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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 16 de Febrero de 2008
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Nuevo Amanecer
feb 16, 2008

El horizonte de Álvaro Urtecho


1203117722_Alvaro Urtecho leyendo.jpg

Lo conocí comiendo a la par mía y de Erick Aguirre, y otro par de escritores periodistas, ahí en medio de la acera, frente a los diarios, casi rozándonos los autos, Carretera Norte, a mediodía, ese calor, medio resguardados por un techo de zinc, con el humo de la olla y la alegría de la cocinera, en una mesa de plástico con sus sillas, improvisada, ahí, en esa comidería de paso, sopeando esa sopita con olor a marisco y especies no distinguibles, defendiéndonos contra los perros o pedinches, deleitándonos con algo muy típico: el peculiar punche, y era difícil seguirle más que el paso, o la charla erudita.

Era Álvaro Urtecho, ese de gran estatura y lento caminar, esa alma de niño, ese comilón que no se rajaba de ir a entrarle a las boquitas a cualquier parte, cuando andaba yo por ahí, a pesar de ser él exigente en las cuestiones opíparas. Sí, El Punche, que bajo ese título fuera publicado el texto en La Tribuna, al poco tiempo de mi retorno pinolero. En otra convivencia inesperada, acababa de salir otro de los números de 4OO Elefantes y al llegar por la noche a una galería casi se le van encima con reclamos a Juan Sobalvarro, menos Urtecho que se puso a charlar y darse ambos mutuamente argumentos, sobre todo Urtecho le sugería a Juan que mejor diera nombre y apellidos para no generalizar y expandir el malestar entre la poetada por sus ensayos críticos a determinada corriente literaria u óptica política, incluso cuestionaba si eran o no poetas; Urtecho aplaudía la crítica: es muy necesaria.

Celebramos varias veces, uno en restaurante snob, y venía acompañado con los chavalos que andaban al principio conmigo, entre convivios, talleres, vivencias, giras de lecturas, gente como Eunice y Chrisnell Sánchez, Ezequiel Masís, Natalia Hernández, entre otros, y el debate en toma y daca con él y se asombrara de las respuestas e interrogantes de esa camada, tanto fue el gozo, que él pagó la cena, generosamente, porque todos comimos hasta darnos agruras. No faltó al aniversario de mi grupo de Masaya, Contracara, en un hotel del rumbo, donde Walter Solís, Ulises Huete y un servidor convivimos con escritores y periodistas, aprovechando que mi padre llegara de paso antes de regresar como titular en Panamá, a la embajada, y donde se estaba tramitando que se fuera Urtecho con él como agregado cultural, pero el destino fue otro para ambos. Esa tarde fue el whisky y el chicharrón como prioridades, de refuerzo el pollito y los tamalitos de dulce o verdes, y salieron a relucir las imitaciones de gesto, manotazo y vocerío por parte de Álvaro sobre personajes bien reconocidos de la ciudadanía pinolera, porque ahí era la crítica, la burla, y bien nos sosteníamos la barriga más de cuatro panzones.

O en otra, cerca del territorio de la Chichihuehetel, la sacerdotisa del sol de lo mangues, donde le dimos duro al chicharrón y las carnitas con la grata compañía de gente de distintos canales televisivos o diarios, así como juveniles como Kenya Doña, Irving Cordero, Rudy García, conviviendo con gente como Félix Navarrete, Erick Aguirre, Cid Largaespada -y se perdió en el camino Alberto Mora-, entre otros invitados; de anfitrión mi padre. Esa tarde, a Álvaro hasta le dio por cantar.

Dio una cátedra sobre los escritores nicaragüenses de los sesenta y setenta, cuando con el Dr. Arellano organizamos el primer encuentro de jóvenes creadores y creativos, allá en el Banco Central, y apoyó las protestas de los masayas, después de leerlos, porque no estaban de acuerdo con los ganadores de ese certamen. En otra, en cierto bar juvenil, felicitaba al historiador Karlos Navarro y no era sobadita, en verdad, felicitaba a quien le daba el sudor a la escritura, a la investigación, motivando a lecturas, a la charla, a seguir la comunicata. Así era él.

Oírlo y charlar. Charlar y oír. Interrogar. Pasar de la poesía pura propuesta por Valery, al existencialismo de Camus, a la otredad de Octavio Paz y Carlos Fuentes. Filosofar. La poética filosófica: Ah los Contemporáneos como Villaurrutia y Gorostiza, aunque prefería a Pellicer. Y darle como verdadero fan a Ray Coniff, a B.B. King, Amstrong, Chopin. Siempre defendiendo su independencia, su no a la burocracia, su no a que lo encasillaran en algún bando político, de tratar de vivir como literato y nada más. Su Cantata, pero también su libro dedicado a su Rivas, sus paisajes, sus prosemas y minicuentos, y varias veces delante o no de él, comentábamos que era el poeta actual de Nicaragua. Sin duda. Hombre de carne y hueso, con virtudes y defectos. Envidiado por muchos, apreciados por otros. Era un niño, sin lugar a dudas. Un poeta, libre, libre. Mi querido amigo, un niño con recaídas, con esperanzas, sin odios, un niño solitario, un poeta puro, de juegos de imitar al otro, a sí mismo, de hurgar en el silencioso griterío del viento.

Me asombraba leerlo y releerlo y a veces notaba en las mismas sus pesadillas, sus claros oscuros, sus temblores, sobretodo las referencias a los perros, la neblina, un laberinto en el camino, un vuelo, el olor de algo, de ahí varios textos con el tono de thanathos, el terror poético dicho en sonidos rítmicos, La Larva, una especie de unicornio sin serlo, una bruma, un desear al temido mar, que contempla pero no se le arrima, la lucha de seducir o ser seducido, la letra pensativa de este rivense, el poema reflexivo o reflexionante, el interrogativo, tan sencillo de descifrar o tan difícil de desmenuzar, tan / tan/ sonar de campana en flor o metálica, dar preludio hacia dónde iba o regresaba, hacia dónde se integraría su espíritu cuestionador, hacia dónde su/ tu / horizonte:
Reclama un horizonte que no lo petrifique, una patria florida y generosa que dé amor a sus hijos, un color, un movimiento para la imaginación.

Cree que hay un lugar donde él iría, un oculto lugar en un bosque. Se siente allí, se imagina una senda esencial: una cierta vereda con muy pocas figuras en la bruma lechosa, un breve cementerio, una fronda cercana de ondulados rumores y ladridos y voces y campanas fluyendo de otros tiempos como sangre… Se sabe tenebroso, es cierto y siente como le crece por dentro la condena.



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