Gajes de la profesión legal
Sergio Torrescruz Cualquier parecido con casos, cosas o personas naturales o jurídicas, es pura coincidencia, o una copia disfrazada de la verdad
4.- ROSELIA Y LOS CABALLEROS DEL FORO
Sosteníamos a la niña frente a la fuente bautismal. El sacerdote con sus galas de ocasión y los padres, compadres, familiares y amigos circundando la pila para aquel evento de iniciación en la Iglesia Santa Teresa, de Carazo.
Oswaldo Ortega Reyes, feliz padre de Roselia, ahora en la mayor edad, profesional y en tierra firme americana, resultó la más agraciada de mis ahijadas, y su padre, mi más querido compadre ante Dios y los hombres. Ambos ocupamos cargos judiciales en Managua y desarrollamos una amistad que se prolonga ahora por más de tres décadas, y para la Iglesia hasta que la muerte del ahijado o de los compadres nos separe. Pero en aquella ocasión, no pensamos llegar a recorrer o recordar tanto. Antes del almuerzo que siguió al bautizo siguieron llegando más amigos a la casa y sin enterarnos, se formaron dos bandos sobre una discusión cuyo origen no conocimos, hasta que el Negro Betanco nos puso al corriente: En el juzgado del Juez Feliz Trago, como a sus espaldas llamábamos a uno de nuestros colegas jueces, serio y honesto de Managua, se enfrentaban ante un tribunal de jurados los doctores Raimundo Romero Chávez y Róger Robleto Cajina, con intervención del Procurador Fletes ¿A quién vas vos? Preguntó el también Juez Guillermo Betanco.
Ambos contendientes, ahora difuntos, eran eminentes abogados, de gran oratoria, estatura, moralidad y fuerte personalidad. Don Raimundo Romero había sido profesor de la Universidad de Salamanca y compartido cátedra con José Antón Oncea. Tenía fama de gran jurisconsulto a pesar de no estudiar los expedientes de las causas que llevaba a juicio. Esa mañana llegó a la audiencia y empezó su discurso con la elocuencia que le era propia, por desgracia, todos los argumentos que esgrimía eran dirigidos contra su defendida. El Dr. Robleto, que defendía también en el juicio al esposo de la representada por Romero, y el Procurador intentaron por todos los medios atraer la atención de Romero para hacerle ver el error que estaba cometiendo, pero el orador no se dio por aludido. Finalmente el Procurador pasó una nota a Robleto que compartía la mesa de la defensa con Romero y éste se la mostró discretamente al orador en un descuido breve. Romero vio la nota y con un gesto de quitarse un cabello del hombro de su camisa guayabera continúo su carga. Cuando consideró agotados los argumentos contra su cliente, dio la espalda al jurado por única vez y dijo en vos más audible al Procurador y al otro defensor: ─ ¿No eran éstos los cuentos chinos que querías hacerle creer Ustedes honorables colegas del foro al honorable jurado? Pues bien –agregó- dirigiéndose al jurado, ya escucharon vehementes historias sin fundamentos sobre este caso, pero la verdad… -la verdad, repitió- es más simple: Y soltó una magistral pieza destruyendo uno por uno y todos los argumentos que había expuesto tan vehementemente antes.
Robletón, con su parecido al gran tenor Luciano Pavarotti, miró la luz al final del túnel y el silencio. No hizo uso del derecho a la palabra, y dejó el turno al Procurador, representante del estado y de la parte contraria, pero éste estaba petrificado y estupefacto, se dio cuenta de que ya no había nada más que hacer, y no valía la pena repetir lo dicho por el jurisconsulto despistado, y se quedó sentado en silencio, guardando sus papeles en el cartapacio para abandonar la sala.
Los defensores liberaron a sus clientes, no había razón para continuar ninguna discusión, mientras celebrábamos en Carazo la liberación del alma de una niña en las manos del Creador, para que guiara sus pasos en busca de su luz. 5.- NADIE DA LO QUE NO TIENE.En la mediación de un juicio laboral, el Dr. Rodolfo Lacayo representaba a los trabajadores de la INCA, y el Dr. José Tijerino a la empresa. Lacayo empezó exigiendo una indemnización de 40 mil córdobas para cada trabajador despedido sin causa, y la contraoferta de Tijerino sólo alcanzó los 20 mil córdobas, el mediador intervino para sugerir que se partiera la diferencia y se arreglara ahí mismo el asunto, pero el Dr. Tijerino con un gesto característico de la mejor escuela leonesa de estudio de los orígenes griegos y latinos del derecho, expresó a su colega y contraparte de Managua: “NEMO DAT QUOD NON HABET”
La repuesta del Dr. Lacayo fue inmediata:
No jodás…. Yo no hablo inglés.
Aunque al final terminaron arreglándose en dólares.6.- LA DAMA DE HIERROLos abogados conocemos, como cualquier otro profesional y funcionario público, los artilugios, artes, mañas y manipulaciones que se les presentan en su quehacer cotidiano. El Maestro Rafael Ortega Aguilar, nunca se cansó de repetir y recordar a varias generaciones de abogados las palabras de “Alfonso X El Sabio”: Con su vos característica acotaba: “Muchachos: No sólo hay que tener el derecho. Hay que saberlo pedir, y lo más importante; Que te lo quieran dar”. A veces es posible aceitar la balanza de mecates de la justicia criolla con algunas dosis de zalamería, o algún cariñito discreto y a tiempo, pero eso requiere mucho tacto y calcular bien los riesgos, los gastos y los beneficios, pues con jueces probos e íntegros (algunos quedan) puede resultar peligroso.
Un joven soviético empresario hotelero, muy hábil en estas prácticas, había regalado al presidente de la republica un lujoso anillo de oro valorado en varios miles de dólares, y el ahora ex mandatario agradeció el regalo invitando al halagador a varias reuniones de negocio donde resultó ampliamente recompensado.
Para esa misma época ejercía como juez una excelente y bien reputada abogada a quien por su rectitud dimos en llamar DAMA DE HIERRO, por su carácter estricto, incorruptible, ajeno al soborno y con poca tolerancia para los errores de los litigantes. Ésta debía juzgar un asunto entre el hotelero y un constructor. El hotelero calculando que podía perder el caso le preguntó a su abogado si era posible darle una aceitadita a la judicial, se refería por supuesto a ofrecerle o darle algún regalo. El abogado se rió con la ocurrencia del chelito hotelero:
--Estás loco, - le dijo – a esa juez no la maycias como a las gallinas, te manda a La Modelo con sólo que lo intentés – le advirtió el abogado.Sorprendentemente el rusito ganó el pleito: --¿Y ahora? --se jactaba el hotelero- . Si no ha sido por los quintales de maíz, esa gallina no pone el huevo.-Cómo hiciste –Quiso saber el abogado.-Fácil – respondió el rusito-, le envié veinte quintales de maíz picado a su finca en una camioneta rotulada que llevó uno de mis empleados con un chofer de la empresa constructora de mi contraparte. Me salió barata la payana.
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