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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 14 de Octubre de 2007 - Edición 10606
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Sócrates, hermano menor de Sandino:

Fiel hasta la muerte


Fiel hasta la muerte - Foto
Sócrates, de 28 años.

Como su hermano paterno Augusto, al que desde niño admiró y respetó, Sócrates Sandino Tiffer pertenecía a una de las principales familias de Niquinohomo —pueblo de la antigua Manquesa—, heredando su valor guerrero, distinción cívica y raigambre intelectual. En una monografía de la localidad, escrita no casualmente por su pariente, José Manuel Sandino, y publicada en la revista Educación (Managua, no. 45, julio, 1926), se habla de tres personajes importantes, todos de apellido Sandino.

Los Sandino de Niquinohomo

A saber: de otro “Augusto Nicolás” (éste fue el nombre de pila del futuro guerrillero de nuestra América), fallecido el 28 de febrero de 1926; del Capitán Mayor “don Eufrasiano Sandino, cuyo arrojo le mereció a los generales Máximo Jerez y Fernando Chamorro el dictado de El Mayor de los Valientes, durante la guerra nacional anti-filibustera; y de “don Frutos Sandino, acaudalado agricultor, descubridor de un medicamento que en veinticuatro horas cura las picaduras de las arañas en los animales de casco, medicina que después de prueba fue publicada en la Revista de Hacienda, la cual otorgó un premio a su inventor”.

Otras fuentes establecen los antecedentes genealógicos de don Gregorio Sandino López, padre de Sócrates, que usaba chaleco con leontina de oro, remontados a tres hermanos Sandino llegados de España. Uno se dirigió a Colombia, al Valle del Cauca; otro a Campeche, México; y el tercero a Nicaragua. Logró hacer algún dinero, se casó y dejó al menos tres hijos: José María, Eufrasiano (“El Mayor de los Valientes”) y Santiago. Este último esposó con una india pura, Agustina López Oviedo, con quien tuvo seis hijos: Asunción y Cayetana (mujeres) y los varones Pedro, Cleto, Isabel y Gregorio Sandino López.

Éste ya nació en la casa solariega de la familia, frente a la plaza del pueblo, el 12 de marzo de 1868. Aun en marzo de 1933 era el hombre más rico de la localidad. Don Gregorio se casaría a los 30 años con América Tiffer Delgado, de 19, y procrearía tres hijos legítimos: Sócrates Ismael, el primogénito, nacido en Niquinohomo el 31 de octubre de 1898 y asesinado en Managua el 21 de febrero de 1934; Asunción (1900-1955) y Zoila América (1906-1926). Sócrates recibió el bautismo, según acta consultada y transcrita por Mario José Borge Castillo el 11 de diciembre de 1898, siendo su padrino Santos Rivas Alemán, esposo de su tía materna José Dolores Tiffer.

Gregorio y América se casaron en la misma parroquia de Santa Ana el 27 de febrero de 1897. Mas, anteriormente, el primero había engendrado con Margarita Calderón Ruiz (1870-1942), “de oficios domésticos” --como dice el acta del registro civil-- un hijo: Augusto Nicolás, a quien reconoció, nacido en Niquinohomo el 18 de mayo de 1895. Llevado a la pila bautismal el 14 de julio del mismo año, lo apadrinó un pariente de doña América: Alberto Tiffer Pérez.


Su afición a la bebida
e inquietud literaria
Poco se sabe de las relaciones de infancia entre Sócrates y Augusto. Aníbal Gallegos, entrevistando al primo materno de Sandino Adalid Calderón Zambrana, refirió que tanto Augusto como Sócrates dieron juntos la comunión (La Prensa, 15 de mayo 1986). Lo que se ha documentado es que, a partir de 1906, ambos asistían —Augusto de 11 años y Sócrates de 7— a la escuela pública de Niquinohomo en tiempo de Zelaya, y que solían burlar a los policías escolares, encargados de mantener la obligatoriedad de la enseñanza primaria. No fueron, al parecer, buenos estudiantes. Pero la formación dentro y fuera de casa debió forjarlos. En el caso de Augusto, la realizó en el manejo de las propiedades rurales y negocios de su padre. Llegó a incrementarlos y a poseer uno propio. Con su ayuda, don Gregorio alcanzó el control del comercio de frijoles en la región y duplicó su capital.

En cambio, Sócrates no respondió a las expectativas de su padre, cuyo último intento de enderezar su camino y suprimirle la adicción de la bebida fue enviarlo a Estados Unidos (Filadelfia y Nueva York). Don Gregorio esperaba que allá, tal vez, el duro trabajo de una fábrica podría rescatarlo del vicio.

No había cumplido Sócrates los 20 años, cuando pergeñó en Niquinohomo un obituario sobre su abuela materna, desaparecida un año antes: doña Josefa Dolores Delgado viuda de Tiffer. En el diario La Noticia de Managua (miércoles, 20 de febrero, 1918) se lee con el título “A Ella”. La breve necrología es convencional y sentimental, pero revela en su autor cierta inquietud literaria.


En Nueva York
defendiendo a Sandino
Diez años más tarde, cuando residía en Nueva York, se hallaba al frente del primer Comité de Solidaridad surgido en los Estados Unidos con la causa de Sandino. Se ignora cuánto tiempo tenía Sócrates de haber llegado a esa gran cosmópolis. Unos afirman que para el 4 de mayo de 1927 ya se hallaba en Nueva York. El hecho es que una fotografía lo registra tomando la palabra ante un atento y elegante público, perteneciente a la “Anti-imperialist League”. Su secretario era otro latinoamericano: Manuel Gómez.

Promotora de mítines en Nueva York, de asambleas y marchas en Washington, de bailes y postales, la “Liga Anti-Inperialista” duró casi un año y obtuvo ayuda en dinero y medicinas para los campamentos de Las Segovias. Salomón y Roberto de la Selva (propietario del restaurante “El Charro”), José Román, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Sherwood Anderson y Waldo Frank se reunían con Sócrates en “El Charro” (100 y 115 Street).

“Se tomaba tequila y mezcal, pero sobre todo llegaban a conversar sobre problemas sociales, locuras geniales, y sobre Sandino, plato del día en las noticias” —recordó Román. Por su lado, Salomón de la Selva refiere que en ese “abrevadero oculto”, por la ley seca, planeó con el puertorriqueño Luis Muñoz Marín y el propio Sócrates —quien trabajaba como mecánico en una fábrica— una gira por América Latina para despertar conciencia y obtener apoyo a la causa sandinista. Muñoz Marín y Sócrates irían a La Habana, y Salomón a Nicaragua. Roger Baldwin, de la Civil Liberties Union, les daría 600 dólares; pero Sócrates desapareció de Nueva York.

Desde allí —no hay que olvidar— se propuso refutar las calumnias acerca de su hermano. “Mi objetivo” —declaró— “es decir la verdad al mundo, por medio de los periódicos asociados de la North American Newspaper Alliance. Y así redactó y difundió dos artículos bajo el título de “La Vida del General César A. Sandino”, en El Universal Ilustrado, de México, el 16 y 26 de febrero de 1928. Al mismo tiempo, colaboró con otros dos en la primera publicación aparecida en Europa (Barcelona, Ediciones Populares), 1929.


En Mérida, Yucatán, incorporado al grupo
de su hermano
En Veracruz, ciudad y puerto en el Golfo de México, Sócrates se incorporó al grupo de Augusto, que con él sumaban cinco. De ahí salieron hacia Progreso, Yucatán, a donde llegaron el 10 de julio de ese año. El muelle estaba pletórico de admiradores que acompañaron a Sandino y a sus hombres hasta el Hotel Llano. Antes de las siete de la noche, Sandino y sus compañeros —seguidos de enorme público— se dirigieron al Teatro “Variedades” para participar en un mitin. El general antiimperialista, José de Paredes y Sócrates pronunciaron discursos. Entonces de 31 años, el hermano menor de Sandino se refirió a la Revolución nicaragüense, y tuvo para el pueblo mexicano cálidos elogios. Concluido el mitin, los viajeros partieron hacia Mérida, ocupando varios automóviles.

A la entrada de la carretera Mérida-Progreso, los aguardaba el administrador del Diario de Yucatán y el redactor gráfico: uno para saludarlos, el otro para tomarles fotografías. Luego siguieron para el centro de la población y se alojaron en el Gran Hotel. Al día siguiente, numerosas personas se presentaron allí con el deseo de saludar a Sandino. Por la tarde, un grupo de estudiantes de secundaria organizó una manifestación en su honor. Sandino agradeció el homenaje de que era objeto. Sócrates también intervino. “Todos los oradores fueron ruidosamente aplaudidos, sobre todo el general Sandino y su hermano Sócrates” según el Diario de Yucatán, del 12 de julio, 1929.

Combatiendo y versificando en Las Segovias

El propio Augusto C. Sandino, en el testimonio que le dictó a José Román, entre febrero y marzo de 1933, afirma que Sócrates se le había juntado en México, para especificar: “Colaboró en mi cruzada militar, muchas veces sirviéndome de secretario y otras peleando y llenando los seis meses de entrenamiento para guerrillero. Lo más del tiempo anduvo en la columna del general Umanzor” (Maldito país, segunda edición, 1983: 127).

Por su parte, Román lo retrata: “El coronel Sandino es de mediana estatura, blanco, de facciones comunes. Es muy agradable y de fácil palabra, pero de temperamento acalorado. No se parece al general”. Otros, como el citado Borge Castillo, le niegan el grado de coronel y que haya pertenecido al Estado Mayor.

Lo innegable es que permaneció en Las Segovias, según carta del mismo Sócrates (fechada en El Chipotón, y dirigida a su padre, el 23 de julio de 1931) desde el 21 del mismo mes y año hasta noviembre de 1933, es decir, durante dos años y cinco meses. En ese lapso no sólo combatió en el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, si aceptamos el testimonio de su hermano de padre transcrito por Román. También el escenario de la guerra anti intervencionista le inspiró efluvios líricos, limitados a la versificación a que recurrían otros combatientes: el octosílabo (verso de 8 sílabas).

De estas composiciones se conocen cinco: “El Amanecer”, “Al aguadero va mi campesina”, “Mi campesina molendera”, “Cómo es mi campesina” y “Cómo duerme mi campesina”, publicados en el suplemento cultural Ventana (Managua, 20 de febrero, 1984). Y no podían ser más fieles al medio rural segoviano.

Su léxico regional es abundante: huacal, molendera, petate, pinol, tapesco, etc., y el uso del diminutivo frecuente: boquita, champita, chiquita, fresquita, tinajita. Los versos, excepto “El Amanecer” (una estampa paisajística) tienen de destinatario una compañera campesina, a quien observa moliendo maíz, cocinando, recogiendo agua del río en tinaja, durmiendo en “un tapesco de cañas”. O describe: “Mi campesina es fresquita/como el rocío mañanero,/tiene roja la boquita/y por ojos dos luceros.//Su cuerpo esbelto y mediano,/muy chiquita de los pies,/en su frente está el arcano/de la siembra y de la mies…”
Y remata sus octosílabos de rima alterna consonante (a b a b) con ecos modernistas, vigentes aún en esos años: “Su mirada muy lejana/con una sonrisa sabia,/con manías de gitana/y desplantes de la Arabia.// Griega, rusa o japonesa,/si es ella toda, todita,/de la montaña princesa/y también mi campesinita”.

En Niquinohomo celebrando eufórico su retorno

Sócrates retornó a Niquinohomo, a su pueblo natal y hogar, donde creció como hijo mimado, hasta siete años —al menos— de haber partido al extranjero. Exactamente, en noviembre de 1933, acompañando a su hermano Augusto, quien viajaba por tercera vez a Managua. En La Prensa del 29 de agosto de 1979 se refiere que, al llegar “convertido en coronel del ejército libertador de Nicaragua, fue objeto de varias fiestas en Granada y Niquinohomo, donde le obsequiaron un baile a la usanza antigua, con bastonero y programa de las piezas bailables para comprometerse a bailar con las damas”. Dos testigos recordaban la presencia de Sócrates: el bastonero Rodrigo Morales y el Presidente del Comité del baile Carlos Alvarado. “Sócrates” —dijo Alvarado— “en medio de la euforia de los tragos, disparó la carga de su pistola 45 al aire. Esta pistola fue la misma que utilizó cuando lo llegaron a matar a la casa de don Sofonías Salvatierra, tres meses después de aquel baile”.

En cuanto a su asesinato, ya se sabe que fue ametrallado en la casa de Don Sofonías Salvatierra, frente a la iglesia del Calvario, calle 15 de septiembre, antes de la captura de su hermano, siendo el único de los mártires de ese día que murió con las armas en la mano.




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