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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 22 de Julio de 2007 - Edición 9676
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La Autonomía y su importancia

La realización de la autonomía es una necesidad imprescindible, y cualquier situación o acto que la interrumpa o bloquee es, utilizando un término aristotélico, “contra natura”


La Autonomía y su importancia - Foto

Los procesos de crecimiento, maduración y desarrollo de los seres humanos han sido y siguen siendo estudiados por la sicología para entender esta espléndida y asombrosa forma de vida superior que somos.

Los expertos denominan desarrollo al cambio sicológico sistemático que se da a lo largo de la vida.

Uno de los objetivos, por no decir el objetivo del desarrollo humano, es crear un individuo independiente y autónomo.

A diferencia de las otras especies, la humana, al momento de nacer, y hasta muy avanzada edad, necesita de cuidados para sobrevivir y para llegar a desarrollar todas sus potencialidades.

Todos hemos observado que otras especies poco tiempo después de su nacimiento están aptas para la vida sin los cuidados que los seres humanos requerimos en esa etapa.

Esto nos hace duales, de ser tan vulnerables en la infancia y la adolescencia, nos convertimos tiempo después en el ser dominante en la escala animal

¿Cómo es esto posible?

Lamarck, Darwin y los genetistas han propuesto teorías que aunque en algún momento se contraponían, han adquirido, como todo en el universo, la capacidad de la complementariedad.

La Iglesia Católica, antes opuesta férreamente, ha aceptado en cierta medida la teoría de la evolución, sin menoscabo de la aceptación de una precognición superior y divina que, como dijera Einstein, “no juega a los dados”.

Al hablar de desarrollo en cualquier dimensión, el hombre --capaz de realizar los actos más sublimes y los más abominables-- debe ser sin lugar a dudas el centro de toda nuestra atención.

La realización de la autonomía es una necesidad imprescindible, y cualquier situación o acto que la interrumpa o bloquee es, utilizando un término aristotélico, “contra natura”.

La autonomía es un resultado deseado, pero también es un proceso en sí.

Desde las primeras etapas de la vida cada logro, cada capacidad desarrollada, cada habilidad aprendida, cada reto superado es un paso de esta cadena infinita de potencialidades humanas; la autonomía es entonces sinónimo de desarrollo, por lo que no se concibe el uno sin el otro.

Erick Erickson, quien visualizó la autonomía como necesaria, redujo el término a una etapa del desarrollo sicosocial. Planteó Erickson que esta necesidad se contrapone a los sentimientos de vergüenza y duda entre los 18 meses y los tres años de edad en el niño, y ofrece como resultado de este enfrentamiento “dialéctico” la aparición de lo que él denomina una virtud: la fuerza de voluntad.

En el estudio de los grupos humanos también se plantea en sentido general etapas de desarrollo. La autonomía se vislumbra como una etapa deseada que debe ser facilitada y estimulada.


Los sicólogos humanistas plantean cuatro etapas esenciales:
Etapa inicial de sobrevivencia o caos
Todo grupo humano que comienza, al igual que un recién nacido, requiere de normas, reglas claras y una autoridad protectora que le garantice la satisfacción de sus necesidades. Esta etapa también se denomina etapa de caos, y como todo en la naturaleza y la sociedad, está regida por la ley del cambio, el cambio inherente y necesario, el cambio positivo, desarrollador, basado en las potencialidades humanas, como planteara Carls Rogers. Los grupos humanos necesitan que ser escuchados y que se les consulte, que se estimule la discusión y la toma de acuerdos. Comienza a gestarse una sutil inconformidad con el liderazgo autocrático antes necesario

Etapa de seguridad o integración

En esta etapa se perfeccionan las normas de funcionamiento, se analizan la necesidad de reglas nuevas y de responsabilidades compartidas, la necesidad básica es satisfacer la seguridad del grupo. Esta etapa es el umbral de la necesidad de autonomía, y poco a poco se hace imprescindible modificar el estilo de dirección hacia un liderazgo democrático.

Etapa de autonomía o proactiva
Si esta necesidad de autonomía no se satisface, si no se discute ampliamente en el seno del grupo, si no se toman acuerdos que busquen el consenso, se generaran múltiples y constantes contradicciones, se detendrá el desarrollo o, en grado más grave, se puede regresar a etapas anteriores ya superadas. No querer ver estas contradicciones no significa que no estén presentes y se manifiesten en insatisfacción, conflictos y daño sicológico.

Es típico en algunos grupos humanos que ya han llegado a esta etapa de autonomía la llegada de un jefe nuevo, que con estilo autocrático genere crisis, en algunos casos muy intensa, con repercusiones negativas en la actividad, las relaciones interpersonales y la eficacia del grupo. La necesidad de autonomía es también una necesidad del individuo, es su expresión de salto cualitativo, de ser un verdadero ser consciente y responsable de sí, ante sí y ante los demás

Etapa de trascendencia o interactiva

A esta etapa ni todos los grupos ni todos los individuos llegan siempre, la necesidad que rige es la de trascender, ir más allá de los límites estrechos del grupo, más allá del grupo primario, interrelacionarnos con otros, compartir experiencias y resultados, enriquecer a otros y enriquecernos a nosotros mismos en la interrelación. En los individuos es la necesidad de trascender a otros mediante el trabajo creador, es darse a los demás, según Víctor Franck, sólo llegarán a esta etapa los que han encontrado previamente sentido a su vida.

Es por lo tanto una necesidad de la familia, la escuela, el grupo, la comunidad y la sociedad estimular y facilitar la satisfacción humana más importante: la necesidad de ser autónomo.




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