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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 11 de Marzo de 2008 - Edición 9906
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Ni educación ni salud ni vías de comunicación

Punta Gorda o la “tierra del olvido”

*** Solicitan zinc para techar iglesia destruida en un siglo de existencia y que sirva como escuela
*** Un médico para 72 comunidades con 45 mil habitantes
*** Trasladarse a Bluefields en una emergencia es cuestión de una fortuna para alquilar lancha

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Punta Gorda o la “tierra del olvido” - Foto
MANUEL ZAPATA/ END.- Hermosos paisajes como este amanecer se aprecian en Punta Gorda, un territorio calificado por sus habitantes como la “tierra del olvido”. Ellos demandan, entre otras cosas: salud, educación y vías de acceso para poder desarrollarse. Son 45 mil personas de 72 comunidades, abandon

Punta Gorda, RAAS
Setenta y dos comunidades con más de cuarenta y cinco mil habitantes, conforman esta localidad, calificada por algunos pobladores como “la tierra del olvido”. Y es que aquí la pobreza no se mide por la carencia de alimentos, sino por la falta de acceso a educación, salud y vías de comunicación.

En la comunidad conocida como La Barra de Punta Gorda, sitio en el cual desagua el río hacia el mar, la demanda de los pobladores es una escuela para que los 45 niños en edades de entre los 7 y los 12 años, puedan cursar al menos el primer grado.

En una carta enviada al presidente Daniel Ortega, los pobladores le solicitaron treinta láminas de zinc para techar las viejas paredes de lo que fue una iglesia, construida hace casi un siglo, a fin de opere como escuela, sin embargo, de parte de la Presidencia, no hubo una carta de respuesta, menos las tan esperadas láminas de zinc.

“En los tres gobiernos pasados y ahora con éste, hemos hecho la solicitud de la escuela porque los niños de las comunidades Barra de Punta Gorda y Pijibay no tienen una escuela, pues las que hay en las comunidades de El Campamento, Masayón y Polo de Desarrollo, distan casi siete horas en cayuco”, dijo la líder comunitaria Magdalena Herrera.

Por su parte, el señor Samuel Gregorio Herrera Hernández, representante del Consejo del Poder Ciudadano (CPC), mostró a las cámaras una bandera que le entregaron para comenzar a organizar a los pobladores, labor que ha realizado con sus propios recursos, pues nadie de Bluefields ha llegado por lo menos para reembolsarle un galón de combustible.

“Yo lo hago porque soy parte del Partido, pero me gustaría que tomando en cuenta que el gobierno ha priorizado la salud y la educación, comiencen a darse muestras en la Barra de Punta Gorda”, señaló el representante del CPC.

Educación cerca y de calidad

Pero mientras en la Barra de Punta Gorda solicitan una escuela primaria, en la comunidad de Masayón los habitantes demandan se abran más plazas para maestros de primaria, porque sólo a un maestro le paga el Ministerio de Educación, así como también urgen una secundaria, para que las niñas y adolescentes, sobre todo, puedan continuar estudiando.

Ivania Nereyda Calero tiene 14 años. Hace dos años que egresó de la escuela primaria La Perla, ubicada en la Comunidad Masayón, su papá --un comerciante local-- no permite que ella continúe sus estudios, porque dice temer por su integridad, pues el sitio más cercano para cursar la secundaria es el Polo de Desarrollo “Daniel Guido Sánchez”, ubicado a cinco horas, o El Campamento, a cuatro horas en lancha.

“Yo sé que es importante que estudie, por eso me vine de más adentro de la montaña cuando ella tenía dos años, para que estudiara, porque yo no pude hacerlo, pero ella está muy pequeña y es riesgoso, porque aquí a las muchachas las persiguen, no las dejan crecer, son muchos los lobos, y yo quiero lo mejor para ella”, dijo el padre de la adolescente.

El caso de Ivania Nereyda no es único. Muchos padres sólo envían a continuar estudios a sus hijos, porque suponen que hay menos riesgos para ellos al estar solos, durante una semana al mes en la secundaria de la comunidad del Polo de Desarrollo, o dos días a la quincena en la secundaria de El Campamento, algo que destacan no ocurriría con sus hijas, porque en la zona son muy frecuentes las violaciones, y como la justicia está lejana, el “daño” a las niñas sólo lo evitan no alejándolas de la protección familiar.

Por su parte, Norwin Mayorga Martínez, maestro de Física y Matemáticas, reconoció que la educación por encuentro crea vacíos en los estudiantes de las comunidades respecto de los estudiantes de Bluefields, razón por la cual cuando el joven llega de las comunidades no se le exige un gran promedio, sino un aprobado con una calificación de 60 puntos.

“Son pocos los que van a clases de forma constante, fallan, y eso no ayuda a cumplir con el plan de estudios anual, pero se valora el esfuerzo”, dijo el profesor. Es importante destacar que este año se realizará la primera graduación de secundaria en Punta Gorda.

Un médico

El único médico para los 45 mil habitantes de las 72 comunidades, es el doctor Fernando Alemán, quien en pocas semanas terminará su año de servicio. Él, junto a dos enfermeros, atiende de lunes a sábado durante doce horas al día, a todos los que se presentan al puesto de Salud, con problemas gastrointestinales, respiratorios, controles prenatales, partos y leishmaniasis o lepra de montaña.

“Nosotros nos apoyamos en las comunidades de más adentro en los brigadistas de Salud locales, las mujeres normalmente se atienden con parteras, y sólo cuando es algo que en la casa no pueden remediar se presentan al Centro de Salud, por lo general la gente usa muchos remedios caseros, pero los problemas gastrointestinales son causados por el agua que no recibe ningún tratamiento, aquí en invierno el agua que se consume es de lluvia, porque el agua de los pozos y del río está puro lodo y es café”, dijo el doctor Alemán.

En cuanto a los casos de leishmaniasis o lepra de montaña, el doctor Alemán declaró que si bien hay una gran cantidad, los mismos no pueden ser incluidos en el registro, porque las personas se tratan las llagas con remedios caseros en sus hogares, y al hacerse los exámenes en el puesto de Salud, los resultados son negativos.

El día de comercio

Cada semana, en la comunidad Polo de Desarrollo se comercializan entre 700 y mil quinientas libras de queso elaboradas por los finqueros de la zona. Este queso, así como el ganado en pie que se vende, sale por una trocha de verano hacia Nueva Guinea, de donde se dirige a los principales mercados del país.

Los propietarios de los negocios locales realizan una travesía de tres días hasta Managua, para poder tener surtidas el jueves --cuando los productores bajan a comercializar el queso-- sus pequeñas ventas.

“Yo salgo a las cinco de la mañana en una lancha hasta Puerto Príncipe, llegó allá a las once de la mañana, de allí en un camión me voy a Nueva Guinea como tres horas más, y salgo en el último bus que llega a Managua. En la mañana del día siguiente hago las compras, y a las ocho sale el bus de regreso a Nueva Guinea, llega el tercer día, me subo al camión tres horas de regreso si no hay pegaderos hasta Puerto Príncipe, a tomar mi lancha de regreso a la casa”, explicó una comerciante.

Pero esta travesía se hace cuando se está sano, en caso contrario una persona no la soportaría.

Transporte

Otra demanda de los pobladores de Punta Gorda son caminos de acceso a las comunidades y medios de transporte terrestre y acuático, sobre todo para casos de emergencia.

El representante de la Alcaldía de Bluefields, Alfonso Aguilar Lazo, manifestó que el Ministerio de Salud de la cabecera municipal, tiene dispuesta una lancha para atender las emergencias, pero la misma no ha llegado nunca a Punta Gorda a ayudar a algún paciente por la riesgosa entrada en la Barra, y en otras ocasiones por la carencia de combustible.

“La Barra es peligrosa, muchas lanchas yacen en esas aguas porque se volcaron y dejaron luto en las familias de la localidad, nosotros preferimos no llamar para que vengan por los enfermos, porque una persona grave o una mujer con un mal parto no soportaría las casi cinco horas de espera y cinco horas de viaje hasta Bluefields en medio de saltos, golpes y humedad”, dijo el alcaldito Aguilar Lazo.

Si una familia quisiera sacar por algún medio a un familiar enfermo, el costo de alquiler de una lancha oscila entre los 25 y 30 mil córdobas, de forma que una gravedad en estos lares es una condena a muerte.

RECUADRO
¿Y nuestros derechos?
La mayoría de los habitantes de Punta Gorda son colonos mestizos que se asentaron al concluir el período de guerra en 1990. Llegaron hasta este lugar desde sitios como Masaya, Muelle de los Bueyes, Rivas y el Triángulo Minero, mientras combatían como parte del Ejército o de la Contra. Al concluir la fase bélica se quedaron o retornaron a este lugar con la esperanza de cultivar la tierra y enterrar las armas.

La polarización política en este lugar es evidente, lo que preocupa a las autoridades edilicias, pues durante los comicios siempre los ánimos se caldean, y al haber muchas armas en poder de la población, hay más de un deceso en el período electoral.

“Sólo tenemos ocho oficiales de Policía para las setenta y dos comunidades, y es algo imposible de controlar, porque aquí la población tiene armas cortas para proteger sus propiedades, y lo único que podemos hacer es un llamado a la calma y esperar que dejen de pasar las balas”, dijo el alcaldito.

Otra preocupación notoria entre la población de Punta Gorda --que carece de agua potable y de energía eléctrica-- es la instauración de los derechos de los pueblos indígenas sobre estos territorios, porque alegan que ellos también son nicaragüenses, han preparado la tierra y les parece insólito que con la demarcación territorial deban salir de sus hogares.

“Ellos como indígenas tienen derechos, pero nosotros también porque somos nicaragüenses, estamos haciendo nuestra vida aquí y nadie nos va a venir a sacar”, coincidieron varios pobladores.




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