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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 22 de Julio de 2007 - Edición 9676
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Llegamos pobres y nos vamos ricos

Emprendedurismo y actitud mental


Emprendedurismo y actitud mental - Foto

Llegamos pobres y nos vamos ricos. Esa frase sintetizó el sentimiento y valoración que hicieran los productores de cacao de la zona de Boca de Sábalos sobre la experiencia de capacitación que compartimos durante tres días.

No piense usted que después de la capacitación, aquellas personas se marcharon a sus comunidades con más dinero o riqueza material de la que llevaron. No; lo que estaban expresando era la esencia del cambio de actitud experimentado y la certidumbre de que la revalorización de su potencial empresarial les deparaba un mejor futuro económico y social.

Boca de Sábalos es un municipio del departamento de Río San Juan. A él se llega embarcando en San Carlos y navegando entre dos a cuatro horas sobre el río San Juan, según se vaya en lancha rápida o en lancha de pasajeros. También se puede llegar por tierra, pero es tan malo el camino que el río es el más utilizado.

Humildes campesinos

El primer día del encuentro, cuando cada uno de ellos se presentó en el colectivo, casi la totalidad se definió como humilde o pobre campesino. Posteriormente, en el desarrollo de la capacitación, cuando nos encontrábamos cada mañana y les saludaba preguntándoles cómo estaban, respondían: “Regular, gracias a Dios”, “más o menos”, “allí como Dios quiere”.

El tono de sus voces: mínimo, opaco y en ocasiones hasta inaudible, reforzaba la frase “allí como Dios quiere”.

Otro detalle significativo era la manera de jugar con sus manos al hablar, y el porte adoptado en sus intervenciones. Aun estando de pie, parecían intentar hacerse invisibles a los demás. No había duda que estaba ante gente muy pobre. Claro, siempre en un grupo hay tres o cuatro que se diferencian y tienen actitudes de liderazgo. Uno de ellos tuvo tal nivel de participación desde el primer momento en que nos conocimos que me supuse debía ser de los más preparados. Cabe mencionar que en el curso había desde analfabetas hasta un muchacho que recién ingresó a la universidad.

Cuando nos fuimos conociendo un poco más, me percaté de que cada una de las familias asistentes tenía una pequeña finca y había recibido cursos técnicos para especializarse en el cultivo del cacao, fruta que en el trópico húmedo se cosecha con excelente calidad y productividad. Cinco manzanas de tierra era el capital de quien menos tenía; además de cacao, estaban sembrados plátanos, granos básicos, también tenían alguno que otro animal de tiro o vacuno y, por supuesto, las infaltables aves de corral. Pero… ¿mencioné la palabra capital?
Bueno, ya que la mencioné quiero que sepan que la palabra capital se volvió clave en nuestro encuentro, pues ella nos condujo a conocer otra mucho más importante: ACTITUD. Más adelante comprenderán el porqué.

Campesinos, capital y actitud

Por alguna razón que desconozco, la palabra campesino es en nuestro país sinónimo de pobre; lo mismo sucede con el concepto pequeño productor. Esto es lamentable, porque al utilizarse de tal manera se está reforzando la creencia de que aquel que no tiene jugosas cuentas bancarias o miles de cabezas de ganado es una persona pobre. Es por esa razón que estos productores se presentaron el primer día convencidos de ser pobres y humildes campesinos.

Al entrar en materia y en confianza, les mostré un vídeo que Carlos Fernando Chamorro pasó hace algún tiempo en su programa dominical, titulado “Los vendedores de los semáforos”. En dicho documental se muestra crudamente la vida, riesgos y penurias de quienes se ganan la tortilla de cada día respirando gases tóxicos, exponiéndose a ser atropellados por los vehículos y en muchos casos a ser humillados por personas sin sentimiento social. A los miembros de mi audiencia les impactó aquel vídeo, pues algunos no conocen la ciudad de Managua y tienen de ella una imagen no muy clara.

Les pregunté si cambiarían sus vidas por la vida de los semáforos y no hubo una sola persona que dudara en decir: “De ninguna manera”. Otros ya habían estado en la ciudad y conocían la realidad de los semáforos. Éstos reafirmaron sentirse contentos en sus fincas cacaoteras, aunque caminen varias horas para llegar a un camino donde pasen vehículos de transporte. Uno de ellos dijo: “Ni quiera Dios que mi mujer anduviera allí en las calles y cualquiera me la manoseara. Ella está en su casa, allí manda, tiene sus animales y no necesita andar en esas calles”. Tal vez alguien pueda calificar tal expresión como machista, pero la verdad es que aquel hombre estaba orgulloso de que su compañera no tuviese necesidad de trabajar de esa manera tan arriesgada.

Acto seguido lancé estas dos preguntas para iniciar un debate:
T ¿Por qué un campesino de Costa Rica cultiva en una manzana de tierra una cantidad y variedad de productos y los nicaragüenses para hacerlo necesitamos más tierra que ellos?
T ¿Creen ustedes que en El Salvador es tan fácil como en Nicaragua adquirir cinco manzanas de tierra como ustedes lo han hecho?
Al finalizar el debate se concluyó que la pobreza que muchas veces se argumenta es más un asunto de ACTITUD que de pobreza real. Que los campesinos como ellos tienen un capital, que son sus tierras, sus cosechas, su trabajo. Que tener dinero en efectivo no es sinónimo de capital. Que disponer o no de efectivo es un asunto de programación empresarial que cada uno puede construir.

Por mi parte, recuerdo que les insistí en que la palabra tiene poder, que las palabras que más pronuncian nuestros labios terminan llevándonos a los resultados, positivos o negativos, que nosotros mismos evocamos a cada momento, a veces sin darnos cuenta.

Empresarios agrícolas

Es importante señalar que una vez que avanzamos en nuestro programa, más y más se tomaba conciencia del potencial empresarial que poseían las y los participantes, tanto así que en la presentación de varios de los ejercicios grupales realizados hubo expresiones como las siguientes: “Estimadas empresarias y empresarios agrícolas de este municipio”, “En esta asamblea de negocios”, y otras frases que denotaban un cambio de perspectiva.

Para ilustrar el potencial que tiene el cacao en el mercado nacional e internacional, baste decir que cada quintal vendido dentro del país tiene un precio promedio de C$1,400 (mil cuatrocientos córdobas) y el rendimiento por manzana va desde cuatro hasta nueve quintales.

Adicionalmente es importante señalar que el déficit mundial de cacao para el período 2006-2007 es de 103,000 toneladas. Es decir, el mercado del cacao es un mercado en expansión, los compradores abundan y son relativamente pocos los productores.

A nivel de conclusión y utilizando esta experiencia, creo que para tener una población con visión de éxito, cambiar la forma de ver la vida es una tarea de primer orden. Muchas veces ocurre que estamos sentados sobre minas oro, envidiando la suerte de quienes apenas poseen baratijas de fantasía. Cambiar de ACTITUD es fundamental para cambiar nuestra calidad de vida.

Algo que no debo dejar a un lado es el cambio en el saludo habitual que experimentaron nuestros amigos y amigas empresarias agrícolas. Las palabras “más o menos” y otras similares desaparecieron y en su lugar utilizaron los términos “bien” y “muy bien”. Otra cosa, ¿se acuerdan del campesino del que pensé que tenía el mayor nivel de preparación? Agárrense de la silla: no sabe leer; pero su reto, después de esta capacitación, es iniciar su alfabetización a la brevedad posible. ¿Y saben qué? Él fue el que dijo la frase con la que titulé esta página.




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