Empiezan relatos de genocidio en Guatemala Militares quemaron vivos a niños mayas
* “Vi cómo violaban a las adolescentes. Vi degollar a mujeres, colgarlas de los árboles, ahorcarlas…”, asegura sobreviviente
* Tenía 10 años cuando ocurrió la masacre, y recuerda que soldado le dio dos machetazos a bebé que indígena llevaba a la espalda
* Presenció 177 asesinatos, entre ellos los de su familia; un criminal se lo llevó a su casa y lo tuvo durante dos años de esclavo Natalia Junquera Madrid / EL PAÍS
Abandonó su aldea de la mano del hombre que había asesinado en su presencia a su familia, incluido a su hermano más pequeño, de un año. Aquel día, 13 de marzo de 1982, Jesús Tecú Osorio, superviviente del genocidio maya, presenció 177 asesinatos. Tenía 10 años.
Cuando los militares del Ejército Nacional de Guatemala y las Patrullas de Autodefensa Civil llegaron a su aldea, a Río Negro, a las seis de la mañana, ya no quedaban hombres. O los habían asesinado o habían huido. ‘Las mujeres rogaban que no las mataran, decían que ya no tenían maridos, que hicieran con ellas lo que quisieran. Nos pusieron a todos boca abajo.
“Vi cómo violaban a las adolescentes. Vi degollar a mujeres, colgarlas de los árboles, ahorcarlas. Vi cómo una de ellas se resistía, boca abajo, y cómo uno de los militares le pegaba dos machetazos al bulto que llevaba a la espalda, un bebé.
A las cuatro de la tarde sólo quedaban vivas 10 mujeres. Entonces, uno de los patrulleros me dijo: ‘Ahora no te voy a matar. Te vas a venir conmigo’. Y le seguí hasta Xococ’, relató a EL PAÍS.
Tecú vivió dos años con el asesino de su familia, que lo utilizó de ‘esclavo’, hasta que su hermano mayor, el único que había sobrevivido a la masacre, recuperó su custodia.
Años después, en 1993, Tecú llevó a juicio en Guatemala a tres de los patrulleros autores de la masacre, entre ellos a su secuestrador, que fueron condenados a 50 años de prisión. Convencido de que en su país no harán justiciaMañana declara ante el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, que investiga las matanzas y ha hecho un llamamiento mundial para perseguir a los genocidas. Tecú está convencido de que no va a ser su país el que haga justicia con el pueblo maya. Espera que lo haga España.
Juana González --nombre ficticio que escoge para la entrevista-- también busca justicia en España. Es una de las testigos protegidas que esta semana relata ante Pedraz su experiencia en el genocidio.
Los militares mataron a 253 de los 280 habitantes de su aldea el 15 de julio de 1982. Juana, de 45 años, recuerda entre lágrimas el método utilizado: ‘Metieron a toda la gente en una casa. Yo huí cerca, al monte. Vi humo. Olía mucho a quemado. Los niños gritaban. Los estaban quemando. Cuando amaneció, fui a la casa.
“Había muchísimas personas ardiendo en el fuego. Pensé que una de las mujeres llevaba la misma ropa que mi madre, pero estaba debajo de muchos cuerpos y no le podía dar la vuelta para comprobarlo’. Casi toda su familia murió en esa casa. Margarita, otra de las testigos protegidas, describe una escena casi idéntica, otro año, en otra aldea. ‘Mi familia murió en la masacre. Yo conseguí escapar, vivir, y tengo que contarlo. Hacerles justicia’.
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