Lealtad y servilismo político
Sergio Simpson Los gobernantes en Nicaragua han mostrado características similares, independiente de época e ideología que dicen representar: son inmunes y arbitrarios, acumulan capital sacándolo del tesoro público, contratan o benefician a familiares y adeptos, amenazan, confiscan, destierran, apresan o asesinan a sus opositores.
El uso del dinero estatal para comprar “lealtad” lo convirtieron en procedimiento natural. Políticos, funcionarios del Estado y empresarios reciben muchos beneficios si son miembros del cortejo presidencial. Mostrar servilismo al presidente, y a su vez al ministro, retribuye en poco tiempo: riqueza y eslabón de poder en la cadena.
Orgullosos, los serviles ostentan su “lealtad al hombre”, aseguran que por principios ideológicos, pero sabemos todos, en esta sociedad, que la “lealtad” es más condición absoluta para obtener ganancias que apego a concepciones.
El comportamiento es igual en los distintos niveles sociales. La diferencia es la relación entre ricos y pobres, donde éstos no disfrutan ningún derecho; y entre pobres el más desprotegido es quien menos influencia posee con el patrón.
Los pobres también han sido educados para “lealtad” al señor; mientras más rico es el jefe, más importante se siente el empleado entre su grupo social. El empleado testaferro, matón o ladrón al servicio del jefe goza salvaguardia.
La desvirtuada lealtad se mantuvo durante la revolución sandinista. Quien no estaba de acuerdo o disentía de la dirigencia, o del proceso, sufría amenaza, muerte civil o física.
Los sandinistas que disentían eran enviados al campo de batalla; era el juego de la ruleta rusa. No hubo cambio sustancial en la ideología del poder, lo confirma el resultado: aun cuando beneficiaba a los pobres, la mayoría de éstos la enfrentaron.
Es demasiado riesgo contradecir al dirigente, al jefe, al patrón. El temor a perder o no lograr bienestar o privilegios lleva al individuo al servilismo. Los serviles dominan las esferas burocráticas privadas y públicas.
De la derecha ancestral nicaragüense no asombra la práctica de lealtad absoluta y vileza; proviene de una tradición ideológica oligarca y una formación práctica señorial, sustentada en el poder infalible que simboliza la autoridad católica.
La mayoría de ricos, que siempre subyugaron al país, aun estando la familia Somoza, se lucraron de políticas privilegiadas, por alianza, lealtad, amistad o vínculos sanguíneos con los somocistas. El régimen les daba su cuota de privilegios para contentarlos.
Quien tiene conectes con el poder adquiere muchas ventajas. No es relevante que un pobre sea un excelente alumno, pues quien recibe la beca es el hijo del correligionario, quien además es funcionario o empresario amigo. Sólo durante los ochenta las becas fueron masivas. Aun cuando eran países comunistas, y la derecha los criticó, ofertan superiores universidades que Nicaragua.
Tampoco es extraño que sin calificaciones obtengan principales cargos los hijos de los correligionarios, diputados, ministros, directores o recomendados por uno de los influyentes. Es oneroso, invalidan el estudio escolar o académico y vale “tener pata”.
Quienes más impresionan son los antiguos rebeldes sandinistas pobres: siendo adinerados exigen a los pobres el comportamiento y valor de lealtad y servidumbre que dijeron combatir. Quien no está parcialmente de acuerdo es acusado, reprimido, excluido.
Un ejemplo reciente que me divierte mucho es la conducta neo rica y poderosa de Nelson Artola siendo alcalde de Matagalpa. Cuando cuestioné el uso del edificio edilicio para campaña electoral partidaria, lleno de afiches del FSLN, los empleados reaccionaron en su defensa, y él se sintió protegido por Ortega. No hay ley que valga, mucho menos razón.
Condenan la libertad de pensar creativo y actuar sensato. Pantomima es la consulta, convención, congreso, que organizan los políticos. Domina siempre el fanatismo, el temor, los halagos, la repartidera de cargos, la confianza al servil. No hay derecho ciudadano ni igualdad de oportunidades.
La lealtad es servilismo al poderoso infalible.
Comentarios de nuestros lectores Flavio Rivera Montealegre
Lo que este escrito expone, claramente podemos identicar a los actores de tantos delitos perjudiciales contra el pueblo nicaragüense --o cualquier otro--, de ello podemos concluir sin lugar a la duda, que además de tener el carácter delincuencial, son mafias altamente organizadas e internacionalmente peligrosas.
Francisco García Moreno
Excelente artículo el de Simpson. Debemos darle vuelta a la tortilla, el dinero público y los puestos no son para privilegios y prebendas, o robos ocultos como gastos confidenciales. El Estado no es la hacienda del patrón.
|
Opinión
El orgullo y la rabia
La Gran Logia de la Guatusa
La necesidad de radionovelas criollas
¡No manipulemos el abuso sexual!
Urge avanzar rápido
Lealtad y servilismo político
|