ago 11, 2007
Dos poemas de Manolo Cuadra
Perfil
Yo soy triste como un policía
de esos que florecen en las esquinas,
con un frío glacial en el estómago
y una gran nostalgia en las pupilas.
Pero yo olvidé la clava
y me puse el alma en la mano.
A mis pobres nervios enfermaron
tantas babosadas municipales.
Calles inexpresivas
como películas americanas.
(Los peluqueros no tienen alma,
proclama mi barba sucia.)
Yo soy triste como un policía
de esos que florecen en las esquinas,
con un frío glacial en el estómago
y una gran nostalgia en las pupilas.
Pero yo olvidé el silbato
y me puse el alma en los labios.
(Rivas, 9 de agosto de 1927)
La palabra que no te dije
Pensar que tantas veces
Estuve cerca, muy cerca de tu lado.
Las palabras rodaban sobre el tema,
sin entrar,
como el agua en las piedras.
Quizá hasta deseabas
que yo dijera la expresión abierta.
Los minutos propicios
se malograron en mi lengua
culpa de las palabras
que no fueron precisas.
La frase preparada tanto tiempo
no pudo conservar el equilibrio
y se dejó caer en el abismo
‑volatinera del silencio-.
(Pensar que tú esperabas la palabra
como la madre al hijo
del fondo de su vientre...!
Pensar que tú esperabas la palabra
y que yo nunca, nunca, te la dije.
(Managua, 2 de noviembre de 1930)
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