dic 29, 2007
El pijibay
Jorge Eliécer Rothschuh En memoria de Alvaro Urtecho
Erecto dátil derrama gajos
desde el tronco. Su madera
consagran al amor.
En ciudad México comí pijibayes.
Seis frutos –enlatados Del Monte- compartimos
lejos de nuestros pueblos y costumbres.
Fray Adrián de Santo Tomás (1637) describe
fiestas paganas celebrando bondades.
Bailan cuando recogen pijibayes,
danzan alegremente la llegada del fruto.
Lo nombran bajía, sitio celestial de hombres
y animales donde encontraron habla terrena. Lenguaje de cayapas, guacamayas y lorosbulliciosos cuando descienden al pie de la pirámide.
Escardo signos trashumantes
en lugares de incansables lluvias: pijibay,
pijibaye, chontaduro, jijirre, pijuayo, supa,
tenga, paima, pichiguao, pijivaos, gasipaes, pijiguao.
Lengua vivípara chascando tardes y amaneceres.
Rodrigo de Contreras en Nicaragua (1540),
vio a los indios comer palmitos de pijibay.
Era diciembre repleto de cadáveres.
Siglos no han pasado a pesar de los siglos.
Los nombres de los dioses son los mismos,
los nombres de la muerte no han cambiado.
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Jorgev@unach.mx
imprimir enviar
|
Nuevo Amanecer
Imagen de Alvaro Urtecho
La teoría postmoderna de portafolio
Un lector privilegiado
Tiempo de canto y de cenizas
Una nueva visión de la Cultura
Poemas del libro “Polvo enamorado” de Erick Blandón
Travesía terrenal de Álvaro Urtecho, desde otro punto de partida
El pijibay
|