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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 23 de Febrero de 2008 - Edición 9889
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El cerebro anárquico


Es el título del libro de un médico oncólogo italiano, Enzo Soresi, especialista en enfermedades pulmonares. Después de una vida dedicada al estudio científico de las enfermedades del aparato respiratorio, trata de darle un significado a la cantidad de casos seguidos que resultaban inoperables y que, a veces, superaban inexplicablemente las expectativas de la predicción. Por esto el título del libro: como cada persona en base a su propia historia reacciona a su enfermedad donde el componente emocional o ambiente relacional, tienen un peso importante para reaccionar a ella, a veces de manera imprevista por la ciencia.

De hecho, los últimos descubrimientos de la relación cuerpo-mente, a través de la nueva ciencia que se llama Psico-Neuro-Endocrino-Inmunología (PNEI), subrayan cada vez más que no podemos curar el cuerpo si no curamos también la mente. Durante todo el período de su vida fetal hasta el momento del nacimiento, el cerebro desarrolla con el organismo al cual pertenece, una relación fisiológicamente armónica a través de mensajeros neuroquímicos producidos por el sistema nervioso central y el sistema inmunitario.

Al momento del nacimiento, el impacto con los factores ambientales y las experiencias individuales, condicionan el equilibrio definitivo del cerebro y la expresión de los genes cuya premisa es recoger las sugerencias del ambiente. Por mucho tiempo se creía que el desarrollo y el funcionamiento del cerebro estaba predispuesto genéticamente; hoy día, en cambio, los estudios de la neurociencia demuestran que es la multiplicidad de los estímulos ambientales que condicionan la manera de formación de las redes neuronales. Sea en el hombre o en los animales; es prevalentemente a través de la relación con las figuras parentales, especialmente con la madre, que se tiene contacto con estos primeros estímulos ambientales en los primeros años de vida. Estudios científicos realizados en los chimpancés y en los recién nacidos, han demostrado que además de los estímulos intelectuales, son básicas las relaciones afectivas y que la falta de ellas repercuten sucesivamente en problemas de crecimiento y en disturbios del comportamiento.

En el transcurso de su vida, el cerebro sufre estrés como precio que paga en mayor o menor cantidad para alcanzar determinados objetivos en la vida. El cerebro se defiende como puede y trata, por esto, de comunicarse con todos los demás aparatos del organismo de manera armónica pero, a veces, de manera anómala, responde emitiendo neurotransmitidores que provocan en el organismo una serie de sufrimientos. En base a este razonamiento, muchas enfermedades se explican a partir de ahí.

Por esto la importancia de concebir la enfermedad, “objetivamente corporal”, unida a la parte relacional y afectiva de la persona. Es decir, dejar la dualidad cuerpo-mente (o cuerpo-alma) y ver al ser humano como un todo integrado, indivisible, donde sean unificados el Yo-psíquico con el Yo-biológico. En esta perspectiva, el Yo unificado, es el Yo del mundo de la vida. Ya durante el novecientos, una importante corriente filosófica, la denomenología, trató de superar este dualismo mente-cuerpo proponiendo su sustitución con la de cuerpo-mundo, entendiendo con esto que la experiencia humana del ser/estar en el mundo es central, y este contacto que realizamos con el mundo lo realizamos de manera específica en base a nuestras relaciones. Por esto, en la fenomenología, lo importante es la relación y el cuerpo es el lugar de nuestra relación con el espacio y el lugar de la relación con el tiempo.

En base a estas consideraciones, según el modo que cada uno ha escogido para ser/estar en el mundo, ha definido también el modo de vivir y concebir el propio pasado, presente o futuro y que puede ser fuente de malestar. Por ejemplo, al dar mucho tiempo al pasado, se corre el riesgo de entrar en depresión. El Yo del mundo de la vida debe, por esto, entrar en armonía no sólo con su propio cuerpo y su propia psique, sino también con todo lo creado que está a su alrededor y que pasa necesariamente a través de la relación.




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