Una derecha repetitiva
Elmer Ramírez España* Una derecha repetitiva, que al parecer todavía no alcanza a establecer distancia entre lo que es el día y la noche, es la que se ve todos los días en nuestro país. Los años no pasan en vano y por ende no perdonan, de esa forma debiesen de analizarse todos aquellos que se ponen el turbante del verticalismo y la condición de no darle un sentido de cambio a su vida y pensamientos, como suele ocurrir en quienes conservan todavía los aires decimonónicos y resabios caudillescos que ya no son más que espada sin filo.
No presentan un plan mínimo de trabajo por el país, sólo se reproducen en sus anquilosadas luchas personales por hacer valer que son ellos la salvación de todos cual especie de mimetismo griego que no conjuga con los rostros del político beligerante; eso por supuesto no ayuda a que el mismo gobierno pueda tomar con sinceridad o respeto lo que ellos hacen, pues son fáciles de descifrar y difíciles de comprender.
El presidente Daniel Ortega, como todo político hábil en su entorno, responde con estrategias distintas y serán permitidas en la medida en que las consecuencias no afloren en el tiempo inmediato; él no es el culpable, pues para hacer oposición también se debe ser patriota. Palabra ésta bastante mancillada, dado que la historia señala a quienes no alzan su voz para poder establecer puntos de contactos que le den respuestas a toda esa gigantesca demanda socioeconómica.
Porque estemos claros, el gobierno no puede gobernar sin oposición y la oposición no puede existir sin su contraparte, ése es el equilibrio que se busca y se encuentra en países que denotan carácter de renovación. No se necesita ser genio, poseer un alto grado de coeficiente intelectual, o ser un exitoso banquero, lo que se requiere es ser sincero ante la nación respondiendo con la verdad y la ley en las manos, pero es difícil, pues el Sistema corroe aceleradamente al espejismo cromático de los partidos; ellos son entusiastas protagonistas de los medios, se llenan la boca hasta más no poder y cobran sigilosamente y exactamente lo que al pueblo le falta.
El divorcio con el pueblo es mayúsculo en la medida que la inflación nos presiona el zapato, pues la ciudadanía espera que los resultados sean propositivos, es decir, que se quiere ser individuo respuesta, no individuo problema, a como sucede en la mayoría de la población. Los barrios, el campo, el campesino, el niño, anciano, las mujeres, todos, desean un cambio; que el aporte sea común, sin distingos de ninguna clase, porque el estómago no sabe cuándo es de noche o cuándo es de día.
La derecha entonces ya no debe correr a buscar asilo en Las Piedrecitas, tiene que ser útil a la nación antes que al partido, debe coexistir con el pueblo, para que éste les fomente sabiduría; si no hagan un análisis del porqué el Comandante Ortega todo lo lleva al consenso de la palabra y logra el apoyo de sus bases y estas bases son populares y victoriosas
*Docente UNI
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Opinión
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