Destinados a morir juntos
* Ella fue víctima de una enfermedad, y su vástago, después de participar de su velorio, fue a estrellarse contra otro vehículo
* En el caso del joven, pudo haber sido presa del cansancio y del impacto emocional por la pérdida de su progenitora, a quien adoraba
Ernesto García | egarcia@elnuevodiario.com.ni
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| ALEJANDRO SÁNCHEZ / END.- Doña Ana Victoria Guerrero, durante la ceremonia de bachillerato de uno de sus nietos. |
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“Qué dulce es morir si nuestra vida ha sido buena”. Este pensamiento de San Agustín sintetiza de alguna manera la historia de doña Ana Victoria Guerrero Sacasa, de 60 años, y de su hijo, Eddy Alberto Guerrero, de 28. El amor entre ambos fue tan grande que ni la muerte los pudo separar por mucho tiempo, según se desprende de los relatos familiares después del sepelio de ambos.
Mientras doña Ana Guerrero sucumbió ante la muerte la noche del 25 de julio, luego de batallar contra la diabetes durante varios años, su hijo, Eddy Alberto, se topó con la “parca” la madrugada del día siguiente, en circunstancias violentas.
Doña Ana Guerrero permaneció cuatro años postrada en una silla de ruedas, tras perder la pierna izquierda, a consecuencia de la misma diabetes. Pero la reconocida dama jinotepina siguió con su laboriosa actividad comercial. “Cuando ella quedó en silla de ruedas se movilizaba en un taxi a hacer las compras de su ventecita”, recuerdan sus hijas. Dirigente de panificadoras y transportistasEsta mujer, cuyo recuerdo es motivo de orgullo para su familia, jinotepina, fue durante 17 años dirigente de los panificadores y luego de los transportistas.
“Doña Ana, vamos a pelear al MTI-- le decían los otros transportistas, y ella, a pesar que estaba en silla de ruedas, siempre se puso al frente, como toda una lideresa", cuenta su hija, Ana Geraldine.
Hoy, las hijas de doña Ana Guerrero expresan con orgullo que su mamá fue la única transportista a quien el ex ministro de Transporte, Jaime Bonilla López, le entregó personalmente su concesión.
Antes de ser panificadora y transportista, doña Ana Guerrero trabajó junto a su esposo, hombro con hombro, para sacar adelante a sus diez hijos.
“Mi mamá fue talabartera, costurera, maestra y secretaria”, manifestó Margarita Guerrero, otras de las hijas de la recordada Ana Guerrero.
Como sello de distinción a la laboriosa vida de esta emprendedora mujer, sus hijas mencionan que fue secretaria de Tomás Guevara, uno de los alcaldes más progresista de esa ciudad.Juntos en la eternidadComo todas las madres que tienen más de un hijo, doña Ana tuvo en Eddy Alberto a su “niño mimado”. “Para ella mi hermano era los ojos de su cara”, agregó Ana Geraldine, sin atisbo de rivalidad entre los nueve vástagos sobrevivientes.
Los diálogos entre Ana Victoria Guerrero y Eddy Alberto siempre estuvieron cargados de mucha espontaneidad. “Eddy era hiperactivo, al igual que mi mamá, de un grano de frijol hacían un castillo”, subrayaron las hermanas Guerrero.
El incansable amor por el trabajo y su espíritu de servicio a los demás caracterizaron las vidas de Ana Victoria y de su hijo Eddy Nelson. “Mi mamá y mi hermano siempre compartían con los demás, “aquí en la casa, para el 26 de julio, día de Santa Ana, se hacía una piñata, se partía un pastel, y mi mamá preparaba 300 nacatamales que repartía entre amistades y vecinos”, recordaron.
Y la gran coincidencia o decisión del Todopoderoso fue que Ana Victoria y Eddy Nelson se marcharan de este mundo con apenas ocho horas de diferencia.Como una pesadillaTranscurrían las primeras horas de la madrugada del 26 de julio, precisamente el día de Santa Ana, cuando Eddy Nelson Guerrero anunció a sus hermanas su disposición de ir a trabajar en su microbús bautizado “El Nene”, que cubría la ruta Masaya-Jinotepe.
La decisión de Eddy no fue aprobada por sus hermanas, quienes le pidieron que no lo hiciera, por estar desvelado y para evitar los comentarios de la gente, ya que en los pueblos se ve de mal gusto que mientras se realizan las honras fúnebres de una persona, su familia se dedique a otros menesteres, así sean obligaciones laborales.
Sin embargo, aquel hombre --quien al igual que su madre siempre fue un trabajador incansable--, subió al autobús de transporte colectivo con una alegría inusual. “Eddy se subió al microbús como un niño a quien le habían dado un juguete, y durante la noche estuvo bromeando con los sobrinos”, recuerdan sus hermanas.
Apenas habían transcurrido algunos minutos desde que Eddy había decidido ir a trabajar, cuando Ana Geraldine y Margarita tuvieron una premonición de que algo malo podría sucederle a su hermano.
“Estábamos frente al ataúd de mi mamá cuando escuchamos que sonaron los teléfonos, en uno de ellos hablaba mi esposo, diciéndome que mi hermano se había accidentado”, recuerda Ana Geraldine. El microbús conducido por su hermano se había estrellado contra un camión, él perdió la vida instantáneamente, y varios de sus pasajeros quedaron lesionados.
Entre sus familiares se comenta que quizás el cansancio lo venció frente al volante, aunado al dolor que lo embargaba. Sólo Eddy supo lo que le pasó, aunque la Policía dio por cerrado el caso, con la certeza de que el joven se durmió mientras conducía.
En aquel momento el llanto se dejó escuchar con más fuerza entre los dolientes. Se rompió el silencio de la madrugada y los vecinos salieron de sus casas para enseguida quedar conmovidos, al conocer de la nueva tragedia familiar.
Al alcanzar un poco la serenidad, los hermanos Guerrero hicieron su propia interpretación de los hechos, y decidieron que así como habían vivido, unidos en un solo corazón, madre e hijo debían irse juntos a la tumba, y retrasaron el funeral de doña Ana Victoria, para velarla otra vez, junto a Eddy, y llevarlos a ambos al cementerio, el 27 de julio.Vivió para sus hijosEddy Nelson Guerrero, durante sus 28 años de existencia, procreó tres niños: unos gemelitos (niña y niño), y su hijo mayor, de diez años, nacido de una primera relación.
“Mi hermano vivía para sus hijos. A sus gemelitos les decía ‘mis trofeos’, y al otro niño de su primera relación también le tuvo un cariño muy especial”, subrayaron las hermanas de Eddy Nelson.
Aunque los gemelitos quedaron bajo la tutela de su mamá, éstos siempre contarán con el respaldo de su familia paterna, al igual que el niño mayor, quien ha sido criado en la casa de sus abuelos paternos.
Antes de bajar a su última morada, madre e hijo fueron protagonistas de un hecho singular, porque hubo algo que los diferenciaba: no compartían el credo religioso.
Mientras doña Ana Victoria practicaba la religión evangélica, su hijo seguía siendo católico, razón por la cual ambos cuerpos fueron objeto de actos religioso en templos de distintos credos religiosas. Y así descansan en paz, juntos, quienes nunca quisieron separarse.
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