ene 12, 2008
El proceso de Cristo
El jurista nicaragüense Iván Escobar Fornos ha publicado un interesante breviario que intenta examinar y acotar, jurídica y filosóficamente, los pormenores del juzgamiento de Cristo, el Cristo histórico y mítico, pilar fundador de toda una cultura basada, como decía Jorge Luis Borges, en la idea del Perdón. El Cristo que tan sólo hace unas semanas viniera al mundo y que muy pronto será crucificado
Erick Aguirre | eaguirre@elnuevodiario.com.ni
Muchos estudiosos del mundo se han dado a la tarea de abordar uno de los aspectos más controversiales en la vida de este personaje, fundador de toda una era: el juicio que lo llevó al calvario y a la muerte física. Pero en Nicaragua fue el doctor Escobar Fornos quien, armado de herramientas jurídicas y filosóficas, analizó detalladamente el proceso legal emprendido hace miles de años contra uno de los hombres más influyentes en la historia de la humanidad.
En medio de tanta polémica al respecto, uno no deja de preguntarse si el proceso de Cristo fue legal (desde el punto de vista estrictamente jurídico), porque siendo que moral y socialmente no lo fue ¿dónde quedaría entonces el principio de legalidad en todo lo que fue el proceso de su juzgamiento? ¿Fue legal o no fue legal? ¿hubo o no hubo lo que en jerga de abogados se conoce como “el debido proceso”?
El doctor Escobar Fornos, en la reciente segunda edición de su libro El proceso de Cristo (Colección Breviarios Jurídicos, Hispamer. 2007) analiza este tema pendiente en nuestra historia del derecho, defendiendo la tesis y tratando de demostrar paso por paso que, en definitiva, en el juicio del Cristo se cometieron los peores atropellos en menoscabo de las leyes vigentes en la época.
Según el doctor Escobar, tanto el Sanhedrín como las autoridades romanas no siguieron los pasos estipulados por sus respectivas leyes. Es por eso que en este breviario trata de demostrar punto por punto las irregularidades en el juzgamiento de Jesús por el Sanhedrín:
“Se violó el principio de imparcialidad. Jesús fue juzgado por sus enemigos, que con anterioridad al juicio habían decidido matarlo, prácticamente eran jueces y partes, y así fue su comportamiento en el juicio”, afirma Fornos.
Y continúa: “Se violó el principio de publicidad. El proceso tenía que hacerse ante el pueblo y el Sanhedrín, en el recinto oficial llamado Gazith, a la sombra del santuario. Pero se hizo en la casa de Caifás, a puerta cerrada, sin la presencia del pueblo. Se violó el principio de la diurnidad. Éste es un principio del derecho hebreo, que fue violado, pues el proceso se hizo de noche, de la una de la madrugada al amanecer”.
“Se violó el derecho de defensa, pues a Cristo no se le permitió presentar pruebas testifícales. Las acciones se fundaron en testigos falsos y cerrada la instrucción del procedimiento, se admitieron nuevos testigos, además de que se le negó el derecho de presentar testigos antes de la ejecución de la sentencia”.
El doctor Escobar nos recuerda que según las leyes vigentes tampoco se podía realizar ningún proceso en sábado o día de fiesta, o en la víspera de éste, y así se hizo.
“También hubo incongruencia e imposición de penas no contempladas. Los judíos lo condenaron, por blasfemia, a la pena de crucifixión, que no estaba contemplada en el derecho hebreo, sino la de lapidación (apedreamineto). La crucifixión tampoco era contemplada por el derecho romano para delitos religiosos, que tampoco contemplan la blasfemia”.
Según Escobar Fornos, tanto el orden legal judío como el romano fueron violentados con el único objetivo de satisfacer los intereses de Caifás y de sus amistades, puesto que Jesús representaba para ellos una amenaza.
En el caso de los romanos el quid del asunto radica en que toda sentencia de muerte emitida por provincias locales y ocupadas debía ser aprobada por el gobernador romano, por lo que el Sanhedrín pretendía ejecutar la sentencia sin que Pilatos conociera de la causa, pero éste se negó.
“Para que Pilatos ordenara la ejecución de la sentencia de muerte el Sanhedrín acusó a Jesús del delito de sedición. Cambiaron la causa fundamental que era la blasfemia”, afirma el doctor Escobar.
La historia indica que Pilatos evadió ejecutar la sentencia de muerte de Cristo al menos cuatro veces. De ahí que Escobar Fornos se afirme en una especulación que siempre ha dado vueltas sobre el tema, y es que esa evasión se debía en gran parte a la influencia que sobre el pretor romano ejercía su esposa Claudia Prócula, quien creía a Jesús un santo.
De ese modo fue que Pilatos ordenó a los judíos que lo juzgaran según su ley, pero éstos se negaron, ya que, según recuerda Fornos, cincuenta años atrás los judíos habían dejado de pronunciar y aplicar penas capitales.
El recorrido histórico y el análisis jurídico de Fornos en este breviario atrapan fácilmente al lector acucioso (más allá de cualquier fe o de cualquier agnosticismo) y amante de la verdad. En este libro el actual magistrado de la Corte Suprema de Justicia nos revela y nos muestra de manera objetiva las injusticias y las torturas que vivió el mítico Jesús de Nazareth.
No por coincidencia, en la introducción del texto, Monseñor Jorge Solórzano Pérez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, se encarga de recordarnos que, ciertamente, el drama de la pasión, muerte y resurrección de Cristo es uno de los más grandes acontecimientos de la historia, y bien puede estudiarse desde distintos puntos de vista y desde las distintas disciplinas del conocimiento humano.
Sin embargo, durante la lectura de este libro de Iván Escobar Fornos, no he podido dejar de pensar en las interrogantes que, según versión novelada de José Saramago, venían creciendo en la mente de Jesús al final de su vida en la tierra, y que íntimamente quizás lo harían comprender que su vida fue trazada desde el principio para morir así, y para que en su memoria un río de sangre y sufrimiento inundara por siempre la tierra.
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