Accidentes y accidentalidad
Pedro Pablo Cardoza Se han vuelto noticia cotidiana en los medios de comunicación los accidentes de tránsito. Los más comunes son aquellos en los que se ven envueltos motociclistas. En este tipo de accidentes, con frecuencia y facilidad, quienes más se exponen y sufren lesiones, desmembraciones y hasta la muerte, son los conductores de motocicletas.
Un accidente de esta naturaleza es por demás lamentable, pues sus efectos son tanto físicos, como económicos. Pero mas allá de estas connotaciones, hay otros efectos que trascienden a otras esferas y tanto el que lo sufre como el que lo provoca no lo percibe.
Estoy hablando de que un accidente deja una lección que no queremos aprender ni por propia ni por ajena experiencia.
Hay lecciones que toman una tendencia peligrosa e irresponsable que muy pocas veces se asume, ya sea de forma individual, colectiva o social. El accidente de tránsito, si bien es cierto que es un hecho fortuito, otras veces es provocado por la conducta humana que por acción u omisión comete una infracción. Si esto fuera normal, no habría problema alguno.
La situación es que los accidentes se están volviendo una epidemia silenciosa, ¿o es resultado de una sociedad enferma?
Veamos la noticia. El medio de comunicación informa, se vuelve un productor de la noticia (si hubo diez accidentes, informan diez hechos noticiosos), aunque sean irrelevante. El hecho es que se expone el suceso, se grafica, se lleva en imágenes, se inventan testigos, etc.
Sin embargo, tal suceso, aparte del mensaje desgarrador que lleva, no merece de parte del medio noticioso una reflexión del hecho.
Es ahí donde observo que un accidente no provoca preocupación alguna en nadie, cuando el medio mismo debería ser en ese sentido un educador social o al menos recomendar alguna idea encaminada a la protección de la vida misma.
Los accidentes son noticia cotidiana y cada vez la accidentalidad va en aumento, no obstante a nadie le llama la atención tal índice. No hay ninguna promoción ni campaña alguna encaminada a proteger el bien más preciado que es la vida; a nadie le importa promover valores morales, cívicos, de conducta u otros. Es más fácil encontrar un anuncio o comercial de licor o cerveza que un buen mensaje cívico encaminado a evitar los accidentes.
Lo peor o peligroso en todo esto es que un accidente también destruye los valores que mencionaba anteriormente, aparte del económico.
En un accidente se exhiben otro tipo de conducta en la persona, como el cinismo, el falso testimonio y la irresponsabilidad misma.
En los accidentes de tránsito es normal que las acusaciones se crucen entre los actores, como es normal que aparezcan testigos con criterios ciertos en cuanto a la velocidad a la que transitaban los vehículos involucrados.
Con frecuencia y peor aún el cruce de acusaciones ya lleva implícito un solo propósito y es volvernos irresponsable, al extremo de mostrarnos indiferente a la vida ajena, pues no se asumen las consecuencia de las lesiones provocadas. Esta tendencia se vuelve una conducta peligrosa al atropellar a alguien y dejarlo tirado sin importar la muerte del prójimo, en casos como éstos los que corren con menos suerte son los que huyen pero se les toma el número de placa del vehículo infractor, un buen número de situaciones como éstas quedan en la impunidad. ¿es que, hasta este extremo llegaremos?
Si bien es cierto que no se puede detener un accidente ni el índice de accidentalidad, no menos cierto es que se pueden evitar y hasta reducir, pero esto depende de la voluntad de muchos actores, inclusive de los mismos conductores, quienes deberían de empezar por emplear la cortesía.
Una buena carga también la tienen instituciones como la Policía, la Alcaldía, el gobierno, por mencionar ligeramente algunos, pues económicamente éstos reciben beneficios del parque vehicular.
De las instituciones referidas, señalo particularmente a la Policía y a la Alcaldía. La Policía, porque aparte de la presencia objetiva de una Dirección de Tránsito, ésta no cumple con lo que sus mismos reglamentos y la ley 431 en los artículos 155 y siguiente le mandatan, lo que les pone en situaciones desventajosas; así como la Alcaldía misma, encargada de señalización vial y regulación de cierto sector del transporte.
Pero también hay que reconocer que en esto de los accidentes el peatón igualmente carga con cierta responsabilidad.
Pero insisto y vuelvo a la falta de valores cívicos, pues también es frecuente ver cómo peatones absortos en sus problemas, deambulan por las calles de Managua, como una especie de toreros furtivos, que con frecuencia son provocadores de accidentes, algunas veces (pocas) los accidentes con peatones aparentan un modus vivendi.
Pero para finalizar lo que queda es exhortar a todas aquellas instituciones involucradas en este fenómenos a que promuevan campañas cívicas para frenar los índices de accidentalidad, promover valores cívicos, el respeto a la vida, inculcar la responsabilidad al conducir, promover el respeto a las leyes y el amor al prójimo.
Los accidentes son terribles y nos dejan lecciones, hagamos esfuerzos por aprenderlas y que las instituciones responsablemente asuman compromisos sociales que permitan la educación social para enfrentar este fenómeno.
pedropcaredoza@yahoo.com
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