El Nuevo Diario
Portada | Archivo | Escríbenos | Suscríbete
  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 17 de Septiembre de 2007 - Edición 9733
Nacionales
-
Sucesos
-
Departamentales
-
Internacionales
-
Ciencia
-
Opinión
-
Política
-
Contacto END
-
Deportes
-
Variedades
-
Informática
-
Especiales
-
Economía
Otras secciones
Cultura
Clasificados
Horóscopo
Turismo
Emprendedores
Empresas
Club de lectores
Suplementos
El alacrán
Nuestro mundo
Ellas
Misterios & Enigmas
Salud y sexualidad
Nuevo amanecer
Buena onda
El Deportivo
Otros servicios
Suscripciones
Nuestros servicios
Directorio
Noticias más leidas
Noticias por correo
RSS XML
Servicios web
Blogs

El hábitat miskito y la vivienda de la restauración


Una de las constantes de las culturas de todos los lugares y épocas es que siempre hay gente que piensa que le ha tocado vivir en el más desastroso de los tiempos o en el más terrible de los lugares.

El país entero por su composición y emplazamiento está destinado a sufrir afectaciones con denominación de catástrofes o desastres. Las catástrofes por definición son acontecimientos extraordinarios que alteran la estabilidad de un estado de cosas que sólo llega a ser identificado en la medida en que los trastornos ocasionados se perciben y se manifiestan públicamente.

La sociedad nicaragüense es cada vez más susceptible a sufrir trastornos catastróficos, lo que nos permite transformar nuestra realidad límite en la situación de desastre y expandirla en un estado traumático posterior, alimentado por el sub o sobre dimensionamiento de los medios de comunicación, los cuales se limitan a describir y no a explicar lo sucedido. En consecuencia, los receptores de los mensajes mediáticos en las situaciones de catástrofes están más acostumbrados a identificar estos fenómenos que a comprenderlos y por consiguiente a prevenirlos y mitigarlos.

La efectividad de una catástrofe, según menciona el doctor Carlos Lozano Ascencio, en La Cultura del Riesgo Global de la Catástrofes, no radica en que exista o suceda, sino en que trastorne y que dichos trastornos sean percibidos, valorados y relatados públicamente.

Un componente importante en el proceso traumático de las víctimas de desastres se da por las afectaciones que éstos originan sobre las viviendas, que más allá de ser el espacio donde se come y duerme, es el lugar de refugio familiar y el sentimiento materno de la seguridad. Naturalmente, la destrucción de las viviendas sumada al sentimiento maternal de pertenencia de sus ocupantes originan un estado traumático calado en la vida de los individuos.

Para mitigar una transformación crónica del estado traumático de la población y prevenir estas afectaciones ante futuros acontecimientos se debe prestar atención a la situación del espacio urbano y la vivienda miskita, sobre los cuales los proyectos de reconstrucción deberán orientarse en el fortalecimiento de la seguridad estructural de las viviendas y en la reducción del estado de riesgo de los asentamientos humanos, orientando que estos proyectos no vayan en detrimento de la cultura de la comunidades indígenas y mestizas del Atlántico.

Identifiquemos sintéticamente los principales rasgos que deberán tomar en cuenta los actores integrados en la reconstrucción de la nación miskita. Las viviendas tradicionales de las comunidades indígenas del Atlántico de Nicaragua no varían mucho en su composición, distribución y estructura, aun valorando la multietnicidad y la puliculturalidad de todas las comunidades.

La vivienda tiende a formarse por dos o tres espacios, uno de los cuales es una especie de sala durante el día y dormitorio familiar durante la noche, cocina y un corredor utilizado como acceso, el cual adquiere un peso simbólico y funcional importante por ser el elemento que permite que la casa se abra hacia el exterior, convirtiéndose de este modo en un enclave entre el entorno natural y la seguridad interior.

El arraigo y dependencia hacia las fuentes superficiales de agua de las comunidades definen la superposición de la vivienda sobre zancos o pilotes de madera, lo que aleja unos centímetros el piso de la vivienda del suelo natural y de las inundaciones ligeras.

En las comunidades aisladas dedicadas a la pesca es importante destacar la situación inadecuada de las letrinas domésticas, las cuales descansan en unos maderos anclados en la superficie menos profunda de las fuentes de agua, en las que a través de un agujero en el piso evacuan los desechos al interior del acuífero, en detrimento de la salud de toda la comunidad.

La vivienda de la reconstrucción debe continuar construyéndose sobre zancos, pero esta vez serán pilotes estructurales cuyas dimensiones, profundidad y materiales deberán definirse por un diseño arquitectónico y estructural y un estudio de suelos pertinente; el uso de madera debe ser imperante, pero deberá reposar sobre una estructura más sólida, ajustada con uniones metálicas de pernos o tornillos de sujeción y no clavos o uniones de empotre simple, como tradicionalmente se ha hecho.

La ubicación y cuantificación de las viviendas se formulará posterior a la elaboración de un diseño urbano que procure mantener en la medida de lo posible la tenencia de la tierra, y la cultura de patio de las familias deberá ser acompañada por un programa de reforestación constante que reduzca la velocidad de los vientos y enriquezca el entorno natural.

Para lograr una disminución en los costos, se podrán construir bajo la modalidad de autoconstrucción bien empleada, generando que las familias se apropien de cada uno de los espacios habitables de sus viviendas. El sistema de autoconstrucción presenta algunas debilidades en cuanto al enfoque artesanal del proceso constructivo, en el caso de la casas miskitas, por su situación de vulnerabilidad, deben ser delicadamente diseñadas y supervisadas según los estándares, normas o recomendaciones que garanticen un refugio ante el acontecimiento de huracanes.

En el mínimo de los casos, todos los actores de incidencia y los nicaragüenses en general debemos centrar nuestros esfuerzos en orientar la reconstrucción integral de las zonas desvastadas por el huracán “Félix” garantizando tanto la supervivencia de las vidas como la de los rasgos culturales de los nicaragüenses más puros en raza y lenguaje, quienes siempre son muestra del orgullo nacional, por su resistencia eterna a ser transformados.

*Arquitecto de la comunidad.




imprimir imprimir  email enviar
Opinión

»Una especie en extinción

»El poder y la muerte

»Sobreviví... salí de la cárcel del silencio

»El hábitat miskito y la vivienda de la restauración

»Fenómenos naturales: tragedias para reflexionar

»El espectro de Vietnam


Portada | Nacionales | Sucesos | Departamentales | Internacionales | Opinión | Política | Deportes | Variedades | Economía
El Nuevo Diario (c) 1998-2005 e-mail: info@elnuevodiario.com.ni
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web