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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Miércoles 16 de Enero de 2008 - Edición 9851
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Callaron los aplausos cautivos, sólo el Bóer interesaba

Chávez-Ortega sin pena ni gloria

*Entraron en el octavo inning, cuando los Indios se iban arriba en el marcador, y aparte de unos abucheos y algún batir de banderas, nadie puso mente a los mandatarios
*Presidente venezolano llegó tarde al país, preguntó por el juego, y Ortega le dijo: “Nos esperan”, y todavía le hizo ver un baile en el aeropuerto


Chávez-Ortega sin pena ni gloria - Foto
ALEJANDRO SÁNCHEZ / END.- Momentos cuando el presidente Daniel Ortega recibe en el aeropuerto a su homólogo venezolano, Hugo Chávez.

Octavo inning. 8:25 de la noche. El Bóer empieza a respirar. Jimmy González cae sobre la almohadilla de primera y el árbitro levanta sus brazos: “Quieto”. Los indios están despertándose. “¡Ju! ¡Ju! ¡Ju! ¡Ju!”, cantan embriagados los fanáticos. Nadie tiene cabeza para pensar u ovacionar a los mandatarios de Nicaragua y Venezuela que están entrando. Aquí vale el Bóer. Sólo el Bóer.

Daniel Ortega y Hugo Chávez llegaron justo en el clímax del juego. El Bóer perdía 2x1 contra el equipo de Masaya, y los ojos de los espectadores estaban en el área de juego. Banderas de Nicaragua, de Venezuela y del Frente Sandinista ondearon cuando los dos camaradas salieron al balcón presidencial. Se escucharon abucheos, procedentes principalmente del home plate, colmado de boeristas, pero la multitud estaba interesada en el juego.

El estadio estaba repleto. Desde temprano, buses llenos de gente, muchos miembros de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), se aparcaron cerca del estadio Dennis Martínez. Ortega y Chávez serían una de las atracciones. Los medios oficiales informaron que las entradas se habían agotado en tiempo récord. Lo mejor estaba por venir: los rumores decían que el presidente Ortega haría de pitcher y que su homólogo venezolano y gran amigo, batearía.

Nadie decía quién haría de catcher y tampoco importaba, pues verlos a los dos en el terreno de juego sería, de por sí, un gran espectáculo. Al final, los que llegaron al estadio para ver las dotes beisbolísticas de los mandatarios se quedaron con las ganas. El vuelo en el que Chávez vendría, previsto para las cinco de la tarde, vino diez minutos antes de las siete, cuando el juego tenía una hora de iniciado.

Las banderas le pusieron un toque partidario al primer juego de la Final de la Liga Profesional de Béisbol entre el San Fernando y el Bóer, pero fanáticos, sólo de los jugadores de los dos equipos.

“Es tarde, Daniel”

Chávez venía consciente de las consecuencias de su tardanza. Bajó del avión tocando su reloj, haciendo un gesto de “vengo tarde, Daniel”. Abrazó a Ortega, luego a su esposa, Rosario Murillo, vio a dos parejas de jóvenes bailar la “Mora limpia”, y después saludó a la comitiva de ambos gobiernos.

Antes de hablar frente a los medios de comunicación, los dos gobernantes sorbieron un poco de café. “Ay, qué rico, café nicaragüense”, dijo Chávez, y ambos brindaron con los pequeños vasos de plástico donde tenían el café.

El presidente venezolano llegó por quinta vez al país para evaluar la cooperación bilateral en el marco de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).

Chávez se proclamó hijo de Bolívar, y a Ortega le puso como padre a Sandino. Aseguró que Nicaragua “es el epicentro de los cambios”, y que el compromiso que une a los nuevos revolucionarios “nadie los separará”.

-“¿Y el juego Daniel?”, preguntó Chávez, antes de llegar a los micrófonos. Ortega sonrió. “Nos están esperando”, dijo.

Salieron raudos en su caravana y llegaron al estadio justo en el momento en que el Bóer revivía y los gritos de sus fanáticos retumbaban. Entró Ortega y Chávez. La expectativa continuaba. Venía Williams. Clyde Williams, un temido. El partido se volteó. 4x2 ganó el Bóer ante la mirada eufórica de los fanáticos, entre ellos dos pares de ojos de gran calibre: los de Chávez y Ortega, dos impulsores del socialismo del siglo XXI.




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