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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 08 de Julio de 2007 - Edición 9662
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Una forma de novela y de ser feliz

(Todas las familias felices, de Carlos Fuentes)


El escritor mexicano Carlos Fuentes (1928) publicó en julio de 2006 una obra titulada Todas las familias felices. Dicen es novela, el libro no lo afirma ni lo niega, percibo pueden ser relatos sueltos, entonces recuerdo la nívola que Miguel de Unamuno (España, 1864-1937) menciona a través de su ficción en Niebla (1914) y de la antinovela acuñada por el escritor Julio Cortázar (1914 – 1984) en Rayuela (1963), con la recomendación de ser leída en cualquier orden, saltándose capítulos del relato prolongado cuyo hilo conductor fácilmente se pierde o no existe.

Me queda claro que en el mundo de la creación literaria es absurdo etiquetar las obras en categorías o incluirlas en una corriente determinada, porque finalmente todo se reduce al placer de leer, a las motivaciones despertadas en la lectura, las nuevas inquietudes aflorando y a esa contribución indescifrable que lo leído proporciona al entendimiento del mundo que nos rodea, de su gente y de nosotros mismos. Quien escribe nunca piensa si está suscrito a una corriente u otra, si se etiqueta en una categoría o género específico, simplemente lo hace como un proceso libre (en lo posible), un acto de desahogo y soledad, de reinterpretación y curiosidad asomándose por la ventana, destapando una caja o levantando una piedra, apartando el telón para describir cuanto se ve desde su propia subjetividad. Por eso dejo a quienes quieran perder el tiempo en el asunto demostrar que lo escrito por Fuentes es o no novela y busquen el estante en el cual quieran colocarlo.

La obra incluye dieciséis relatos subtitulados y seguidos, cada uno, de dieciséis escritos con el título de “coros”, a manera de prosemas, recreando la historia de una familia o grupo de personas de la sociedad mexicana. Y éstas, como la sociedad aquella y la nuestra, según vemos en nuestro entorno no es homogénea, está llena de convulsiones y particularidades, siendo felices o infelices de manera distinta, en las cuales “caras vemos, corazones no sabemos”. Un concepto de familia entre las composiciones y matices más diversos, bajo la máscara y el disfraz, unida y separada por el rechazo y la atracción, la dependencia y la libertad, la tolerancia y el desafecto, el afecto y la complicidad, la costumbre y la necesidad.

Hay aquí una multitud de familias representándolas a todas, lo común es haber encontrado una manera de existencia, un vínculo que las une y separa en la intermitencia de las realidades humanas y las contradicciones inacabables y evolutivas del individuo, navegando en tempestades propias y colectivas. Lo común es que son distintas, acomodadas y buscando interminablemente, dañando y arrepintiéndose, moviéndose en la rutina, despertando y resignándose.

Una familia tiene muchas definiciones, el diccionario de la Real Academia Española incluye varias acepciones, las primeras de ellas: “Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas” y “conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje”. El ser feliz muestra un universo de íntimos e indescifrables conceptos en dependencia del momento de cada individuo, aunque es común, que al final del camino muchos se den cuenta del valor de lo simple, como lo reconoce al borde de la muerte Adriano, el emperador romano y en Cien años de soledad se afirma del Coronel Aureliano Buendía: “…había tenido que violar todos los pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el mutador de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad”. Y es que todo parece indicar, aunque se descubra tardíamente en el epílogo de la vida, que lo más cercano a la felicidad requiere la condición de la simplicidad.

Cuando hablamos con otros, sobre otras familias y se ve la propia o la próxima, se encuentran mezclas diversas, realidades imitables, sorprendentes y rechazables, cada una es un mundo y todas, como en Todas las familias felices, unidas por las diferencias de su existencia compartida y la felicidad no encontrada o quizás en el fondo conservada intermitentemente.

En este libro, en una familia el padre es un profesional del “guiño”, el gesto de cortesía o complicidad, después de años de honradez, cayó en un instante con el montón; la madre fue cantante de boleros, los hijos la rechazan por lo mismo que ella rechaza al padre, la hija, una bonita joven, no soporta las insinuaciones que la acechan, el hijo sigue los pasos del padre y terminó también enredado en el soborno. En otra familia el padre viudo quiere para sus hijos, Lucas, Juan, Mateo y Marcos, el sacerdocio, ellos aparentan cumplir la voluntad del padre, pero cada quien se gradúa en una profesión, el padre reconoce “los cuatro quisieron engañarme… me salieron rebeldes, tal y como yo mismo lo quise…”
Un hombre se ha casado con una mujer bonita, conoce a una prima fea en un funeral, en ambos se despertó la pasión. ¿Quién determina las leyes de la fealdad y la belleza? La pareja junta conserva un amante para estar parejos, “porque en la mentira puede haber amor”. La madre reclama al asesino de su hija haberle causado muerte y el hombre, un indio, percibió humillación, la discriminación de siglos, por aquella joven de quien pensaba nunca podría poseer. Una mujer de edad, de joven volvía loca a los hombres, fue recogida en una redada, su hijo se ha vuelto delincuente, el padre ya no los recuerda.

Un hombre en la vejez de solterón empedernido, encuentra al amor de su juventud quien tampoco lo olvidó, ella de alta posición hizo su familia, a ambos los obligaron a separarse. El padre, un militar honorable, uno de los hijos se ha alzado en armas, el padre lo busca para no encontrarlo, si lo captura, tendrá que fusilarlo. Cierta pareja de homosexuales construye una familia fiel y estable, hasta cuando uno de ellos, a los sesenta años, se encuentra a un hombre joven. La esposa del Señor Presidente soporta en silencio toda la vida de la carrera política del marido, quien no tiene amigos, solo cómplices; el hijo de ambos hace gala del poder presidencial.

Un cura de pueblo cuida a su sobrina y ahijada, hay dudas sobre el carácter de aquella relación, el sacerdote cayó de un precipicio según la joven informó. La mujer casada reafirma a su amante su amor… Un galán de cine en su apogeo conoce a una actriz nicaragüense, de esa relación nace un hijo deforme, ella lo abandona y el actor termina cargando con el hijo cuando ha pasado la gloria. Un hombre adinerado queda viudo, recibe al huésped indeseado de su hermano indigente treinta años después, los empleados de casa durante esos días reciben beneficios a través de su medio, cuando el pordiosero se fue, algo nuevo quedó en casa. Las tres hijas se encuentran, a pesar de que se desprecian, para conmemorar el aniversario de la muerte del padre: avaro, tirano, amoroso, dulce, según el punto de vista de una u otra, y quien exigió conservar esa práctica por diez años para percibir la herencia...

Cuando te quejas de la familia que tienes, si ese fuera el caso, con la cual vives bajo la amplitud de conceptos que las interpretaciones den a dicho término, y te lamentes de lo faltante y te ilusiones con cuanto hubieras preferido, no será difícil encontrar otra diferente y fácilmente reafirmar tu preferencia por lo que tienes y hasta enorgullecerte por lo que a veces no valoras suficiente y, a pesar de todo, estarás obligado a agradecer a quienes hicieron posible que así fuera.

Managua, 1 julio 2007.




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