una adecuada promoción, hablo de arte en sí, y de lenguaje expresivo novedoso.
Otro ejemplo singular sólo para el ojo atento.


El crack no tiene pintor - Foto
Autor Raúl Marín

Decía José Martí: “El sol tiene manchas, los agradecidos hablan de la luz, los malagradecidos hablan de las manchas”. La Biblia nos dice, en proverbios 17-9: “El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo”. De estas dos citas memorables parte esencialmente este artículo para de algún modo aclarar mi posición en toda esta polémica que ha suscitado mi acercamiento a la vida y la obra del pintor Raúl Marín.

En la entrevista que le realizó la revista Magazín al padre de Raúl Marín se cuestionó mi trabajo y se me acusó de explotar a este artista. Quiero apuntar que no soy el único comerciante de la obra de Marín, pues hay suficiente obra de él en el mercado secundario. Mis intenciones siempre fueron, además de vender su obra, ser su promotor, cuestión que logré con mucho esfuerzo con la retrospectiva que se realizó de su trabajo; esta satisfacción se vio coronada de grandes avances cualitativos en la pintura de este artista, cosa que con anterioridad nunca había logrado. Doy gracias por esto, primero a Dios que me dio la tenacidad de llevarlo adelante y a todos los que colaboraron en este empeño. Aunque muchas personas, incluso amistades no entendieron mi decisión, y hasta mostraron su incomprensión cuestionando la calidad de su obra o argumentando que debido a su adicción era una persona conflictiva e inconsistente, los riesgos que suponía este atrevimiento yo estaba dispuesto a asumirlos. Tengo la tranquilidad de haber trabajado primero para Dios; en segundo lugar, para gloria de Nicaragua y en tercero, para el artista, sin esperar nada a cambio, más que la satisfacción de ayudar a muchos, intentando salvar, al más inadaptado de los genios o al genio de los más incomprendidos.

Raúl fue para mí un dilema ético ante el cual tenía dos opciones: una, cerrar los ojos y seguir, como me aconsejaron muchas personas, que quedaron frustradas en el empeño por librarlo de su mal, y la otra, tenderle mi mano. Considero que el único que ha explotado a Raúl ha sido su propia enfermedad, de la cual es víctima y no responsable; del resto se encargaron las frías leyes del mercado.

También quiero puntualizar que el ingreso de Marín en el Hospital Militar para su operación maxilofacial y su posterior recuperación, no fue gestionado por su familia, como refiere Magazín, sino gracias a la oportuna e indispensable gestión del comandante Tomás Borge, quien además le entregó personalmente al recién electo presidente comandante Daniel Ortega una carta del pintor en la que le solicitaba a éste ingreso gratuito en La Habana, para su recuperación de una marcada adicción a las drogas.

Por experiencia propia he sabido que “hacer lo mismo, esperando resultados diferentes es locura”, simplemente entendí que no se puede cruzar un río contra corriente, ya que sería como romper una muralla a gritos, y debía seguir la tangente, proponerle a este artista una vida presente para que pudiera visualizar su futuro, y a su vez aprovechar para estudiar sus técnicas, probar sus capacidades y tratar de exponerlas ante su país y el mundo. En la revista Cultura de Paz (núm. 40, julio-octubre 2006) la cual considero la publicación cultural más seria de Nicaragua, y que ha colaborado activamente en la divulgación de muchos artistas, el crítico de arte Anastasio Lovo, con una erudita y sabia crítica especializada realizó un trabajo titulado “Naturaleza y Sobrenaturaleza en las nuevas series de Raúl Marín”, donde muy acertadamente entrelaza la vida del artista con un presupuesto de Fitzgerald, y homologa su obra con postulados de Lezama Lima, de forma muy novedosa y creativa. En la misma puntualiza: “A partir del encuentro con un Ángel tutelar del absolutamente necesario apoyo maternal, encontramos un prodigioso renacimiento en él.” Este artículo ha sido publicado también en el Nuevo Diario el domingo 21 de enero de 2007, simultáneamente a la Primera Exposición Retrospectiva realizada en el Banco Central de Nicaragua, humilde esfuerzo por tratar de clasificar la obra de este pintor.

Valen las comparaciones

Algunos críticos y público en general han tachado la obra de Raúl Marín de europeísta, producto de su formación pictórica, la cual se llevó a cabo, en su mayor parte, en Italia. A continuación muestro dos obras, la primera del maestro Tomás Sánchez --uno de los principales exponentes del hiperrealismo mágico de Latinoamérica--, y la otra del maestro Raúl Marín, cuyas temáticas conceptuales no tienen relación con el campo cubano ni con el nicaragüense, ya que en ninguno de los países existen los objetos de obra (tornados) que constituyen el núcleo energético de la composición, que, como debe ser, hablan por sí solos.

En este detalle logrado casi monocromáticamente --cuyas degradaciones del óleo están sólo dadas por la espátula que saca hasta el blanco del propio lienzo, vemos una técnica tan bien lograda, que sutilmente se integra a la composición central sin afectar absolutamente su balance, formando todo un teatro de naturaleza viva, llena de acciones paralelas que se anexan a la lectura central sugeridamente realista-- se ejemplifica una vez más la originalidad en la obra de este maestro de la espátula y la paleta.

¿Posmodernidad o existencialismo sin héroe?

A veces me pregunto, qué pensaría Jean Paul Sartre si hubiera conocido al cantautor español Joaquín Sabina o al pintor nicaragüense Raúl Marín. El dramaturgo alemán, Bertolt Brecht, por ejemplo, en su pieza teatral no tendría necesidad de hacer que Galileo Galilei se retractara, ni de categorizar “al antihéroe”, porque de todas formas la Tierra gira alrededor del Sol.

La forma en que los medios de comunicación tratan de abordar, con la mayor “honestidad posible”, la sordidez de nuestras realidades, sumado a la necesidad imperante de vender, responden a diferentes teorías sobre comunicación social y psicología de multitudes, donde poco a poco se van perfilando subliminalmente las preferencias por los gustos de los pueblos, estos medios a su vez se integran a su idiosincrasia y de esta forma se perfilan las preferencias de los diferentes sectores sociales según su educación, sus credos o la ausencia de ellos.

En la Alemania nazi, por ejemplo, su jefe de propaganda Goebbels decía: “Hablen mal que algo queda”. Sin embargo, esto le hizo efecto boomerang, porque hay algo que aunque no esté erigido en ley existe fuera de ella, y es mucho más extensivo: se llama ética, y si hay una verdad ético/histórica, que enuncia HONRAR, HONRA, entonces, por añadidura debemos suponer que DESCALIFICAR, DESCALIFICA.

Entiendo que la tristemente célebre posmodernidad es un intento de fuga honesto, pero desafortunado, a la hipócrita y decadente modernidad y al excesivo racionalismo, donde nadie cree en nadie, donde la simulación es el orden del día, y el individualismo egoísta adquiere dimensiones insospechadas, con el posterior e inevitable vacío existencial que de ello deriva, cuya única respuesta satisfactoria es el amor, y el amor a Dios como expresión suprema.

La posmodernidad, sentenciada a muerte en su propia génesis, ya que todo debe tener precedente y ulterior, es casi una exclusividad del mundo desarrollado, que tiene el lujo de no tener hambre. Cuando esto se extrapola a los medios de comunicación de nuestros países pobres y hambrientos, el resultado solo se le pudiera comparar con un animal llamado ornitorrinco, a falta de otra analogía más apropiada, ya que no es pato ni es castor y su espolón es más venenoso que mordida de serpiente.

“Muéstrame un héroe y escribiré una tragedia”, puntualizaba literalmente Fitzgerald. Yo digo, muéstrame tu antihéroe y escribiré un poema. Cada uno defiende y promueve los valores del tiempo que le toca vivir, y en los que cree. Hace sólo un tiempo atrás, Francis Fukuyama repetía iracundo, que estamos entrando en el fin de la historia del mundo; hoy, Ortega y su pueblo, abren el tomo segundo.

Como cristiano, oro porque el ejemplo del gobierno, de unidad y reconciliación nacional, se convierta en universal; oro, por la moderación de saturno... Oro y tengo fe en que Dios propiciará el diálogo latinoamericano y del Caribe, como única alternativa viable a la supervivencia de nuestros empobrecidos pueblos en los tiempos que se avecinan, donde se sabe el precio de todo, y el valor de nada; oro además, por mis enemigos, que por cierto, no tengo el gusto de conocer, y estoy seguro de que no me conocen.

Y tranquilo Sancho, son sólo gigantes; lo que me extraña es que ¿sólo se mueven, cuando corre la brisa?
La práctica cristiana es el único criterio valorativo de nuestra fe.

Evolutivamente os amo a todos.

Boris Martín Santamaría




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