Una Educación amante de la tierra y de su atmósfera
Rafael Lucio Gil La Educación del país representa la mejor oportunidad para hacer extensivas las intencionalidades del desarrollo. Su tendido nacional la posiciona como la mejor estructura organizada y con potencialidades para multiplicar valores, cultura, conocimientos y aprendizajes en los educandos, sus familias y entornos comunitarios. Esta oportunidad es desaprovechada por distintas razones, lo que ha privado a la nación de la riqueza que debe proporcionar una educación amable con la tierra y su atmósfera.
Una de las razones claves es que la educación aún no ha logrado desarrollar una visión estratégica intersectorial en conexión profunda con los contextos de pobreza, planes de desarrollo municipales y comunitarios; acciones dirigidas a sostener una relación amigable con la tierra, el ambiente y la conciencia de utilizar energías sanas sostenibles; acciones que no contribuyan al calentamiento global, así como la gestión sostenible de riesgos. Tal pareciera que la educación está referenciada a sí misma y no a la sociedad, en tanto los saberes que difunde (basta analizar los textos que tienen a su alcance los maestros y maestras), se empeñan en transmitir gran cantidad de conocimientos que, en su mayoría, fueron desarrollados hasta el siglo 18 y parte del 19, pero casi invisibilizan aquellos surgidos en los últimos siglos. Los conocimientos que se enseñan en Física, Química, Biología y disciplinas afines, poco tienen que ver con la problemática que hoy vive el planeta y que cada día se expresa más angustiosamente en el país. Es cierto que hay conocimientos clásicos que siguen siendo válidos, pero también lo es que los modelos teóricos clásicos utilizados para analizar los fenómenos de este siglo, han sufrido notables cambios al no explicarlos con éxito. Con esta visión interdisciplinaria, cabe la afirmación de Edgar Morin cuando expresa que “es necesario revolucionar el pensamiento”.
Llama poderosamente la atención que los programas de primaria y secundaria muy poco se refieren a fenómenos y teorías que permitan comprender, de forma sencilla, los problemas que hoy ya sufrimos y ante los cuales mostramos tan poca sensibilidad; tal realidad hace dudar de la posibilidad que nuestros descendientes cuenten con una tierra, un país, un ambiente y una atmósfera con mejor calidad de vida que la nuestra. Si nos referimos a los problemas de la basura, la limpieza, el cuidado de la naturaleza y la higiene, aún los centros escolares distan mucho de ser espacios modelizadores de un cambio de actitud. Así, difícilmente los educandos se motivarán a influir en sus entornos familiares, si en la escuela no han vivenciado el amor por la tierra, por la calidad de vida y por un futuro sostenible.
Dentro de esta misma lógica, temas muy preocupantes a nivel mundial ni siquiera han ingresado en los contenidos curriculares. El Cambio Climático, con sus severas amenazas evidentes, fruto de la emisión de gases no controlados atrapados en la atmósfera, con efecto invernadero, aún suena como tema del que la educación se ha desmarcado. Las emisiones de dióxido de carbono por combustión de hidrocarburos fósiles, y los efectos de la deforestación con grandes emisiones de dióxido de carbono, son captados en gran medida por los océanos, la biosfera, los suelos, ingresando la mayor parte a la atmósfera, sobrepasando de forma anómala su concentración en los últimos años. Los clorofluorocarbonados que emiten aparatos de aire acondicionado, los aerosoles, el metano, la quema de material vegetal en la deforestación (todos los años, en esta época, el país se incendia por doquier para “preparar” la tierra para las lluvias), contribuyen a este mismo efecto. Su acumulación en la atmósfera está creciendo de forma alarmante, siendo su tiempo de vida muy prolongado. Por su causa, en los últimos 150 años, la temperatura de la tierra aumentó en 0.6º C, lo que es grave tomando en cuenta que se trata del promedio de todo el planeta. Sus consecuencias alarmantes se sienten en el mundo, en el país y amenazan con recrudecerse.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en el que han participado centenares de científicos de todo el mundo, ha estudiado en su Primer Panel el Cambio Climático en sí, en el Segundo Panel los impactos del Cambio Climático, y en el Tercer Panel las políticas del Cambio Climático. El Informe Mundial de Desarrollo Humano 2007-2008 enfoca también el mismo tema, en un gran esfuerzo por sensibilizar a los gobiernos y países.. Éstos y otros esfuerzos representan el consenso mundial a favor de acciones en los países que logren modificar la cultura existente en torno al tema. En Nicaragua también se hacen pequeños esfuerzos, particularmente en estas fechas, como la Feria de la Tierra; no obstante cabe preguntarnos, ¿cómo incluir un tema tratado hasta ahora de manera coyuntural en la agenda nacional?
Estamos a tiempo para incluir estas temáticas como ejes transversales visibilizados en el currículum, ahora que se están sistematizando los aportes de la sociedad obtenidos en la gran consulta curricular realizada. La urgencia de incluir en los nuevos currículos la temática ambiental, con sus diversos temas de interés para el país, es muy grande. La actualización de temas de interés científico para la viabilidad presente y futura del país es impostergable para que los jóvenes se motiven a aprender aquello que toca directamente con la calidad de vida de la población. Por ahora, los ambientes educativos navegan en dos mundos que no se encuentran: un mundo incomprensible de contenidos de enseñanza atrofiados y desactualizados, y el mundo de los intereses de niños y jóvenes a los que se les niegan contenidos vitales en los que tendrían mayor interés. Pero un cambio curricular profundo no es suficiente si no va acompañado de cambios radicales en el enfoque y contenidos de la formación inicial y permanente del profesorado en estas temáticas; urge encontrar el eslabón perdido entre los nuevos contenidos educativos y la formación docente. La formación que ofrezcan las Escuelas Normales y las Facultades de Educación, requiere de ellas un cambio profundo en contenidos y actitudes amigables con la tierra. Tal es la misión por excelencia de la educación. Se trata de la clave que hará posible el futuro.
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