Kosovo como catalizador de la UE
Por Wolfgang Petritsch La declaración de independencia de Kosovo ha vuelto a poner sobre la mesa de Europa el tema de la estabilidad en los Balcanes occidentales. A menos que la Unión Europea actúe con rapidez, la región entera podría experimentar un retroceso, con graves consecuencias sociales, económicas y de seguridad. La UE necesita un enfoque regional integral que se centre en los pasos restantes que puedan hacer que cada país llegue a convertirse en miembro.
Los Balcanes occidentales –término usado solamente desde 1999- es la región comprendida por Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Macedonia (FYROM), Montenegro, Serbia y Kosovo, con una población total de cerca de 22 millones. Los avances económicos en la región son prometedores, ya que casi cada uno de estos países está experimentando un alto crecimiento impulsado por la creciente producción industrial y las exportaciones. La inversión interna está aumentando de manera sostenida, pues las empresas parecen creer que los desafíos restantes en materia política y de seguridad --los posibles efectos negativos tras la independencia de Kosovo y los problemas en Bosnia-- se podrán superar más temprano que tarde.
Ya se ha avanzado mucho para restablecer y mejorar las relaciones regionales. El Pacto de Estabilidad impulsado por la UE para el Sudeste europeo desde 1999 ha estimulado con éxito la cooperación internacional dentro de la región, por primera vez desde la desaparición de Yugoslavia. Han resultado beneficiados ámbitos como la energía, la infraestructura del transporte --caminos, vías férreas y vías fluviales-- y la prevención del crimen. El Pacto de Estabilidad ahora se ha transferido al control local, resurgiendo como el Consejo de Cooperación Regional basado en Sarajevo, listo para desarrollar estándares regionales y multilaterales para sus miembros.
El Tratado Centroeuropeo de Libre Comercio, recientemente reactivado, fue ideado con el fin de ser el principal motor regional para el comercio y los negocios, y adherirá a las reglas de la OMC y las obligaciones de las partes para con la UE. De manera similar, el Proceso de Cooperación del Sudeste Europeo es una de las organizaciones relativamente nuevas que ayudan a los preparativos de los países candidatos y potencialmente candidatos a ser miembros de la UE, brindando el primer espacio de debate y definición de políticas genuinamente regional donde participan tanto miembros de la UE como candidatos a formar parte de ella.
Sin embargo, estas entidades no deben considerarse como sustitutas del proceso de ampliación, que es mucho más complejo y completo, y que sólo la UE puede iniciar. No obstante, a pesar de las favorables perspectivas de la región y su tamaño relativamente pequeño, la Unión ha sido lenta en este respecto.
Ciertamente, el ritmo de acercamiento de los países candidatos a la Unión depende de la velocidad de sus reformas. Y Europa, con el vital apoyo de los Estados Unidos, trabajó duro para poner fin a la carnicería de los años 90 y, tras ello, ayudar a reconstruir los países balcánicos.
No obstante, hasta ahora la UE no ha preparado a los estados balcánicos occidentales para entrar a un proceso de ampliación, en línea con lo prometido por sus líderes en la cumbre de Tesalónica en 2003 de que se los admitiría una vez que cumplieran los estándares de la Unión.
Esa promesa no era cosa de caridad; los Balcanes aportarían valor a la UE. No hay duda de que la larga crisis interna de la UE acerca de la propuesta de Constitución fue una distracción importante que dañó la reputación de la Unión en los Balcanes. Esperemos que el nuevo Tratado de Reforma ayude a dar seguridades a los críticos y cimentar el camino para una fase de integración nueva y más sólida.
Si así no ocurre, habrá que preguntarse qué ocurrió con el espíritu europeo de los años 70 y 80, cuando países como Grecia, Portugal y España, que recién habían salido de dictaduras y desórdenes civiles, fueron bienvenidos a la comunidad europea de estados democráticos. Las decisiones políticas que se tomaron entonces fueron mucho más riesgosas que las que están en veremos para los Balcanes, y el éxito griego e ibérico demuestra lo sabias que fueron las valientes decisiones que se tomaron en aquellos días.
¿Y hoy? Los miembros más recientes de la UE, Bulgaria y Rumania, están ambos en los Balcanes y los dos son ejemplos de países con necesidades especiales. Si bien al principio la UE adoptó una actitud tal vez demasiado informal en las negociaciones para su integración como miembros, tras ellas decidió seguir monitoreándolos para asegurarse de que desarrollen los sistemas administrativos y judiciales eficaces que constituyen una obligación para que un país sea miembro de la Unión.
La UE debe aprender de esta experiencia para desarrollar una estrategia de ampliación para los Balcanes occidentales, cuyo desarrollo se ha visto demorado por un complejo proceso de transición post-conflicto. Sus necesidades especiales deberían tomarse en cuenta en cualquier nueva aproximación que adopte la UE, dándoles esperanza al tiempo que mitiga las consecuencias de Kosovo.
Acelerar el proceso de integración es algo que beneficiaría tanto a Europa como a esta región. Un proceso de ampliación con nuevos bríos contribuiría a la consolidación de la UE, tanto territorial como políticamente, al tiempo que fortalecería su papel en el área circundante: el Mediterráneo, el Oriente Próximo y alrededor del Mar Negro.
Wolfgang Petritsch es el embajador de Austria en la ONU en Ginebra, y anteriormente fue Enviado Especial de la UE para Kosovo, su Negociador en Jefe en las conversaciones de paz de Kosovo en Rambouillet y París, y Alto Representante Internacional en Bosnia y Herzegovina.
Copyright Project Syndicate, 2008.
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