Pelear con “Chocolatito” Pasaporte al infierno
Edgard Tijerino | etijerino@elnuevodiario.com.ni dplay@ibw.com.ni
Un pequeño león rugiente buscando a quién devorar, eso fue Román “Chocolatito” González durante esa agresión sostenida y agobiante realizada contra el japonés Hiroshi Matsumoto ayer en Yokohama.
Sólo habíamos visto algunos trozos de lo que es capaz González, por esa facilidad para simplificar, pero Matsumoto, intentando atravesar tempestades y sobreviviendo a terremotos, terminó en pie, pese a que fue sometido a un fuerte castigo. Sus cejas y labios estaban abultados, crujían sus dientes, su cabeza necesitaba soportes, no sentía los pequeños cortes ni sabía dónde se encontraban sus pómulos, en tanto sus ojos se habían empequeñecido.
Decisión unánime (dos 100-90 y 98-92) como era obvio y una imagen desgarradora del japonés, ideal para ser descrita por Stephen King.
Y es que fajarse con “Chocolatito” equivale a viajar en un tren bala rumbo al infierno. ¡Cómo sufrió Matsumoto round tras round! Resucitaba y regresaba a la caldera del diablo empujado por los golpes de González; buscaba claridad y volvía a verse sumergido en un torbellino; quería gritar pidiendo auxilio, pero no tuvo respiro.
En todo instante fue hermosa la agresión de González. Impulsado por su superioridad manifiesta, puso a contribución del espectáculo todo el repertorio de su arsenal, con una calma sanguinaria.
Era necesario ver ese formidable despliegue ofensivo para poder tener una idea amplia y clara de la presión que puede poner encima de su adversario. Después de siete triunfos en el primer round y seis en el segundo, observar a “Chocolatito” durante diez asaltos era un lujo, además de permitir desembocar en diagnósticos precisos sobre sus recursos, sus posibilidades, su potencial, sus avances y sus proyecciones.
La preparación física de González fue estupenda. Verlo sostener un fuerte ritmo en forma casi inalterable a lo largo de los diez asaltos permite pensar que para el momento de disputar el cinturón sus reservas responderán a la exigencia.
Frente a un rival desprovisto de variantes, que avanzaba muy frontal, “Chocolatito” mostró excelente puntería, a diferencia de Alfaro en Alemania, y eso evitó que el desgaste lo carcomiera.
“Chocolatito” demostró ser un boxeador de verdad, capaz de fabricar un realismo mágico entre las cuerdas. Ese material es muy escaso en estos tiempos. De no estar moviéndose en las categorías pequeñas, estaría avanzando hacia una montaña de billetes.
Como diría Shakespeare, muchacho que truena, lanza rayos, abre sepulturas y ruge como león en el Capitolio, eso es este “Chocolatito” revestido de paciencia, lanzado en búsqueda de la grandiosidad, con apenas 20 años.
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