Héroes de factoría en una ciudad extraviada
Ana Victoria Borge Medina I
La loca, el 6% y la Zona Franca Por una de esas crueles ironías del destino crucé nuevamente mi camino con una extraña señora, de esas que cualquier persona en sano juicio querría a toda costa evitar encontrarse con ella más de dos veces en su vida. No es que fuera una pesada, el asunto con ella es que después de escucharla por más de dos minutos una ya se siente desconectada de este mundo. Recuerdo que la primera vez que nos cruzamos casi le supliqué que se marchara.
Aquel día llegó desesperada al portón de la Universidad a pedirme ayuda, pues venía la pobre con los ojos inflamados y enrojecidos por los gases lacrimógenos. Pase señora, pase, tome agua. No había traspasado el portón central cuando empezó con aquella interminable plática: vea hijita- me decía- si estos chavalos (los estudiantes) supieran lo que es correr en desbandada con el corazón a punto de reventar del ahogo después de haber pasado más de 12 horas frente a una máquina de planchar, le aseguro que ni siquiera tendrían fuerza para sostener un mortero. Solo imagínese –prosiguió-- la desesperación que pasó aquella pobre gente que corría sin rumbo con sus perros, chanchos, gallinas y chigüines el día que se desbordó esa peste- señalaba en dirección al lago- mientras mojaba su enrojecida cara como una autómata.
Por la conversación imaginé enseguida que aquella alocada señora trabajaba en Zona Franca, mientras la escuchaba y le daba bicarbonato, un pañuelo mojado y varias tapas de limón aproveché para preguntarle: -Señora, ¿usted trabaja en la Zona Franca?- Porque no entiendo qué tiene que ver la Zona Franca con la huelga, y menos aun con la gente de Acahualinca -¿Ah no?- me respondió enseguida- Entonces explíqueme ¿qué es lo que significan esas huellas? -¿Cuáles huellas?- le corté desconcertada- ¿Usted cree que esa gente que dejó marcada sus patitas en ese lodo era del volcán que se corrían? – Me respondió con otra pregunta - Eso es lo que les han contado a ustedes, pero yo le digo a usted que no.
Por alguna razón, aquella señora, con todo y sus locuras no lograba sacarme de mis casillas. Entre el humo de los morteros, los lacrimógenos y las balas de goma decidí acomodarme como pude entre los matorrales de aquel predio montoso donde nos tenían arrinconados los antimotines aquel interminable día de huelga universitaria.
Mientras la mujer hablaba y hablaba de mil cosas sin sentido aparente, empecé a pensar en las cosas que decía sobre la gente atrapada en el lodo (¿?) - ¿Por qué dice usted que la gente quedó atrapada entre el lodo? – Le corté de repente la plática- ¿Cuál lodo? – Me miró como si yo fuera la desquiciada-¿Es que usted cree realmente que aquellas huellas eran del fuego del volcán? – Usted está loca- reafirmó, tras la expresión de su mirada- y entonces ¿qué fue lo que las atrapó? – Le corté – Pues esa pobre gente se quedó pegada en mierda, fue el lago de mierda el que se desbordó e inundó Managua. – Que vieja más loca- pensé - En eso se nos acercó un chavalo del barrio El Rodeo, de esos que siempre que había huelga sacaban sus morteros y buscaban la mejor posición al lado de los universitarios. No le haga caso a esa vieja doñita- me dijo el chavalo- esa se quedó arriba de los palos --dicen que le hizo daño estar encerrada todo el día allí en la Zona.
II
¿Managua postmoderna?- y el Bobotombo-
Queramos o no, somos parte de una generación de ciudadanos apertrechados de herramientas cada vez más modernas, cual si fueran armas de destrucción individual preparando una conspiración para el exterminio de las masas de una ciudad de hombres y mujeres sedientos y hambrientos, porque se han quedado infértiles los vientres que incuban los héroes de carne y hueso.
Esas herramientas sin alma fueron elaboradas por manos rudimentarias en zonas francas cuyos dueños con mentes contaminadas de primer mundo pretenden suplantar las carencias afectivas y la creciente falta de comunicación verbal de una inventada clase media que surgió de pronto de la nada en una ciudad que una vez fue una ciudad.
Estamos aquí ahora, habitando una ciudad construida a los pies de un “Bobo-tombo” que hizo erupción derramando lagos de basura que arrasó a su paso a toda una clase media que en realidad no existe, porque los otros, quienes fabrican nintendos en cuarteles amurallados donde cohabitan como inertes 15 mil almas desesperadas, esos ni siquiera protestan, porque han convivido pacíficamente por más de cien años con las huellas de Acahualinca.
Despertar en Managua es como el amanecer de un sábado en el submundo de zonas francas, admirando pasarelas de bares, burdeles y casinos improvisados con parejas también improvisadas, acompañados hasta el final por una subasta de sonidos que reproducen los ruidos incomprensible de un carnaval de ritmos, bordeados por una enorme muralla que resguarda la quietud y la dulce privacidad inaccesible de los capataces modernos.
Regresan corriendo los posantes de Managua los sábados en la mañana, desesperados, sin un quinto en la bolsa. Regresan a sus moradas construidas con los restos de desechos de quienes se expresan libremente en los medios, pues de pronto vulneran su derecho a descansar sin olores putrefactos en las casitas que construyeron violentando otros desechos humanos.
Repasan los subciudadanos una y otra vez aquellas huellas imborrables, como para no olvidarse jamás que la historia se repite.
Amanece entre las brumas inexistentes de la mañana, para una ciudad que ofrece a sus habitantes toda clase de ambientes según su poder adquisitivo. Todo está cerca y nada está lejos para quien puede levantar su imperio sobre Managua, la ciudad que nunca duerme y que no deja dormir a sus gentes, que han llegado de todas partes y de ninguna pidiendo posada en el mismísimo nombre del infierno.
Managua, la ciudad que alardea de concentrar la mayor parte de la población económicamente activa del país, con tanta diversidad y desigualdad como para ser inviable a la inversión extrajera; pero desde las Colinas, Los Altos y el fresco clima de El Crucero se puede perfectamente decidir el destino del país o adquirir las mejores tierras en la mejor propiedad al más bajo precio del mercado mundial de bienes raíces.
III
Xolotl: Héroe y Alcalde
Xólotl (el perro de agua), el rey de los Zopilotes, fue el verdadero culpable de que el lago se rebasara, como dijo la vieja. Este temible guerrero pareció concebir en visiones futuristas que al borde del lago Xolotl-an (quizás como otra negra profecía que inspirara su nombre) se construiría una ciudad de mentira que reclama desesperada que le fabriquen un héroe .
Xólotl, oscura divinidad, destinado por castigo infinito a transportar las almas pecadoras de nuestros ancestros por el putrefacto camino hacia el infierno, quizás habita aun en las profundidades del lago que cada día le rinde tributo. Xolotl-an: todavía habita en vos convertido en ave oscura, en rapiña, todavía vive por encima de las aguas dirigiendo las labores de rescate de la ciudad prometida, aun esta aquí Xólotl, viejo perro de agua.
Managua y Xólotl el que nada por las noches al infierno, cohabitan todavía, convirtiendo la ciudad en vertedero de guerreros de mentira que se disputan a muerte esa cantidad importante de ciudadanos que deciden si se van o se quedan, o les convierten en héroes y de pronto se vuelven buenos si pasan al otro lado, cosa difícil de conseguir en tiempos dorados para unos cuantos y oscuros para muchos.
Esta ciudad desordenada y sucia solicita con urgencia que le fabriquen un héroe, mientras Xólotl dirige el destino de Managua y se erige imponente entre cerros de basura, porque allí es el único rey. Quien desee gobernar por un tiempo esta ciudad de mentira debe inmisericordemente gobernar en armonía con Xólotl. El rey de los Zopilotes intenta con timidez inusual demostrarle a la gente posante de esta ciudad de cuarterías que los héroes que se inventan no son los buenos de ahora. ¿Pero qué clase de héroes necesita esta ciudad? ¿Es que acaso es necesario caminar sobre el lago putrefacto para llegar a la otra orilla?
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Opinión
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