mar 8, 2008
Poemas de María del Carmen Pérez Cuadra
Dos hojas que el viento
Y dijo que no tenía nada
para darme:
ni casas, ni árboles ni libros,
sólo su amor.
Yo dije:
“No trafico con palabras”.
Los días se hicieron puentes
para llegar a ese lugar
donde podía encontrarlo.
Encontré mirada objetiva,
palabra concreta,
sonrisa estudiada.
Fui feliz con el calorcito
que brota de su pecho.
Ojalá que el monstruo
que vive entre sus piernas
nunca despierte
porque entonces vamos a necesitar
casas, árboles y libros.
Miedo autobiográfico
/La poeta domesticada
Dice mi madre:
«Tu belleza se encuentra en el verdor de las aceitunas»
El espejo de la alberca en pleno verano apunta:
flequillo, aro y gelatina en un pelo negro
que bien podría ser la cola de un caballo muerto.
Rasgos de india, manos morenas y
lápiz de grafito.
Otros murmuran entre dientes:
—Una poeta con rostro de empleada doméstica
¿quién iba a decirlo?
¿Acaso no hay poesía guardada entre los trastos sucios
en el hueco de un inodoro blanco que se lava con las manos,
en los gritos cotidianos de un niño malcriado que hay que cuidar
a riesgo de ser responsable de sus desgracias?
Pero la LETRA, es lo que importa.
Mi señora se hace un blowing, se pistolea a diario
y siempre lleva el pelo suelto
tiene la piel blanca
un bello tinte rubio, un gran corazón
También hay poesía en su risa.
Yo con gusto escribiría en sus nalgas redondas y nevadas
con lápiz grande,
y por eso no dejaría de ser yo misma
–Alejandra, Alejandra, Alejandra–
la misma de siempre.
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