¿Embajador de la contra?
Stephen Kinzer* En Nicaragua, donde ahora me encuentro de visita, mucha gente parece haber olvidado la guerra civil que desgarró al país en los ochenta. Hace mucho que sandinistas y ex contras se han reconciliado. El presidente Ortega, símbolo del poder sandinista, tiene un vicepresidente que fue contra.
En Washington no sucede lo mismo. Desde figuras políticas veteranas, como el vicepresidente Cheney, hasta burócratas como Eliot Abrams, los antiguos aliados de los contras, ostentan importantes posiciones en la administración Bush. Todavía están peleando la guerra de los contras. En cada oportunidad que pueden remarcan que en aquel entonces estaban en el bando correcto.
Eso está pasando ahora, otra vez. El Departamento de Estado de EU ha informado a Nicaragua que el nuevo embajador norteamericano será Robert Callahan, quien fuera agregado de prensa en la Embajada de EU en Honduras cuando la embajada era el sistema nervioso central de la guerra de la contra.
En Honduras, Callahan sirvió como vocero y redactor de discursos para el Embajador John Negroponte. Años después, cuando Negroponte se convirtió en Director Nacional de Inteligencia, trajo a Callahan como su Director de Asuntos Públicos. Fue Negroponte, ahora Secretario de Estado Adjunto, quien armó la reciente nominación de Callahan.
Aquí en Managua, como es de esperarse, algunos se han sorprendido ante la decisión norteamericana de nombrar Embajador en Nicaragua a alguien que estuvo involucrado en batir una guerra contra el país. “Lo encuentro algo bastante extraño”, dijo Edmundo Jarquín, un economista que fue candidato de centro-izquierda en la elección presidencial de 2006. “Es muy provocativo”.
El episodio revuelve viejos recuerdos de la guerra de la contra, y los roles que Negroponte y Callahan jugaron al ayudar a organizarla.
El Presidente Reagan nombró Embajador a Negroponte en Honduras después de que el Embajador previo, Jack Binns, insistiera en enviar inconvenientes reportes sobre represión gubernamental.
Negroponte presidió la sede durante un período en el cual la ayuda militar a Honduras incrementó exponencialmente, y el país se convirtió en base clandestina para el ejército secreto de la contra.
Mientras Negroponte era Embajador en Honduras y Callahan su vocero, la Embajada no sólo negó falsamente conocimiento de las actividades de la contra, también llegó al extremo de minimizar la naturaleza represiva del régimen de Honduras. Cuando la revista The Economist publicó un artículo en 1982 sobre escuadrones de la muerte financiados por el gobierno hondureño, Negroponte escribió una carta de protesta denunciando el artículo como “simplemente falso”. El siguiente año, su informe de derechos humanos aseguraba: “El gobierno hondureño no condona ni permite con conocimiento de causa el asesinato de naturaleza política o no política.”
Cada criatura racional en Honduras sabía en aquel entonces que eso no era verdad. Años más tarde, una exhaustiva investigación del periódico Baltimore Sun confirmó que cientos de hondureños “fueron secuestrados, torturados y asesinados en los ochenta por una unidad secreta del ejército entrenada y apoyada por la Agencia Central de Inteligencia.”
En 2005, documentos sobre el período de Negroponte en Honduras fueron desclasificados. Según el New York Times, mostraban cómo “él ayudó a verbalizar un “hallazgo” secreto que autorizó apoyo para los contras, a como se conocía a los rebeldes nicaragüenses, y se reunió regularmente con oficiales del ejército hondureño para ganárselos y retener su apoyo para las operaciones encubiertas”.
Las historias de EU y Nicaragua ha estado entrelazadas desde que el Secretario de Estado Philander Knox orquestó el derrocamiento del presidente reformista José Santos Zelaya, hace 99 años. Marinos norteamericanos ocuparon Nicaragua en las décadas de los veinte y los treinta, fracasando a la hora de suprimir a los rebeldes nacionalistas liderados por Augusto C. Sandino. Después, cuando el moderno Frente Sandinista tomó el poder en 1979 y emergió como una izquierda pro-cubana, la administración Reagan pagó para crear a la contra con la esperanza de que los derrocara.
Miles murieron en uno de los últimos conflictos de la guerra fría. Muchos nicaragüenses están ávidos de olvidar esta trágica historia. Ellos entienden que, para bien y para mal, su destino está atado a los Estados Unidos. Los proyectos de ayuda norteamericana continúan aquí, a pesar de la re emergencia de Ortega como presidente. Entonces, ¿por qué Estados Unidos querría echar sal en la herida de Nicaragua al nombrar como Embajador a alguien que colaboró en uno de los conflictos más sangrientos de su historia? Robert Callahan es un diplomático experimentado, y puede ser un buen embajador en otra parte, pero ¿por qué, con los antecedentes de esta historia, enviarlo a Nicaragua?
Obviamente hay algunos en Washington que quieren seguir recordándole a Nicaragua – y especialmente al Presidente Ortega – que las memorias de la guerra contra siguen vivas. Esta nominación deja claro que Negroponte es uno de ellos. En lugar de encontrar un Embajador para Nicaragua que lleve a cabo su nombramiento con experiencia de conciliador, la administración Bush ha escogido a uno que algunos nicaragüenses verán manchado de sangre.
Publicado en The Guardian. Stephen Kinzer fue corresponsal para The New York Times en Nicaragua entre 1983 y 1987. Actualmente es profesor en NorthWestern University. Su último libro se titula: “Overthrow: America’s Century of Rgime Change, from Hawai to Iraq”
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