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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 17 de Enero de 2008 - Edición 9852
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“No Daniel, están informando”

* Crónica de cómo dos presidentes improvisan y hablan de todo en dos horas y quince minutos
* Presidente de Venezuela hizo bromas y dijo que Fidel Castro era más viejo que Matusalén


“No Daniel, están informando” - Foto
Isidro Hernández / END.- Daniel Ortega, Pedrito de Ticuantepe y Hugo Chávez.

El presidente Daniel Ortega escuchaba atento. Su hermano rico, mayor, quien lo proclamó hijo de Sandino y le financia los proyectos, le hablaba.

-“Daniel, oye Daniel, ¿qué periódico es éste?”, preguntó en un hotel capitalino, en una sesión del “pueblo presidente”. Tomó entonces un ejemplar de EL NUEVO DIARIO y lo levantó. “¿Este periódico es sandinista Daniel?” De lejos se leen las seis columnas del diario:“Béisbol politizado”, dice, y a la par, la foto de una joven coqueta enseñando su abdomen y piernas.

Ortega sonríe forzado. Saca un “sí”. “Entonces Daniel, si no lo es (sandinista), no podemos decir que están inventando (noticias) para favorecer al gobierno, o por la visita mía. No Daniel, están informando”.

Ortega no dice nada. Hugo Chávez baja el periódico y lee completa una noticia: “Fijate Daniel, comienza la gigantesca construcción de refinería”, comenta el mandatario venezolano.

-“Oye chico, es que ni eso tenía Nicaragua, ni tanques para guardar combustible compadre”. Luego continúa leyendo. Está emocionado: “Febril actividad en plantel, ¿qué es plantel Daniel?”
El buen piloto
Hugo Chávez viste la misma camisa roja con que se le ve en los canales internacionales. Ríe igual. Tiene las mismas facciones de mono que en las caricaturas. “¿Y por qué ponen ustedes nombres en inglés Daniel? ¿Monkey Point? Ahh, mono, como yo, como Evo y yo”. Ya antes el mismo Chávez había llamado a quien considera su padre, el comandante Fidel Castro, “el macacón” y Matusalén. Él es el “macaco mayor”, el matusalénico, dijo también.

La conversación entre el presidente Daniel Ortega y su amigo, por quien sonríe y a quien escucha atentamente, inició temprano. Ortega fue puntual por primera vez desde que se le conoce. Fue también original: vistió una camisa color chicha, como todo lo que identifica a su gobierno.

“Hugo, del maíz sale la chicha, y es del color de mi camisa”, contó Ortega a Chávez, quien siempre tiene una respuesta a cada comentario y alguna ironía que entretiene al público. El presidente venezolano se roba las cámaras hasta de los periodistas más desprevenidos y aburridos. Es capaz de hablar por horas y horas y de hacer soportar “el plan plantón”, como le llaman los reporteros venezolanos a la impuntualidad del mandatario.

“Manejas bien”

-“Veníamos de León, ¿verdad Daniel? Ve Daniel, tú manejas bien. Te felicito”.

Todo el auditorio a carcajadas: “Jajajajajajajajaja”. Calla el auditorio. “Yo soy el copiloto preferido de Daniel”, sigue contando.

-“Daniel venía manejando, y Rosario dándonos café”.

La gente sigue callada. Doña Rosario Murillo, a la diestra de Ortega, se pone seria. Hugo Chávez prosigue: “Veníamos comiendo tortilla y quesillo”. Calla otra vez y luego se carcajea. Este Chávez, Presidente de Venezuela, es todo un personaje.


La advertencia
-“Mira Daniel, es un peligro para la salud que me des la palabra a la hora del almuerzo”.

Todos reían al ritmo de los estómagos hambrientos. Era ya mediodía y a pesar que Chávez recordaba a cada rato que pronto se iría, no paraba de hablar. Dos horas y 15 minutos conversó con Ortega como si estuviesen en una mesa de tragos.

-“Oye Daniel, ayer yo venía viendo la televisión en tu carro. Yo soy de los Bóer, de los Indios del Bóer. Tengo una camiseta de ellos, pero si tú dices que ellos ganan y ganan, y luego pierden, pues no sé”.

Chávez aún no se había referido a los múltiples pedidos de los productores. Las necesidades son diversas: unos necesitan un balance de cadena agropecuaria, otros créditos a largo plazo; algunos condiciones óptimas para producir mejor, y los menos pedigüeños quieren vender sus productos en Venezuela.

Minutos antes, una delegación del Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep, integrada por los respectivos presidentes de las cámaras, abandonaron el lugar adonde habían sido invitados, argumentando que “ahí lo que había era un acto político”. También les incomodó la presencia de los CPC, que en opinión de los empresarios le quitaban seriedad al encuentro.

El otro estadio

Ortega escuchaba. De vez en cuando agarraba el micrófono y metía su cuchara. Le contó a Chávez la historia del nombre del estadio de Managua. Según él, a Dennis Martínez no le gusta que el estadio lleve su nombre porque está muy arruinado. “Entonces el nuevo estadio que vamos a construir, un estadio moderno, se llamará Dennis Martínez, y éste que está ahora se llamará Rigoberto López Pérez”, aseguró Ortega.

¿Explicación sacada de la manga? Está por verse. El “de cara al pueblo” que Ortega organizó con arreglos florales y grandes imágenes de los dos mandatarios sonrientes, duró cuatro horas.

En este tiempo hubo momento para todo. De repente Chávez calló a Daniel. “¿Y por qué no te callas chico?”, dijo parafraseando al Rey de España, Juan Carlos. También conversó varios minutos con el niño “Pedrito” de Ticuantepe a lo que Daniel interrumpió y dijo: “Un saludo a los pobladores de Ticuantepe. Ve Hugo, ahí producen muchas piñas”.

“No me quiero iiiirrr”

-“Oye Daniel, no me quiero iiirrrr. Cantaré aquella canción de Rocío Dúrcal: Nooo me quiierrooooo iirrrrrrrr, no me quieeero iirrr”.

Pero se fue. Antes pasó saludando a los periodistas del diario La Prensa. El vehículo de Ortega, esta vez piloteado por Chávez, iba lentísimo y custodiado por una decena de agentes de la seguridad personal del mandatario nicaragüense y otro tanto de agentes venezolanos de camisas rojas.

La gente que veía pasar a Chávez salió corriendo hacia él, quien al bajar de la Mercedes Benz se dirigió a la puerta de entrada de ese diario, donde un grupo de periodistas veía la escena. Junto a él bajó Ortega y Rosario Murillo, seguida de un grupo de periodistas de los medios oficialistas.

“No los censuran hombre”

Ahí, sin que nadie le preguntara nada, Chávez saludó y empezó a ofrecer detalles de su discurso que horas antes había dado junto a Ortega. Iba comiendo una naranja, y lucía tranquilo, serenísimo y hablaba en tono académico.

“Quiero aprovechar para una mayor apertura, una mayor comunicación, porque hay bastante bloqueo de información”, dijo Eduardo Enríquez, jefe de Redacción de La Prensa, y Ortega sin perder la risa le sale al paso: “La apertura está, lo que pasa es que nos censuran”. Y Chávez, riendo, comenta: “No los censuren hombre”.

Ortega se disculpó con el reportero Jorge Loáisiga, a quien en diciembre pasado la seguridad del mandatario lo golpeó durante un acto presidencial.




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