feb 16, 2008
La deuda pendiente con Rubén Darío
A propósito de la obra escrita por Edwin Sánchez, quien obtuvo en el año 2000 el Premio Nacional Rubén Darío. Francisco Ruiz Udiel
En el año 2000 el escritor y periodista Edwin Sánchez obtuvo el Premio Nacional Rubén Darío por un reportaje que devela las relaciones o “coincidencias” entre las historias infantiles de Rubén Darío y las referencias que hicieron de “Cien años de soledad”, una gran novela. Pero estas supuestas coincidencias no son suposiciones, sino que el periodista indaga, en su oficio también solitario como acentúa Sánchez, una verdadera investigación a través de la vida de Darío, su obra y los paralelismos con la novela de Gabriel García Márquez.
En primer lugar el reportaje cita a Alejo Carpentier, quien solía llamar a Darío “el padre del realismo mágico o lo real maravilloso”. Precisamente de 1966 a 1967 --año en que se daba el centenario del nacimiento de Darío-- Gabo termina su novela para hacer un jaque a Cien años de edad. Sólo faltaba un monosílabo para ponerle fin a su obra, y Gabo supo dónde ponerlo.
Según Edwin Sánchez, y no exento de un fino sarcasmo, interpreta a Gabo inspirándose en los momentos históricos de la vida de Darío para hilvanar su obra. Macondo es descrito como una Aldea de veinte casas de barro al igual que Metapa, el pueblecito que en la infancia tenía apenas quince casas. Otro señalamiento es sobre las pistas para escribir la novela: “Las pistas me la dieron los relatos de mi abuela”, dice Gabo al responder sobre su obra. Y precisamente Darío recuerda las anécdotas referidas por “una anciana blanca” que le contaba las historias o pistas, a como prefiera decirse.
Gabo, sin embargo, reconoce como padres literarios a Faulkner, Virginia Woolf y Sófocles, pero nunca a Darío. Realmente habría que darle los créditos correspondientes al bardo nicaragüense, insiste Sánchez, créditos por los recuerdos de su infancia, por su obra, por ser la piedra inicial de donde nace “Cien años de soledad”.
Para Sánchez, Gabo es el alquimista que trasmutó los personajes, descompuso las propiedades de la historia del bardo, las reelaboró, pero guardando su molde original, la fórmula primigenia hasta donde no se le pudiera acusar de falsificación.
¿Es un falsificador Gabo o el reportaje apunta acerca de su inteligencia para crear su novela histórica? Más bien la investigación exige declarar en las aduanas y otros órganos de control académico todo el contenido de equipaje literario, afirma Sánchez en esta meticuloso recorrido histórico. El reportaje, sin ser propagandístico ni patriótico, apunta hacia una búsqueda por las verdaderas referencias en la obra de Gabo y una búsqueda hacia el mérito imprescindible que es necesario darle al “Padre del Modernismo”.
En el libro donde se publicó el reportaje “La deuda pendiente con Darío” también se incluyó una colección de cuentos con el título de “Los ojos del enigma”. La colección inicia con “El Bambino y el General”, un cuento donde los personajes, y esto es característico en los cuentos de Edwin Sánchez, provienen de la pobreza, del trabajo, de la parte más humilde de las ciudades. Son los llamados héroes de las barriadas. El cuento se sitúa en tiempos de la dictadura Somocista. Se trata de un jugador de béisbol que resulta ser victorioso en Nicaragua al punto que toda la gente del pueblo desaparece de las calles para irlo a ver jugar.
El personaje principal del cuento “El Bambino y el General”, quien se llama Agustín Solano, tiene que enfrentar las injusticias del dictador. Agustín o Augusto César Sandino, si se nos ocurre encontrar alguna alegoría, es el hombre que vendrá a inspirar a toda una nación. En tanto, la nota informativa es el recurso cotidiano del autor y de sus personajes. La nota periodística se alza en intertextos narrados y nos dan una idea de los espacios geográficos y su temporalidad. Tiempos y lugares donde no había televisión en el país.
Algo que llama mucho la atención es el lenguaje, y me detengo en esto porque a pesar del habla de los personajes en la clase popular, el lenguaje narrado mantiene su altura y el autor aprovecha incluso para entrelazar afirmaciones filosóficas: “La vida aciaga pende siempre de existencias anteriores”, dice. Otros personajes son dominantes, pero siempre provienen del mismo sector social. “Con los ojos pone orden a los que se atreven a pisar sus verduras”, se refiere a Carmen, un personaje que vende en el Mercado Oriental.
Es como si el autor también pusiera su autoridad en el lenguaje, autoridad en la palabra y este orden se trasladara en sus ficciones: “Carmen mantenía su autoridad en aquel ambiente de feria ambulante”, describe el autor. Entre estas relaciones de personajes también hay mucha timidez, búsquedas, situaciones ridículas en círculos de poder y miradas que dicen más que las palabras, aunque las palabras ya están más que dichas y exploradas por el autor.
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