No más indiferencia ante el abuso sexual
Mónica Zalaquett * “Me siento que ya no soy pura,
no creo merecer el amor de Dios,
porque ya no valgo igual”
Con el nombre ¡No más vidas truncadas! IXCHEN publicó recientemente los resultados de una investigación sobre el abuso sexual a niñas y adolescentes en cinco departamentos de Nicaragua que después de analizar 33 casos concluyó que estos delitos cometidos mayoritariamente por familiares o vecinos de las víctimas aún son considerados como del “ámbito privado” y protegidos por una cultura de silencio y encubrimiento en nuestra sociedad.
El documento enfatizó en la grave y generalizada complicidad social, familiar, escolar o laboral hacia las agresiones sexuales cometidas contra niñas y niños, que se expresa también en la insensibilidad de los operadores del sistema judicial, en la impunidad sorprendente de estos delitos, en la indefensión de las víctimas que buscan justicia y en la cobertura sensacionalista e irrespetuosa de estos hechos en algunos medios de comunicación.
A pesar de que esta tragedia es enfrentada por un sector tan amplio de la población, independientemente de su condición económica, social o cultural, la ocurrencia rutinaria de los abusos sexuales y el hecho de que comprometan vínculos familiares, laborales o amistosos en un contexto de relaciones de poder influyen poderosamente en esta tendencia generalizada a negarlos, ocultarlos o minimizarlos.
Una de las razones de fondo de esta cultura de complicidades se relaciona con las creencias de que la niñez y por lo tanto sus cuerpos pertenecen a los adultos y de que la virginidad de las niñas y adolescentes constituye un bien agregado que los propietarios del mismo, sean padres, padrastros, abuelos, hermanos o tíos, tienen derecho a utilizar.
Otro aspecto relacionado con la impunidad de estos casos son las concepciones sobre la paternidad que colocan a muchos hombres no como responsables de la formación de la personalidad sana del niño o la niña, sino como simples proveedores con derecho de obtener a cambio toda clase de atenciones y servicios, incluidos los sexuales. Esta mentalidad asociada con las relaciones de poder se aplica incluso a los hombres que no proveen el sustento familiar, pero a quienes se teme o se les acata porque hacen uso de la violencia.
Estas creencias suelen ser compartidas también por muchas mujeres que han sido formadas en ámbitos familiares violentos, que han sufrido a su vez abuso sexual en su infancia y no han contado con el apoyo de sus madres, que temen a su pareja o que consideran que deben permitirle cualquier cosa a cambio del sustento económico o simplemente por el hecho de ser hombres.
La investigación confirma también que las creencias religiosas llevan a muchas familias a no acusar y más bien a perdonar a los agresores, a satanizar el cuerpo femenino y su sexualidad, y a condenar a las víctimas a las que acusan de mentir o culpabilizan por lo ocurrido, señalando que de alguna forma “tentaron” o “provocaron” al abusador.
La investigación evidencia que estas mentalidades reclaman un esfuerzo urgente e impostergable de diversos sectores que trabajan en el ámbito de la educación, la comunicación y la cultura, para promover cambios en las creencias sobre las identidades y roles de género, en especial las creencias sobre la masculinidad que pueden llegar a constituirse en un poderoso factor de prevención.
Junto con la necesidad de mejorar las leyes y procedimientos judiciales y policiales, una labor educativa de amplias dimensiones, que abarque simultáneamente labor de la sociedad civil, los medios de comunicación y el Estado es fundamental para lograr que cada vez más ciudadanos asuman su responsabilidad y su deber de proteger a los niños o niñas de su familia o su entorno, y para evitar que en medio del silencio cómplice sigan aumentando las víctimas de esta atrocidad.
*Directora Centro de Prevención de la Violencia, Ceprev
Comentarios de nuestros lectores Maya
Monica,
Lo siento mucho decirlo, pero las probabilidades de que esto pare son mínimas. Ahora que Ortega y sus amigos esten en el poder (Conrado, Arce, Rosales, etc.) La justicia será completamente ciega, sorda y muda.
Mis condolencias, otra mujer.
Francisco E Marin SSS-666
Los mayores culpables de esta deformación en la sociedad son los religiosos católicos y evangélicos. Sus líderes predican una mentira que caduco en la cruz del Calvario, diciendo que esta en pie la ley de Moisés y sus mandamiento. Así como el diablo está vivo y rugiente como un león, además de esto, que el pecado del mundo CRISTO no lo pudo quitar como cordero; este sistema religioso lo que hace es trastornar hogares enteros como los que estamos viendo.
|
Opinión
La Asamblea Nacional tiene una responsabilidad histórica
La bandera del FSLN en Suecia
La valiosa diáspora nica
¿La Hillary Clinton de la India?
CPC: la máxima expresión de la democracia participativa
Proyecto de Consejos del Poder Ciudadano (CPC) para espionaje y terror
No más indiferencia ante el abuso sexual
|