La historia de un ex niño de la calle, Ricardo Madrigal Del infierno a Los Quinchos, y de ahí a Cuba
Edwin Sánchez | esanchez@elnuevodiario.com.ni
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| Oscar Cantarero / END.- Ricardo Madrigal, el joven que enderezó su vida a tiempo. |
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A los cinco años de edad, Ricardo Madrigal fue empujado a la calle porque ya no soportó a la hermana diez años mayor que él: le quemaba los pies. Su madre, lejos, vendiendo en el Oriental, no podía hacer nada, y ¿su padre?
Ricardo no supo nada de la existencia de su progenitor hasta los siete años. En una de esas llegadas sorpresivas que hacía a la casa, su mamá se lo presentó. Pero no hubo ningún afecto: parecía que al niño le presentaban a un poste de luz y al padre como que le entregaban un bombillo roto.
Para entonces era uno de los niños que pasaba su temporada en El Callejón de la Muerte, en el Mercado Oriental, donde logró integrarse a una pandilla con 50 muchachos dedicados al hurto y a la amenaza.
Estamos frente a un joven de 25 años. En 1987, a los cinco años, prácticamente inauguró la nueva modalidad de los “los niños de la calle” que se aceleraría en los 90, con la desarticulación de la Revolución.
Ayudaba a las amas de casa en sus compras y ellas le retribuían con algún córdoba. Con lo conseguido en la mañana, se iba a las comiderías. “Yo escalé del Mayoreo hasta La Piñata (quedaba frente a la UCA), el Huembes, pasé al Oriental y luego a Bello Horizonte”.
El salto de una época a otra fue dramática. Entre los cinco y los ocho años de edad vio los cambios en las calles. Era un chavalo sin hogar por el maltrato, y después estrenó un país sin Revolución desde esas mismas calles donde antes nadie lo maltrataba. Robar para sobrevivirDe sus comienzos dijo: “Éramos alrededor de seis o siete chavalos. Nos dedicábamos a pedir, porque la sociedad no te humillaba, como ahora sucede con los niños de la calle. No había vendedores en los semáforos, pedíamos, más que todo, no robábamos, pero con el tiempo empezamos a robar. Había más niños, la gente enviaba a robar a los chavalos. Ya nadie te daba, y si algo te trataban de dar... era una patada. Entonces te ves en la necesidad de robar para sobrevivir en la calle”.
El acento de Ricardo es cubano. Habla rápido. Moreno, delgado, también parece haber trazado su futuro. Mira hacia delante. Se ve formando familia y que su hijo no sufrirá lo que a él le tocó vivir.
¿Cuándo fue que dijiste, “ya no aguanto”, me voy a la calle?
Una vez, por problemas con mi hermana, diez años mayor que yo. Me quemó los pies. Me fui de la casa. Yo tenía cinco años.
¿En algún momento pensaste en el regreso?Iba y regresaba. Mi madre, que trabajaba en el Oriental y es evangélica, me inculcó el respeto a la familia. Pero dos meses después regresaba. Temía que me pegaran en la calle y regresaba, porque había también un poco de maltrato en la calle, te echaban pega en el pelo. Era como tomar un receso. Me recuperaba y retornaba a la calle.
¿Había más amistad en la calle que en tu casa?
Sí, se puede decir que sí. Desde que estaba en la calle yo dije: éstos son mis hermanos.¿Cómo empezaste a hacer amigos?Me encontraba pidiendo en un bar y veía a otro, y me hacía amigo. Luego conocía a otros, y comenzaba como una hermandad. Uno primero se acerca, casi jugando. ¿Cómo te llamás? “Roberto García”, y sabíamos que eran nombres falsos. Nadie te decía de dónde era, inventaban otro lugar. El asunto es que nadie daba pistas para que no te llegaran a buscar.¿Y tu padre?Mi padre es punto y aparte. Sólo tengo un apellido, el de mi mamá.¿Nunca viste a tu padre?Yo lo conozco de cara, pero nunca hubo un abrazo. Fue a los siete años. Mi madre me lo presentó: “Mirá, para que veas que no naciste de la nada, que no sos hijo de cualquier cosa”. Cuando tenía 12 años lo volví a ver. Fue muy frío. Carlos se llama. Ese encuentro fue por la Asociación de Los Quinchos, que quieren relacionarte con tu familia.
¿Podías conseguir desayuno, almuerzo, cena?
En un inicio sí, no había muchos niños. Era fácil, la gente confiaba en uno, ayudaba a las señoras a cargar el bolso; les ayudaba a hacer las compras. Te daban dos pesos. Luego ya no daban, entonces tenías que ir a robar aguacates, comprar un poco de tortillas, pedir un poco de café. Se iba dificultando todo porque había más niños. En las comiderías del mercado te echaban. Esto (de los chavalos) iba creciendo rapidísimo. La mayoría venía del norte y de otros departamentos. De Managua casi no había.¿Caíste preso? No, estaba pequeño, me detuvieron varias veces, pero como niño perdido. Me llevaban a la Policía, me daban de comer. Me daban un colchón para dormir y luego me llevaban a mi casa. Luego se vino cambiando el asunto, la Policía te retenía y te ponía a limpiar
Es que ibas creciendo.
Sí, ya tenía nueve años (1991), ya era por castigo. En la Cuatro me agarraban para ir a limpiar.
A los 10 años me retiró la Asociación de la calle.Su nueva vida en Los QuinchosSi Zelinda Roccia no hubiera aparecido en la edad turbulenta de Ricardo, la sola pregunta de dónde estaría hoy lo estremece. De sus correrías en el Oriental pasaba a Ciudad Jardín, donde la italiana alquilaba una casa. Como él se mantenía en el parque, cuando la vio, le pidió un peso. “Se ríe de mí ahora, me hace el show”. El joven fue uno de los primeros que ella conoció para su proyecto Los Quinchos.
Hasta ese momento, lo único que cargaba, además de su vestimenta, era el rencor. “Me gustó la forma en que me trataban. No había aquello del que es más grande te pegaba. Había más respeto”.¿Cómo te incorporaste?Por la mañana visitaba el proyecto y por la tarde la calle. La Asociación no tenía los recursos para sacarte del ambiente. Para entonces no queríamos seguir oliendo pega. Conocimos el cariño de madre en Zelinda. Le pedíamos que si podíamos dormir dentro de la casa del proyecto, que no queríamos más la calle. Yo ya empecé a recuperarme, comencé a estudiar en mi casa, hacia donde ella me llevó.
Un día llegó a mi casa y me dijo que había comprado una finca en Carazo, que las puertas iban a estar abiertas para mí, aparte que allí iban a estar mis compañeros. Mi madre me dijo: “Si querés ir, andá, porque si te digo que no, de todos modos te vas a ir, sos un rebelde”.
Comencé a estudiar desde el primer grado en una escuela pública del barrio. Tenía diez años. Me fui de la Asociación a los 18 años, alquilé un cuarto y me integré a la sociedad totalmente. Ahora trabajo como promotor, artesano, educador.¿Qué haces?Ahorita estudio en Cuba Educación Física. Dentro de la Asociación como vocación me dediqué a las hamacas, a ser artesano, y me dedico a la enseñanza. Muchos han pasado por mis manos y son profesores de otra generación más pequeña. Esa es la idea, que uno siempre le esté enseñando a los demás, hay muchos que están en la calle y le enseñan a los niños de la calle arte manual.
Hace cuatro años Ricardo viajó a Cuba y ahora se encuentra de vacaciones. Retornará en octubre para dedicarse a las prácticas, en una escuela de especialización de deporte. Después presentará su tesis.“Seguiré estudiando”No quiero dejar de estudiar, aseguró Ricardo Madrigal. Quiero seguir superándome, nunca es tarde. A mi edad, 25 años, ya fuera un licenciado si hubiera comenzado temprano, pero no me arrepiento, esto me ha dado mucha experiencia. Quiero además formar familia.
Cuando ves a un niño con pega, ¿qué sentís, que venís de ese mundo?
Me da un gran pesar, por los padres, por él, porque el día de mañana, si sigue en ese camino, hay tristes ejemplos: tengo compañeros, hermanos de mi edad, y mayores, que tienen años de oler pega, que están quedando locos.
¿Qué pasó en tu vida curva que lograste enderezar y ellos siguieron cada día atraídos por el mal?
Creo que es fuerza de voluntad, de ganas, de deseos de superación, porque a todos nos han brindado la misma oportunidad. Zelinda nos quiso a todos igual, ella nunca dijo a vos esto, a vos no; si hay una naranja se la comen entre todos o no hay naranja para nadie.
Es decisión de cada quien forjar el carácter de uno, aparte del nivel de vagancia que uno tenga, eso influye mucho. Lo mío era mucho más fácil, el hecho de decir que no era vagancia, era como hobbie, mientras otros eran mayores, tenían 13 años, habían pasado más tiempo en la calle, oliendo con más frecuencia la pega, eso atrae más hacia el vicio.
¿Qué recomendación darías a los padres para que su hijo o hija no le salga así?Comprensión, mucho amor, fijate, porque lo principal que al hijo le hace falta es comprensión, bastante comunicación. Ahora el niño no comienza desde los cinco años en la calle, sino de 12, 13 años, que ya saben, han estudiado. Tal vez el padre le puede dar de comer, ofrecer muchas cosas, pero este niño lo hace porque “mi padre no me comprende, porque me pega por cualquier cosa”.
Muchas veces no se nos dan esas cosas, comprensión, amor, un poco de ternura: es una combinación bastante complicadita, porque el padre debe trabajar, no tiene tiempo, y hay que darle el tiempo debido al hijo, porque si lo descuidamos, se nos va de las manos.
¿Si no hubieras hecho un alto en tu vida, dónde estarías ahora?
Está dura esa pregunta, pero ya me he puesto a pensar. Yo creo que en mi casa. A mí no me gusta el maltrato, me fui por eso, y la calle está dura. Ya han muerto muchos de mis amigos, por pandilleros. Desde que tenía diez años me comenzó a cansar la calle. Ya no me ofrecía lo que yo quería de ella. Pero puede ser que no quite la otra variante: que hubiera quedado en la calle, hubiera estado como los otros. Pero en una cárcel no creo. No tengo ese nivel de agresividad, soy más pacifista. ¡Que haya matado a alguien, a ese nivel no!
Comentarios de nuestros lectores irene
Felicidades ricardopor tu superacion, ojala que se siempre tengas ese deceo deayudar a otros, jóvenes y niños de la calle, tenes toda la razón cuado decis que los niños nesecitan amor, nosotros como padres de familia somos los obligados a dar comprención, Amor anuestros hijos, en nuestro hogar, por muy humilde quesea por muy cansados quelleguemos a casa, pedirle a Jehova, que nos de pasciencia para con nuestros hijos, aydarles Amor como el nos Ama y siempre nos perdona, porque en la calle ay muchos demonios d
syzygian1
Antes que nada: Mis respetos y felicitaciones para el joven Ricardo Madrigal, es Ud un ejemplo vivi de que "sí se puede !", lo vuelvo a felicitar. Luego me comunicaré con Nuevo Diario para ofrecerle mi mano amiga y ayudarlo para que Ud pueda ayudar a otros. Se lo merece! Mis respetos van también para la honorable Sra Italiana que lo supo ayudar. Tiene razón, el amor de los padres es muy primordial para el desarrollo de un buen ser humano.
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