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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Viernes 07 de Septiembre de 2007 - Edición 9723
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Los retos de la reconciliación en la Nicaragua dividida


Teóricamente se conoce el significado de reconciliación, amor, misericordia y perdón, pero en la práctica es difícil vivir este proceso, porque lo hacemos con superficialidad y desgaste de nuestras palabras, ya que las mismas no son respaldadas por una vida de compromiso humano y cristiano. Como valor ético la palabra está desautorizada por no ser coherente con ella misma, es más bien la práctica de un verbo barato, engañador y comercial.

La reconciliación tiene como consecuencias la misericordia y el perdón en la familia, la iglesia y la comunidad. La fraternidad humana y nacional se construye en base a la misericordia y el perdón, que son procesos de la reconciliación.

En este tiempo que apura a la historia en nuestra Nicaragua, tenemos la necesidad de ver hacia dentro de nosotros y nosotras e intentar una reconciliación con nosotros mismos, la cual parte de y hacia mí, y me va a permitir reconciliarme con los que me rodean y con los que odio y me odian. La reconciliación en Nicaragua y Centroamérica ha estado mediada por el odio y el orgullo y los intereses personales y de clases del sistema.

La reconciliación no debe ser vista sólo teóricamente desde la perspectiva teológica y sociológica, debe ser vivida internamente en lo profundo de nuestras vidas. Cargamos todavía los odios de la guerra, de la violencia estructural, familiar, hambre, desnutrición, desempleo e inseguridad causados por una guerra fratricida injusta, donde las comunidades campesinas fueron las más afectadas.

¿Hasta dónde la reconciliación debe y puede restaurar los tejidos sociales, culturales, morales, humanos y cristianos que han sido rotos? La reconciliación es parte de la práctica de la justicia radical por la que más ha sufrido, es como en la historia de Zaqueo, devolver en cuatro a los que se ha hecho sufrir más. La reconciliación reconstruye y dignifica la vida humana y creacional, reconstruye la amistad, la hermandad, la familia, los grupos sociales y la nación.

La intensidad de los odios internos exige la proclamación y la práctica radical de la reconciliación, el proceso de reconciliación nacional debe poner fin a los intereses egoístas de los partidos políticos que dividen al pueblo en nombre de sus intereses y de las posiciones privilegiadas, en defensa del neoliberalismo deshumanizante y la globalización, que no toman en cuenta el valor de los pueblos originarios.

Tenemos que revisar nuestros discursos y prácticas cristiana y humana, porque son insuficientes, nos abocamos a lo global y descuidamos lo local, lo familiar, los hogares. Se ideologizan los procesos de reconciliación desde un solo punto de vista político, que causó más bien división en la familia nicaragüense.

La reconciliación no pacta con los opresores, ni con la injusticia. No debemos proclamar una reconciliación justificadora de los errores de los dirigentes políticos, una reconciliación ingenua y apasionada, donde se confunden los signos del Reino de Dios, donde los pobres siguen siendo utilizados y explotados por las transnacionales modernas, sin salud, educación, con graves problemas de tierra, con una reforma agraria aprovechada de los ricos. Ésta es la situación de miles de hermanas y hermanos en las comunidades campesinas.

Los cristianos comprometidos y humanistas debemos radicalizar nuestra práctica a favor de una reconciliación en la que los mayores beneficiados y dignificados sean los pobres, entendiendo al pobre como el que no tiene opciones en sí mismo, con ausencia de posibilidades de elegir para vivir dignamente.

Es peligroso promover una reconciliación que encubra los pecados sociales, estructurales y espirituales de cualquier sistema religioso- político.

Un aspecto difícil es el perdón. ¿Debemos perdonar al que injustamente me hace daño, como perdonar al poderoso que sabe que destruye y mata a los débiles? Es difícil, pero el perdón pasa por un dolor profundo de reconocimiento, por haber destruido al otro o la otra, pasa por reconocer mutuamente las ofensas y actuar con justicia; éstas son actitudes imprescindibles para la reconciliación y la construcción de la paz.

La reconciliación se inicia conmigo, hacia dentro de mí, debe iniciarse conmigo, no puedo dar a los demás lo que yo no he experimentado.

Debo examinar mi impaciencia, angustia y urgencia por un mundo nuevo, que parece que no llega y que es más fácil conformarse con lo malo e injusto que cada día sucede, conformarse porque las iglesias ricas siguen dando de las migajas e imponiendo sus formas de ser y pensar a las iglesias pobres.

Tenemos que reconciliarnos con nosotros mismos y aprender de la paciencia de Job, de los profetas y de Jesús, tenemos que creer firmemente que Dios sigue obrando en este mundo y que el mal y lo injusto no prevalecerán para siempre.

Nuestras angustias e impaciencias por lo nuevo son parte de una profunda reconciliación y perdón, no podemos conformarnos con el presente mundo-sistema de maldad, el Reino de Dios es más que un sistema político aunque parezca el mejor, debemos saber identificar los signos de los tiempos, debemos perdonarnos por criticar la viga en el ojo de los demás y olvidarme de las vigas que cargo.

La espiritualidad resurge en la búsqueda de esta nueva luz. Son muchos los caminos que tenemos que reparar internamente, pero éste es un tiempo importante de Dios para Nicaragua, para la vida de los más necesitados/as, es el kairos de Dios para Nicaragua.


*Pastor menonita
Director Ejecutivo
Cieets




Comentarios de nuestros lectores

MarioGutièrrez
El propósito de la reflexión la comparto: la búsqueda de un camino de reconciliación y diálogo nacional para un nuevo contrato social que nos guíe por los próximos años. Pero todo ese lenguaje más que cristiano, clerical, es para convencer a otros cristianos? o a ciudadanos? la cultura de paz, trasciende "lo cristiano" es una cuestión de ciudadanía, de derechos, de libertades, de justicia en la distribución de la riqueza, las iglesias hoy reproducen más prejuicios, Jesús enseña valores.

santiago
Acertadísimos los comentarios del Pastor Arce...


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